Cap. 15 Encontrándola

1411 Palabras
POV Alexander A la mañana siguiente al abrir mis ojos lo primero que vi fue por fin el castillo, estaba a solo una curva en la ruta para ingresar al túnel de acceso. Habiendo llegado al estacionamiento, salí tan rápido como pude y un pobre guardia que se cruzó en mi camino termino atrapado entre mis garras. –¿Dónde está el rey? –las palabras salieron tan guturales que ni reconocí mi voz. –Su… Su Majestad debe estar en la sala del trono –dijo temblando el guardia. Prácticamente corrí por los pasillos hasta que me encontré en las pesadas puertas del salón, pude percibirla, sabía que detrás de esta puerta estaría ella, ni esta putrefacción que se olía podía tapar su deliciosa fragancia, esa que me invadió en los sueños y quedó grabada en mi memoria. De una patada abrí las puertas del salón rompiendo las bisagras en el proceso y cayeron las puertas estrepitosamente en el suelo. Entré velozmente mientras una visión espeluznante estaba frente a mí, la mujer que el destino me dio para amar y proteger estaba muy lastimada. ¡Mi padre está loco! –Padre ¿ha esto es a lo que dedicas tu tiempo cuando no estoy? –me recuerdo a mí mismo que el hombre sentado frente a mí no solo es mi padre sino el rey coronado, no puedo arrancarle la cabeza aquí y ahora, requiere todo mi autocontrol el no hacerlo. Mientras multitud de imágenes venían a mi imaginación donde le arrancaba las manos de un mordisco a este remedo de rey, el verdugo aprovechó para descargar un salvaje golpe con esa inmunda cosa en la espalda de ella. Decir que era valiente no bastaba para describir a esta magnífica mujer, soporto semejante golpe sin emitir un solo sonido, sin embargo, mi alma cae a mis pies cuando veo su delicado rostro envuelto en lágrimas, esos hermosos ojos que me observaban en llanto me dejaron sin aliento, pero inmediatamente la furia más visceral se apoderó de mí, reclamé a mi padre que ya era suficiente y exigí liberarla. Observe al carcelero moverse diligentemente para liberarla de ese asqueroso bloque de concreto y ayudándole a ponerse en pie. Ilustré al rey que los cargos por los que se le acusaban ya estaban realmente más que pagados, logre decirlo mientras el ácido del odio que crecía en mi por este hombre era cada vez más y se filtraba entre mis palabras. ¡Jah! Tiene la audacia de aludir que no se ha completado el mandato, cuando él fue quien lo emitió, ignorando completamente que realmente la mujer solo se estaba refugiando de la guerra ¡que tonto! Trate de calmar mi sed de sangre, por el bien de mi pareja, lo que menos quiero hacer en este momento es aterrorizarla. –Quítenle las esposas para que se cure, ya es suficiente castigo –observe como zapateaba Amelia y arrugaba la cara, pero esta por completo fuera de discusión, por encima de mi podrido cadáver permitiría que le tocaran un solo pelo nuevamente. El perro faldero de Amelia salió y por fin liberó de las esposas a mi pareja, quien sobó sus muñecas pensativamente, mientras lo hacía, su exquisito olor a lavanda y pino me inundó por completo, por fin puedo observar cómo sus heridas empiezan a curar y cerrar impresionantemente rápido. Ella giró para verme y un muy fuerte cosquilleo se movió en todo mi cuerpo, un calor abrazador atrapó mi corazón, todo esto mientras contemplaba los ojos de la increíble mujer frente a mí, estos brillaban del más intenso color verde, un verde majestuoso de la naturaleza más exótica y cautivadora, un verde que te atrae como la hermosura de una esmeralda y te atrapa como las feroces aguas del océano, el mismo verde que le da esperanza a un alma en pena por la soledad, sin embargo, esa misma alma ahora se retorcía al sentir el enorme dolor que provenía del vínculo con su pareja. Acto reflejo grité ante la horrenda sensación que me hizo doblar del dolor y caer al suelo de rodillas. Pude observar el temor en su delicado rostro, temor por mí, ella