Guadalupe siguió a Michael, pero él no quiso regresar a la sala de computadora donde casi tiene sexo con ella, la llevó a su habitación y allí estaba su hermano que sonrió al verla.
—Te estaba esperando para que juguemos con la consola —el niño de 13 años emocionado miró a Michael—. ¿Michael quieres jugar?
Michael con eso fue más consciente de que ella era una niña y peor se sintió, negó con la cabeza.
—Por favor Pedro, déjame sola con Michael.
Pedro se levantó y al ver la mirada nerviosa de Guadalupe cuadró los hombros.
— ¿Qué te pasa Guadalupe?
—Nada, solo sal de aquí, ve a estudiar que la Rebeka te hará un examen de matemática.
—Yo no quiero hacer ningún examen…
—Sal de aquí Pedro, si te vas a quedar por aquí debes tener disciplina y hacer lo que se te ordene —espetó Michael con voz de mando para educar al joven rebelde.
—Tú no eres nada mío —le retó el niño.
—¡Es suficiente!, solo vete Pedro, en un momento te alcanzo —intervino Guadalupe.
El niño salió mirando a Michael con actitud desafiante y cerró de un portazo.
—No puedes tratar a mi hermano así.
—Él debe tener disciplina…
—Puedes exigirle disciplina si le demuestras que te importa lo que será de él.
—Claro que me importa, Guadalupe, ambos lo hacen.
— ¿Es en serio? Ese niño te admira y respeta, pero no has tenido cinco minutos para dedicarle y eso que te busca porque te tenía confianza, pero lo ignoras, al igual que todas las veces que me ofrecí a ti.
Michael de nuevo se sintió muy mal consigo mismo.
—Guadalupe, tienes razón, soy un cascarón vacío y no es justo…
—Aceptaré el trabajo con Alessandro.
Michael quiso objetar, pero apretó los labios, sin embargo, no resistió decir:
—Supongo que te gusta Alessandro.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Guadalupe de mala gana y Michael sintió vergüenza…
—Es decir, él es un hombre de buen ver…
—Y yo una puta, ¿eso es lo que piensas?
—No dije eso…
—No te preocupes, no es la primera vez que lo oigo.
Guadalupe quiso salir de la habitación y Michael la tomó del codo.
—Sabes que no es lo que quise decir…
—No, no lo sé Michael, tienes razón, no eres la misma persona de la que me enamoré.
Michael la soltó, pero antes de que se fuera tuvo que decir:
—De verdad quería intentarlo, pero todo está en nuestra contra.
—No se te ocurra darme explicaciones, no me las debes…
—Guadalupe, ni siquiera tienes cumplidos los 18 años, me mentiste, eres una niña...
—Y tú tienes 26 ¿Cuál es el problema? Cuando yo tenga 22 y tú 29 ni siquiera se notará.
—Yo tendría 30…
—Sí, ya lo sé, soy una burra, no tienes que andar siempre corrigiendo, ni siquiera tendrás que verme.
Guadalupe se iba a ir y él de nuevo la detuvo con sus palabras.
—Pensé que me entendías, pero solo gané tu resentimiento.
—Estaba conforme con perderte, pero me humillaste delante de todos al decir que me quieres lejos de ti, si de verdad no te importo ignorame y ya…
—Es que no te das cuenta que sí me importas.
Guadalupe calló y desvió la mirada cuando una lágrima salió de uno de sus ojos.
—Ya no te daré más problemas.
Guadalupe salió y regresó al grupo y le dijo a Alessandro que trabajaría con él y Alessandro contestó que partirían a Grecia.
Michael escuchó desde lejos e ignoró el vacío que sintió al escuchar que Guadalupe se iría tan lejos, la culpa, el dolor y la preocupación por Victoria era tan grande que opacaba cualquier otro sentimiento que hubiera desarrollado ahora.
Stefan habló con las chicas sin que estas pudieran ver su rostro, de manera brusca les indicaba el tratamiento al que se iban a someter y por más que Victoria quería expresarles su apoyo y darles a entender que estaban seguras, poco podía hacer. Así que se encargó de la logística y lo que podrían hacer las chicas al salir de la clínica.
Cuando terminaron caía una tormenta y era bastante tarde.
A Victoria le ofrecieron la habitación donde se quedó cuando recibió tratamiento, se iba a quitar la ropa cuando escuchó la puerta abrirse.
Sorprendida vio que era Stefan.
Venía calado hasta los huesos.
—Pensé que esta era la habitación que me habían asignado —la luz hizo un fallo y después de un enorme trueno quedaron a oscuras por un apagón.
— ¡Ste…! —Victoria calló y ya él estaba junto a ella—. Casi te llamo por tu nombre —susurró contra él.
No podía verlo, así que cuando sintió la mano de él fría y mojada subir por su espalda debajo de su camisa se sintió estremecer y su centro palpitar.
—No me digas que le tienes miedo a la oscuridad.
—No es eso… Bueno solo te quería decir que no tenías que irte, yo puedo pedir otra habitación.
—O podríamos dormir juntos.
— ¿No hay generador de emergencia? —Preguntó Victoria cambiando el tema y Stefan dio dos pasos atrás.
