—No, cinco minutos más —gruñó perezosamente, apegándome a su cuerpo. —Zaid, vamos, levántate —murmuré intentando librarme de sus brazos fuertes. —No —reclamó enterrando su rostro en mi hombro, plantando un beso en él—. No quiero. Quedémonos aquí todo el día. Todos los días. Mejor quedémonos aquí por siempre. Solté una risa y me volteé mirándolo con ternura. —Cualquiera que te escuchara pensaría que tienes ocho años, no veintitrés. Me miró curioso. —Hablando de edad… sé que queda poco para tu cumpleaños. ¿El dos de octubre, no? Alcé una ceja. —¿Me ha estado investigando, señor Tagliani? Sonrió juguetón. —Investigando, analizando, observando y todo lo relacionado con acosarte. Rodé los ojos, escapándoseme una sonrisa tonta. —Eres un idiota. Escondió nuevamente su rostro en mi cu