intentó acercarse, pero el carcelero quiso de tenerla. –No la toques –gruñó terriblemente Rhys a través de mí, por suerte esto no hizo que ella retrocediera, siguió avanzando hacia mí un poco vacilante, entre tanto mi espalda sentía como si cuchillos cortaran la carne de lado a lado. Sentí su delicada mano sobre mi hombro trayendo paz con su tacto, se agachó a mi lado y habló, al decir mi nombre y sentí como si una sirena me hipnotizara con su dulce canto, y su precioso aroma ahora era la medicina que me tranquilizaba. “Ya va a pasar me decía” que patético de mí, deberia ser yo quien la consolara y la cuidara. Me atrajo hacia su pecho y el contacto de mi rostro con su piel fue electrizante, además percibí que ya dolía cada vez menos, lo cual indica que mi preciosa sirena estaba curándose. –¡Tu! Zorra aléjate de él –gritó la entrometida de mi hermana, me sorprendió que la mujer que me tenia en brazos no se intimido por su grito, todo lo contrario, la sentí erguirse. –Cállate Amelia –respondió toscamente ella, seguido la ola de un comando muy fuerte pudo sentirse en el aire y yo sabía claramente que provenía de mi sirena. Mi hermana cerró inmediatamente la boca y mi pecho se llenó de orgullo y admiración. En solo un par de minutos pasó todo, a regañadientes me levante del pecho de mi compañera y la observe, tenia unas delicadas facciones muy femeninas, una delgada y respingada nariz, unos jugosos labios que te dan ganas de morderlos, sus ojos almendrados de color verde en marcados perfectamente por sus delgadas y tupidas cejas, un alborotado y largo cabello n***o caía a los lados de ese bello rostro que tanto deseaba besar. –Muchas gracias –le dije calmadamente y ella parpadeo sorprendida –. Deberia ser yo quien te consolara. Ella me regalo una risa cantarina y fue una melodía espectacular, una que refrescó mi corazón abrumado. –Solo fue un mal momento para encontrarte –dijo ella y yo negué. –No, debí llegar antes, esto no debió sucederte –dije mientras acariciaba su mejilla. –Lo hecho, hecho esta –dijo resignadamente. –Pero no significa que no habrá consecuencias, te prometo que las habrá –le indique mientras tomaba sus manos en las mías y depositaba un beso en ellas. Me levante y le ayude a levantarse, sin embargo, tan pronto como estuvimos en pie ella se desmayó y la atrape en mis brazos. –¡Traigan un médico ahora! –ordene. –¿Por qué te importa tanto esta zorra? Ella no es nadie –dijo Amelia. –Es mi pareja y tu futura reina asi que cuando hables de ella o con ella lo harás con respeto –le respondí, Amelia bufo, pero se mantuvo callada. Una mujer mayor llegó corriendo, la reconocí, era Sonia la curandera y su aprendiz la seguía detrás. –Alteza ¿Qué sucedió? –dijo ella apurada viendo a la mujer en mis brazos. Le conté todo lo que habia ocurrido con ella y pude ver el pesar en sus ojos. –Entiendo, esta exhausta, es muy probable que su cuerpo este al limite entonces y necesite descansar –dice pensativamente y dirige su mirada al carcelero –. Randy ¿podrás indicarme como han sido sus comidas? –el hombre asiente. –Jazmine ha estado cuidando de ella –dice Randy y tomo nota de recompensar a esta Jazmine. –Alteza, deberíamos llevarla a una cama cómoda para que descanse adecuadamente, probablemente no despierte en un día, tengo sitio en la enfermería –dice Sonia. –Si se trata de comodidad entonces eso sería en mi habitación –observo graciosamente como Sonia coloca cara de sorpresa ante mi sugerencia. –Es mi pareja, no le daré nada menos que lo mejor –y ahora la comprensión llena su expresión. –Felicidades Alteza, entonces permítame acompañarlo a su habitación –dice ella–. Vero, consigue agua y paños para limpiarla, tambien ropa cómoda y ordena que en cocina estén preparados para entregarle una buena comida para cuando Su Alteza despierte –ordena Sonia a su aprendiz, quien asiente y se retira.
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