Nada como ser ignorada

1927 Palabras
Después de una caminata ligera finalmente llegamos a nuestro destino e incluso desde la distancia se pueden escuchar las voces y risas de las personas que están dentro de la tienda y suena como que se están divirtiendo. Empiezo a sentir curiosidad, pero era mi hermano quien guiaba al grupo, por lo que incluso si me moría por ir a curiosear no podía simplemente adelantarme, eso sin mencionar que las personas que están en esa tienda son los amigos de mi hermano. La famosa tienda de la anciana de la esquina, constaba de un garaje adaptado para ser una tienda, hay varios bancos de madera a los costados del garaje, una puerta grande de metal en la entrada y en el interior hay una estructura que más parece una cueva… ¿Cómo es que alguien prefería este lugar por sobre una fiesta? No lo entendía en aquel momento. Aparte de eso, la mayoría de las personas ahí reunidas eran chicos, lo que no me molesta por supuesto. Sin embargo, para una chica es algo incómodo estar rodeada de tantos chicos. En el preciso instante en que llegamos a la entrada de aquella tienda, un chico salió corriendo del lugar como si su vida dependiera de ello. —“¡Aléjense de mí, hienas!” El chico se vio en un problema cuando descubrió que nuestro grupo bloqueaba su escape. —“Vamos Diego, no seas llorón, es tu cumpleaños.” Me gustaría decir que otro chico apareció diciendo eso. Sin embargo, eran una turba de ellos, eran casi diez chicos los que salieron de la tienda persiguiendo a Diego. —“¡Maldición!” Diego buscaba desesperadamente una forma de esquivar a nuestro grupo. “Fuera de mi camino.” Diego es un chico muy apuesto de 180 centímetros de alto, tiene un bonito cabello rizado de color n***o, unas abundantes y rosadas mejillas a pesar de que es una persona delgada y unos característicos lentes que ocultan ligeramente sus ojos azules. —“¡Atrápalo Julio!” —“Jajajaja” Julio apareció repentinamente de entre el grupo de chicos y literalmente salto por encima de mi sin prestar ninguna atención a mi existencia. “Vale.” Diego quien luchaba por atravesar un grupo de poco más de treinta personas, termino siendo atrapado por sus amigos y como un preso que ha sido atrapado por sus terribles actos está siendo arrastrado hacia el interior de la tienda. —“¡Que viva el cumpleañero!” Todos gritaron al unísono mientras Julio y otro chico que no conozco sostienen a diego por lo los brazos. —“No se atrevan, malditos.” —“Vamos, no seas aburrido.” Dijo Julio con una sonrisa. “Sabes que esta es una costumbre ancestral de nuestro país.” Al ver al chico llamado Demian preparar un cinturón, haciéndolo sonar de una manera que intimida un poco a quien lo escucha, finalmente entendí lo que estaba sucediendo. En nuestro país hay la costumbre de darle correazos a un cumpleañero. Más específicamente, un correazo por cada año que cumple y por supuesto esto es un proceso muy doloroso, por lo que en aquel momento solo me preguntaba ¿Cuántos correazos le darían a ese pobre chico? —“¡Nooooooooo!” Diego gritó cuando el primer correazo fue propinado “¡Ahhhhhh!” Su cuerpo se arqueo cuando recibió el golpe. —“¡Uno!” dijo la persona que lo golpeo. —“Pablo, eres un infeliz, pensé que éramos amigos.” —“Jajaja, lo somos, tranquilo Diego ¡Siguiente!” Gritó de manera cruel. —“¡No te atrevas Orlando!” —“Solo cierra los ojos y deja que entre.” —“Eso suena terrible, ¿sabes?” —“Si, bueno. Son gajes del oficio.” Enuncio antes de propinar otro sonoro golpe. —“¡Ahhhhh!” —“¡Dos! ¡Siguiente!” ¿Cómo debería decir esto? Lo que veía parecía más una terrible tortura, no parecía la celebración de un cumpleaños en absoluto. Como sea, aquel chico tuvo que aguantar los dieciséis correazos correspondientes antes de finalmente poder relajarse o eso pensé hasta que… —“¿No era la costumbre que todos los invitados den un correazo cada uno?” —“No me jodas Daniel.” Protesto un Diego enfurecido. “¡Hay más de treinta personas aquí!” —“¡¿A quien le falta darle un correazo al cumpleañero?!” Gritó Daniel y varias personas se reunieron a tomar su turno. Al final el pobre chico tuvo que aguantar más del doble de su edad en correazos, aunque algunas personas se compadecieron de su enrojecido trasero y lo golpearon con suavidad. Por supuesto, yo fui una de esas personas. ¿Qué como pude formar parte de tal barbarie dices? ¿Cómo podía dejar pasar una situación tan divertida? Bueno, me compadezco del trasero del chico ¿Acaso no es eso suficiente? Después de tan divertido… digo cruel espectáculo, el pobre Diego no podía ni sentarse correctamente y todas las personas finalmente se permitieron entrar en la tienda. —“¿Quien invitó a toda esta gente?” Dijo Diego con molestia. —“Jajaja, cuando fui a llamar a Leo, terminé invitando un par de personas.” —“Julio…” —“¿Sí?” —“Esta me la pagaras maldito.” Diego empezó a perseguir a Julio por todo el lugar y la gente empezó a reír, debido a lo graciosa que era la escena. Como para describir como se veía, Diego quien había recibido varios golpes en su trasero tenía problemas para caminar y verlo correr como si estuviera escaldado era muy graciosos. Bueno, ahora entendía