CAP 18. No comparto

1330 Palabras
POV Emma –¿Linaje de la realeza? Pero si solo soy hija de una sirvienta –digo mirando de reojo a Alexander para observar su reacción ante aquella mención, pero parece no importarle en lo más mínimo, lo mismo ocurre con Sonia y su acompañante. –No quisiera contradecirla, pero los resultados hablan por sí solos –dice Sonia. –Hay otra cosa que confirma lo que dice Sonia –Dice Alexander observándome detenida y pensativamente. –¿Qué cosa es? –pregunte, no se me ocurre nada más que pudiese ser relevante. –Le diste una orden Amelia –al decir esto, la expresión de Sonia fue muy cómica, de ser una caricatura juraría que sus ojos estarían saliéndose de sus orbitas, sin embargo, yo no veo por qué esto es significativo. –Solo le grite que se callara, no veo porque eso es importante –respondo. –No cariño, no solo le gritaste, emitiste una orden o comando alfa y ese poder fue el que hizo que ella cerrara la boca –dice el, sin embargo, al notar mi confusión prosigue–. No es de mi agrado, pero Amelia es de alto rango por ser princesa, solo el rey y yo tenemos la capacidad de emitir una orden que ella no pueda repeler. –Ya veo, pero ¿no sería eso posible al ser yo tu pareja? –digo torpemente tratando de encajar todo esto y ellos, Alexander y Sonia, me responden negando. –Alteza, su rango se afectaría en el momento en que el príncipe y usted se marquen el uno al otro, completando y sellando su unión, antes de eso no se afectaría –indica Sonia. –Entonces simplemente ¿sus suposiciones son que mi madre ha estado mintiéndome? –digo empezando a enojarme un poco, pero no tengo claro contra quien o que exactamente. –Em creo que lo que dicen es cierto, antes no habíamos convivido con lobos aparte de mamá, así que no teníamos idea de esto, pero solo sé que siento que el esta siendo honesto con lo que dice –comenta Lily –¿Por qué mamá no lo comento? ¿Es posible que no lo supiera? –le digo a Lily. –Realmente dudo que algo como esto simplemente no lo supiera, pero no tendremos claridad si no hablamos con ella –hablar con mamá, es imposible ahora, no sin revelar que esta viva o donde esta, no sin tener el control de lo que pueda pasarle, no, no, no voy arriesgarla solo para esto. –Ya es suficiente, salgan –ordena Alexander. En mi lucha interna tratando de entender y pensar en que hacer, no me había dado cuenta que mi ansiedad se estaba exteriorizando, iba de un lado al otro de la habitación y la orden de Alexander me sacudió de ese estado. Volteé para verlo y el me observaba con tranquilidad, misma tranquilidad que percibí trataba de filtrar por el vínculo, se acercó a mi y me halo hacia sus brazos. Decir que fue reconfortante seria decir poco, su fuerte abrazo, la cercanía con su fragancia y el recostarme contra su pecho, era cierto lo que Lily decía, me sentía a salvo y me sentía en casa. –Lo siento, yo no se que pensar de todo esto ni por donde empezar a procesarlo, y las implicaciones que asumo debe tener –digo estando aún contra su pecho y siendo sostenidas mis piezas por su fuerte abrazo. –No tienes de que disculparte, es compresible que nuestros comentarios sean abrumantes para ti –dice el haciendo que su voz retumbe en su pecho–. Ven aquí –dijo el mientras me liberaba un poco de su abrazo y me llevaba hacia unas cortinas cerradas enormes. Alexander corrió las cortinas para exponer un gigantesco ventanal, que a su vez tenía puertas de vidrio. Desde que abrió las cortinas, la habitación se llenó abundantemente de una cálida luz natural y tan pronto como abrió las puertas dobles de vidrio, una deliciosa brisa acarició mi rostro. Como una polilla atraída por la luz salí al gran balcón que estaba frente a mí para recibir los renovadores rayos del sol. –Tanto tiempo sin sentir el sol –dije con mis ojos cerrados disfrutando del sol, permitiendo que su luz me recargara. Sentí nuevamente sus manos buscando mi cintura y se quedó de pie a mi lado, estuvimos así por un par de minutos y al abrir mis ojos pude contemplar una vista espectacular que me dejó sin aliento, a mi derecha riscos enormes se erguían imponentes, mismos riscos de los cuales brotaba el enorme castillo en el que estábamos, por otro lado, frente a nosotros se encontraba una extensa ciudad, bella, de un aspecto colonial, bordeada a su izquierda por un extenso y verde mar. –Tienes aquí una vista espectacular –dije entre suspiros. –Así es, tengo frente a mi una vista hermosa –dijo fijando su mirada concienzudamente en mí, lo cual hace arder mis mejillas. –¿Siempre eres así de galán con las mujeres? –le pregunto viéndolo de reojo, dadas las historias que me contó Jazmine de él y que no paran de dar vueltas en mi cabeza. –Quizás con alguna que considerara interesante, fueron muy pocas las que llamaron realmente mi atención –respondió despreocupada y directamente. –Eso no fue lo que escuche de usted príncipe Alexander –dije y mi comentario causó que frunciera profundamente el ceño. –¿Exactamente qué fue lo que usted escuchó princesa Emma? –preguntó en el mismo tono que emplee, pero sus ojos mostraban algo más, quizás ¿tristeza? Me gire para verlo directamente y enfrentarlo con los brazos cruzados en el pecho. –Primero no juegues con eso, no soy una princesa, no hemos completado el vínculo, y lo segundo, escuche que prácticamente cambias de chica cada noche y veras Alexander, yo no comparto –le dije mirándolo seriamente–. Así que, hablando de conocernos más, me gustaría saber si eso será un problema para ti. Lo siento, pero me urge un poco hablar del elefante en la habitación –completé. Siempre en mis citas me he encontrado con tipos que buscan solo mi cuerpo o que al final no me prestan la mínima atención y se van con la primera minifalda que encuentran, así que si este es mi compañero destinado espero que sepa darme mi lugar. El suspiró y contempló la ciudad por un momento, supongo pensando que decir. –Debo reconocer que un par, quizás tres o cuatro mujeres habré traído yo mismo al castillo, sin embargo, ninguna de ellas a mi habitación –dijo y continuó meditativo–. Por otra parte, están las mujeres que mi padre a metido a hurtadillas en mi habitación y a estas las he devuelto intactas por donde han venido, contrario a lo que la gente piensa de mí, yo no ocupo los servicios de las “damas de vida alegre”. –¿Cómo es eso de que tu padre te trae mujeres? –comento realmente sorprendida. –No lo sé, él tiene una idea metida en su cabezota de que así lograra tenerme de su parte, mantenerme de alguna forma tranquilo u ocupado, y así evite meterme en sus asuntos. Claramente estando contigo Emma, jamás sería tan ruin como para hacerte enfrentar el dolor de la traición, más importante aún tienes mi respeto y admiración. –Aún no me conoces –le digo resoplando. –Pero lo poco que conozco de ti hace que así sea –dice el acercándose y acariciando mi rostro. –Y yo Alexander –digo tomando la mano que se encuentra en mi rostro–, en verdad espero que así sea, porque déjame decir que tienes un padre y una hermana que sospecho, serán un verdadero grano de arena en el trasero. Ante mi comentario solo deja escapar una carcajada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR