Le sonreí a la mujer frente al espejo y me recordé una vez más lo primero que pasó por mi mente cuando desperté esta mañana después de haberme pasado casi toda la noche anterior en vela: “ya no más. A la mierda todo”. Y es que ya había tenido suficiente con mi propia debilidad como para seguir tirándome yo misma al suelo. No iba a dejar que mis sentimientos interfiriesen en mis planes. Le había jurado a Zaid que lo vería caer y, sobre todo, me lo había jurado a mí misma. Haría lo que fuera necesario, aunque no tuviese ningún aliado conmigo, porque hoy tenía una nueva motivación para seguir adelante, para darme ánimos y reconstruirme más fuerte que nunca. Hoy había despertado con una nueva perspectiva de la vida y logré darme cuenta, tal vez un poco tarde, que seguía siendo libre. E iba a h

