Abro los ojos al ser despertada por Jaz, quien como siempre viene a verme en las mañanas para limpiar las heridas antes de “mi visita al rey”. El rey me ha tomado como el bufón de su corte, como su objeto de entretenimiento y no solo personal, algunos días vienen a ver o participar algunos de sus alfas lame botas, venían a divertirse golpeando a la loba a la que no le han podido sacar un solo quejido, por más fuerte que lo hagan.
Ya la plata no es efectiva en mí y eso parece extrañarles, vaya hasta a mi tambien me parece extraño. Lo mismo pasa con el apestoso liquido de hierba matalobos, apenas y lo siento, poco a poco fue disminuyendo su efecto, asi que, lo que ahora hace daño a mi cuerpo solo son los latigazos, a pesar de que la plata ya no quema por su propiedad mágica, quema el impacto que recibo con los látigos del flagelo y tanto el verdugo como los lame botas usualmente compiten entre ellos para ver quien golpea más fuerte.
Llegue con Randy al gran salón del trono otra vez, como es costumbre me ata al bloque de concreto, este desgraciado bloque esta increíblemente manchado por mi sangre, sudor y lágrimas, y apesta a muerto, literalmente apesta a muerto creo que es idea de este loco rey, ya que no parece inmutarse ni un poco con el terrible olor que emana esta cosa, sin embargo, entre esta cosa, mis brazos y mi cabello oculto mi rostro como cada vez, preparándome para “la sesión del día” como lo llama el gordinflón.
El verdugo se habia ubicado a mi lado cuando un estruendo se escuchó en la puerta principal del salón, el sonido de unos pasos rápidos y pesados llenaron el espacio.
–Padre ¿ha esto es a lo que dedicas tu tiempo cuando no estoy? –dijo con severidad la profunda voz de un hombre, podía percibirse notas de desagrado en ese reclamo. Esa voz retumbó en mi y me hizo temblar, sin embargo, la sorpresa me atropelló cuando a pesar del reclamo del hombre el verdugo descargo con una descomunal fuerza el primer latigazo del día. En reacción aprete los puños de mis manos hasta que mis nudillos se vieron blancos, sin querer eleve mi rostro y mi mirada encontró al hombre, el tambien de observaba y el terror se apoderaba de su mirada, un par de lagrimas se me escaparon.
–¡¿No es suficiente?! –gritó con ferocidad– ¡Libérenla ahora! –ordenó y Randy se acercó a mi corriendo, me desató del bloque y me ayudo a poner en pie.
–Según comprendo padre, la señorita ya lleva 21 días de latigazos, seis por día y con matalobos presente, tambien le fueron arrancadas las uñas de una mano como castigo por atacar a Amelia, considero que sus “transgresiones” ya fueron pagadas –dijo con un tono y una mirada asesinos, advertía pelea en caso de ser contrariado.
–¡Pero su sentencia no ha terminado! –respondió nerviosamente el rey.
–¡Pero tú has ignorado hechos muy importantes! –refutó quien asumo es el príncipe, quien realmente intenta llevar las riendas del reino, según lo que me ha contado Jaz–. Olvidaste el hecho de que tu hija es una malcriada, a la que cualquier persona tendría el gusto de educar. Ignoraste que la mujer y su familia fueron al mundo humano huyendo del infierno que habia en este reino y no la culpo, ignoraste que eso la identificaría como una refugiada, ignoraste que sus castigos podían ser menos severos por ambas cosas.
–Quítenle las esposas para que se cure, ya es suficiente castigo –ordenó ahora con la más increíble serenidad y el rey solo observaba en silencio, luego asintió confirmando la orden. Amelia se encontraba a su lado refunfuñando, con un terrible ceño fruncido y con una puntiaguda uña llamó a uno de sus guardaespaldas, oculto entre las sombras de un rincón en el salón. El tipo sacó una extraña llave, la acercó a una de las caras internas de las esposas y de la nada apareció una ranura para insertarla, las esposas eran gruesas y estaban llenas de todo tipo de símbolos, pero nunca encontré una cerradura para la llave, el hombre giró la llave, con un clic se abrieron las esposas y las retiró.
–¿Mi querida Lily estas alli? –trato fervientemente de comunicarme con ella, tanto que la he extrañado.
–¡Em! –grita feliz– Por fin puedo alcanzarte.
–Parece que terminó esta locura Lily, no he podido hablarte en mucho tiempo –entre sollozos salen mis palabras para ella. Siento como ahora nuestra conexión se ha reestablecido y esta se siente más fuerte que nunca, percibo que las heridas se van cerrando y las uñas van creciendo completamente.
Dirijo una mirada de agradecimiento al príncipe y él me observa de la forma más increíble: los iris de sus ojos brillan con el más hermoso color dorado que haya visto, radiante como el sol y cálido como este mismo, la ternura que observo en su mirada hace que mi pecho duela pero que se irradie del mas intenso calor que sentido. Como Icaro quiero volar hacia él, pero temo quemarme con su calor, quiero alcanzarlo, pero me detengo, veo que inconscientemente mis manos se levantan hacia él. Enseguida observo como su rostro se contorsiona y el más horrendo grito desgarra su garganta. El príncipe cae al suelo de rodillas y su cuerpo se dobla sobre sí mismo, instintivamente corro hacia el para auxiliarlo, sin embargo, alguien me sujeta de mi adolorida muñeca, es Randy.
–No la toques –un estruendoso gruñido sale del príncipe que hace que Randy suelte inmediatamente mi mano. Di un par de pasos hacia él y un delicioso aroma proveniente del príncipe me golpea, los mas exquisitos aromas cítricos que hacen agua tu boca invadían mi olfato, ahuyentando por completo la pestilencia que percibía de mí, del bloque y este salón.
–A cércate a él, háblale y tócalo suavemente, eso lo calmara –dice una atrevida Lily.
–¿Estás loca? No lo hare es el príncipe ¿y si ahora quieren arrancarme la mano? –le respondo entrando en pánico viendo como el príncipe se sigue quejando y retorciendo.
–¿Lo percibes verdad? Ese exquisito aroma es nuestro compañero llamándonos, sus ojos se iluminaron al reconocernos, es él y está compartiendo nuestro dolor. Un mal momento para habernos reconocido, apenas estabamos sanando –señala Lily.
Tomando un bocado de valentía con cada paso que daba para a cercarme a él, tembló un poco cuando coloque mi mano sobre su hombro, pero visiblemente se calmó y me agache a su lado.
–¡No te atrevas a tocar a mi hermano perra! –gritó desde su lugar Amelia, la ignore por completo y observe al príncipe quien tenía sus ojos fuertemente cerrados, recuerdo que Jaz me dijo su nombre y atrevidamente decido usarlo, Alexander.
–Alexander, lo siento mucho, lo que sientes ahora es mi culpa –le dijo suavemente y tratando de agregar un poco de consuelo en mi voz –, Lily apenas está curando todas mis heridas, ya va a pasar.
Lo tomé y lo recosté sobre mi pecho, el contacto piel con piel incrementó en gran medida la sanación que estaba realizando Lily. Teniéndolo alli en mis brazos me sentí completa por primera vez en mi vida.
–¡Tu! Zorra aléjate de él –gritó con su chirriante voz Amelia y me señalaba con su horrible y puntiaguda uña plateada.
–Cállate Amelia –escupí con todo el odio que tenia hacia esta desesperante mujer y sentí como un pulso salió de mi pecho y se dirigía a ella, Amelia sorprendida cerro el hocico sin poder controlarlo.