porque el 4B era tan popular. Todos son muy graciosos y sociables, actuado como niños sin preocuparse por la opinión de los demás. También debo decir que la costumbre de los correazos no se hace tan seguido en nuestro país, de hecho, unas pocas personas que están lo suficientemente mal de la cabeza continúan esa barbárica costumbre, pero ahora que había vivido la situación, más que barbárica, me parece una buena historia que contar a los amigos. Digo esto porque unos pocos minutos después, todo lo que veo son sonrisas y personas que han roto el hielo como si una barrera se hubiese derribado en el instante que todos interactuaron entre ellos para hacer sufrir al cumpleañero que, en este momento está ahorcando a Julio con una sonrisa en su rostro. Era una situación completamente diferente a aquella fiesta en la que todo el mundo estaba dividido en grupos y parecían tener problemas para interactuar los unos con los otros. De hecho, no podía estar más feliz de haber elegido estar en este lugar que no era más que una sospechosa tienda que más parecía una cueva de mala muerte. Luego de eso, todos nos reunimos en la entrada de la tienda y un chico llamado Daniel empezó a pedir dinero a todos como quien recoge una limosna. —“¡Pasajes! Vamos, colaboren para el juguito de felicidad.” Debo añadir que con “juguito de felicidad”, Daniel se refería a comprar unas cuantas botellas de alcohol. Después de que todos colaboraron Daniel empezó a contar el dinero que había reunido y asintió con satisfacción. —“Muy bien, tenemos mucho que comprar.” Dijo con felicidad y entró en la tienda. Después de unos minutos, Daniel salió de la tienda con varias botellas de alcohol y empezó a repartir un poco a todo el mundo. Por su parte la anciana que se hacía cargo de la tienda prendió los parlantes y puso algo de música vieja, pero a nadie le importaba. Aunque fuese música vieja que era más propia de los ancianos, todos bailaban sin prestar atención a ese hecho sin relevancia alguna. Yo no planeaba tomar, porque no quería ser regañada, por lo que astutamente me pegue a mi hermano. Había llegado el momento de usar a mi hermano para acercarme a ese chico llamado Julio; el chico que me gustaba. Sin embargo, contrario a mis expectativas iniciales, fui cruelmente ignorada. De hecho, Julio parecía más interesado en compartir con sus amigos que en buscar alguna chica y pese a que estaba prácticamente juntó a mí, no me notó en absoluto. —“Vamos Julio, bebe un poco, no seas aguafiestas.” Dijo mi hermano., mientras le ofrecía un pequeño vaso de alcohol a Julio. —“No gracias, no me gusta el alcohol.” Respondió. —“Vamos, todo será más divertido si bebes un poco.” —“Jajaja, no te preocupes, puedo actuar como idiota incluso sin consumir valor líquido.” —“¿Valor liquido?” Pregunté por inercia. —“Pues, me refiero a que el alcohol ayuda a las personas a expresar sus sentimientos con más facilidad, debido a que su ego es ligeramente suprimido, pero a mí no me hace falta.” Esa fue la única vez que Julio me habló durante la noche, debido a que mi hermano lo arruino todo casi de inmediato. —“Deja de hacerte el inteligente Julio.” Dijo a modo de queja. —“Vamos, no te enojes chiquita.” Julio pellizco ligeramente el pezón de mi hermano, probablemente para molestarlo. —“¿Qué crees que haces?” mi hermano rompió en molestia. —“Jajaja, mi abuela decía: Solo entre amigos se agarran las tetas.” B-bueno, debo decir que incluso hoy me causa gracia lo que dijo en ese entonces y lo peor es que no encuentro fallos en su lógica. —“¿Qué clase de excusa de a dólar es esa?” —“Jajaja, no te enojes Leo.” Julio abrazó amistosamente a mi hermano y luego siguió conversando con las personas que se acercaban a él, haciendo todo tipo de locuras en cada oportunidad que se le presentaba. Sin embargo, yo me sentía algo apartada. Quería unirme a ese interesante grupo, yo también quería molestarlos, pero… no tuve el valor y al final solo pude reírme de lo que observaba desde la distancia. Así la fiesta llegó a su fin y nunca supe qué paso con mis amigas quienes simplemente desaparecieron en algún momento. Mientras volvía a mi casa ayudando a Demian a cargar al ebrio de mi hermano, pasó algo que no esperaba. Mi hermano estaba tan ebrio que prácticamente era peso muerto. De hecho, sin Demian hubiese sido imposible para mi llevar a mi hermano de vuelta a casa. —“Deja de dar tantos problemas hermano.” Me queje en voz alta. —“Jajaja.” Demian sonreía con sinceridad mientras observaba mis repetidas quejas. “Eres una buena hermana.” Afirmó. —“Te agradezco que me ayudes a llevar a mi hermano a casa Demian.” Dije expresando mi honesto pensamiento. —“Bueno, digamos que tenía mis razones para hacer esto.” —“¿Razones?” Pregunté con curiosidad. —“Pues, una de mis razones es ayudar a un buen amigo y la otra…” —“Vamos, no me dejes a medias, dime ¿Cuál es la otra?” impulsada por mi curiosidad hice la peor pregunta posible, en el peor momento, además. —“La otra es que has empezado a gustarme Amelia.” Su rostro era serio y me miraba directo a los ojos cuando dijo eso. —“¿Eh?” 
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