—Sí lo hay, por alguna razón no se activó automáticamente, tendré que ir…
Victoria lo logró agarrar por la camisa.
—No tienes nada de luz para guiarte, deja que alguien más se encargue.
—Está bien…
Victoria regresó a la cama y escuchó el sonido de él deshaciéndose de su ropa mojada, sintió el peso de él acostándose en la cama junto a ella que estaba sentada.
—Dónde estabas.
—Había ido al jardín para hablar con Ivo cuando me sorprendió el aguacero.
— ¿Tu socio te daba detalles de la operación?
—Quítate la ropa, Victoria.
Victoria se echó a reír.
—El hecho de que no me guste estar sola en la oscuridad no quiere decir que…
—Es tarde y debemos dormir.
—No pienso tener sexo contigo.
—Cuando tengamos sexo yo te desnudaré y tú a mí, también quisiera verte.
Victoria se quedó en ropa interior y se acostó mirando el techo, aunque en realidad no veía nada.
—En mi habitación no podía faltar una lámpara nocturna, cuando era niña tenía muchas pesadillas y mi papá me compró una lámpara que era un carrusel de luces de colores que reflejaban el techo de mi habitación con muchas estrellas —Victoria hizo una pausa—. Es un buen recuerdo con mi padre, creo que la única vez que se preocupó por una necesidad mía, es decir, yo lo tenía todo, pero nunca fui más importante que sus negocios.
—Mi papá me regaló una espada de madera —ambos sonrieron.
—No entiendo en que se asemeja —ironizó Victoria.
Stefan también miró al techo.
—También tenía pánico nocturno, creía que dentro de mi closet habían monstruos, entonces mi padre me dio una espada de madera que él mismo talló y me llevó al closet una noche antes de dormir; me dijo que apuñalara la ropa.
— ¿Cómo? —Preguntó Victoria anonadada.
—Ya sabes, para que matara a los monstruos que se escondían detrás de mi ropa.
—Creo que es algo bizarro.
—A mí me funcionó —dijo Stefan subiendo un hombro—. De hecho después pasaba a la habitación de Stoyan con mi espada y apuñalaba su ropa también, claro, en ese momento lo hacía para darle tranquilidad a él.
Victoria se puso de lado y aunque no lo veía sentía más cercanía a él.
—Supongo que estoy muy prejuiciada, jugar con espadas es algo común en niños.
—Pero en mí solo ves al psicópata.
—Reconozco que hay más de ti, pero hoy pudiste matar a Rebeka…
— ¡Y ellos pudieron matarte a ti! ¿Acaso les importó la mujer que estaba conmigo cuando nos hicieron el atentado del que nos salvó Luciano?
—No sabes si fueron ellos…
—Mi cabeza tiene precio para Halcón, y ahora más que nunca que se salvaron del ataque de hoy.
Victoria quería decirle que olvidara todo eso, pero sabía que no tenía sentido, así que guardó silencio.
—A mí tampoco me agrada la oscuridad —continuó Stefan—, pero no puedo tener lamparitas de colores, me toca ser valiente y enfrentarla, me alegra haberme equivocado de habitación, quedarme por completo a oscuras me hace recordar la noche que pasé perdido con Stoyan en el bosque y no me gusta.
Victoria buscó su mano y Stefan entrelazó sus dedos con ella.
—Gracias por confiar en mí, a pesar de todo y lo que te he dicho —expresó Victoria de corazón—. No solo sé que eres un hombre despiadado, ironicamente eres la única persona que me ha sido sincero y sin que esperara nada bueno de ti lo has dado.
—Eso se debe a que en lo que respecta a ti soy un idiota, aun te considero de mi equipo.
—Yo no tengo equipos, Stefan, por eso no quiero tener sexo contigo, quiero un nuevo comienzo, darle más importancia a quien me merece, porque me parece haber vivido eternamente buscando aprobación masculina y no gané nada, una lista muy larga de amantes y ninguno lamentó mi muerte.
Stefan la hizo acostarse en su hombro y ella puso la mano en su pecho.
—No para mí, eres mi regalo salido del agua, mi sirena, me gusta ser el único que sepa que estás viva, a esos que no les importa tu muerte no te merecen, mientras que yo te demostraré cada día lo mucho que me importa cada uno de los latidos de tu corazón que algún día se acelerara por mí.
Victoria tragó grueso para frenar las lágrimas y la luz regresó cagandolos a ambos, Victoria se sentó y se consiguió con la mirada de Stefan que la veía con las cejas unidas, su pulgar fue y limpió su mejilla.
—No quiero que llores por él, quiero que solo puedas llorar por mí, dame la oportunidad Victoria.
Victoria sin poder evitarlo derramó dos lágrimas más y Stefan se acercó y limpió con sus labios.
—Vamos Victoria , las sirenas lloran, pero su llanto no puede verse, te enseñaré a ser fuerte, te enseñaré lo que vales, no tienes porque buscar la aprobación de nadie, manda a todos al demonio.
—Ya estoy con el mismísimo demonio —comentó ella con ironía tratando de ser graciosa, pero Stefan tomó su rostro para asegurarse que lo viera a los ojos.
—Y soy todo tuyo.
Victoria mordió su labio inferior y Stefan la besó…