Una cita en espiral

2227 Palabras
Sé que, hasta este punto no les he contado más que mi contidianidad, la vida normal de una chica de segundo año de educación secundaria y hasta este punto, el hecho de que mi padre sea un cártel de la droga no influyó mucho en mi vida. Principalmente porque mi padre así lo quería, él no quería que nos involucremos en ese peligroso mundo en el que vive, donde la cotidianidad son tratos ilícitos, secuestros, violencia y un largo entre otros. Y debo decir que de haber tenido opción hubiese preferido no inmiscuirme demasiado. La historia de mi primer romance inicia en un centro comercial cuyos pasillos tienen la forma de una espiral ascendente y las tiendas están colocadas de tal manera que si una persona simplemente recorre el espiral podrá llegar a cualquier tienda que desee. También, para encontrar una tienda específica, basta con asomarse un poco en la barrera de seguridad para ser capaz de observar el centro comercial al completo. En el centro de la espiral hay todo tipo de decoraciones interesantes que cuelgan desde el techo y un detalle que olvide mencionar es que el centro comercial cuenta con varios pisos, un total de quince más específicamente. Todo empezó en un esplendoroso 8 de mayo, la mañana de ese día había tenido muchos problemas para lograr mis objetivos, pero de alguna manera me las había ingeniado para invitar al chico que me gusta al centro comercial. Aunque, debo decir que me molestaba un poco que yo fuera consciente de que estábamos en una cita, mientras que él no, para él esa solo era una salida más con algún amigo o amiga, lo sabía por su actitud relajada y despreocupada. Eso y que no había intentado coquetear conmigo en absoluto. El nombre del chico en cuestión es Julio Cesar, un chico de 190 centímetros de altura, este es el primer punto que me atrae de él, el hecho de que es bastante más alto que yo, lo siguiente son sus hipnóticos ojos de color plomo, nunca vi ojos como esos en ninguna persona, su cabello es castaño, el cual combina muy bien con el color celeste de nuestro uniforme y por último y por extraño que suene, lo que más me atrae de él es su olor. Lo sé, esto es extraño, pero esto no es algo que pueda controlar. Hace un tiempo mi hermano Leo invitó a Julio a nuestra casa y Julio dejó su chompa sobre uno de los sillones de la casa junto con la de mi hermano. Cuando llegué a casa ese día y vi una chompa que no correspondía a mi cotidianidad sentí curiosidad por el tamaño de la chompa, por lo que me la probé. No piensen que fue por algún fetiche extraño, fue porque usar ese tipo de chompas grandes es muy cómodo por alguna razón. Dejando la comodidad de lado, cuando me puse la chompa llegó a mi nariz un dulce aroma a perfume de hombre, mezclado con el olor de un árbol de pino y un ligero toqué a cigarrillo. Era un olor muy particular que hizo que ponerse es chompa fuese muy cómodo y por un rato me negaba rotundamente a quitarme esa chompa. Cuando fui consciente de que había otra mochila en la sala, simplemente dejé la chompa en el mismo lugar con algo de nerviosismo y poco tiempo después vi a Julio. Solo me acuerdo que en el momento que lo vi, supe que me gustaba, tenía una vibra fresca y un caminar tranquilo y seguro. Solo recuerdo que me saludó, pero estaba tan inmersa en mi propio mundo que no recuerdo si le devolví el saludo. Como sea, ese mismo chico me acompañó desde el colegio al centro comercial “El espiral” o caracol, como lo llaman algunos. Estamos tan cerca que ese ligero olor tan particular que tiene Julio entra por mis fosas nasales y me impide pensar con claridad. —“Llegamos.” Dijo mientras se inclina un poco para observarme. “Este lugar ha cambiado mucho desde la última vez que vine.” —“Sí, después de la remodelación luce mucho más moderno que antes.” Respondí de manera casual mientras observo la entrada del lugar. Frente a nosotros hay una puerta automática de cristal que cuenta con un censor de presión. —“Es cierto. A todo esto, ¿para qué querías que te acompañe a este lugar?” Había olvidado completamente que no mencioné en motivo por el que vinimos a este sitio y en el viaje en bus hasta este sitio hablamos de cosas triviales del colegio. —“Pues…” Pensé una respuesta que no sonara extraña. —“¿Es algo vergonzoso de decir?” —“No es eso, es solo que…” —“Ya veo, querías comprar algo de ropa interior y me trajiste para pedir mi opinión.” Dijo reflexivamente mientras se cruzaba de brazos. —“¡Claro que no!” Respondí de manera inmediata con algo de vergüenza. —“En ese caso, solo dímelo.” —“Tiene algo que ver con el favor que me pediste.” Dije algo pensativa. “La persona que puede ayudarte dijo que vendría a este lugar y debemos esperarla mientras quemamos algo de tiempo en lo que llega.” —“¡¿De verdad?!” Dijo con una profunda felicidad. “Eres una muy buena amiga.” Repentinamente me abrazó con alegría y por un segundo pensé en apartarlo, pero no me siento mal en absoluto cuando me abraza. De todas maneras, ¿qué clase de estudiante de secundaria se alegra tanto por conseguir un trabajo? —“Sí, no hay de qué.” Dije algo incomoda. “¿Entonces entramos o nos quedamos aquí abrazados junto a la puerta?” En ese momento Julio pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, por lo que bajo con cuidado. —“Ahm… lo siento.” —“No te preocupes.” Dije mientras arreglo un poco mi ropa. “¿A qué lugar deberíamos ir primero?” —“Escuche que habían puesto una atracción de pistolas láser en la parte de atrás de este edificio.” —“¡Oh, eso suena genial!” Nunca había estado en un lugar como ese y sentía mucha curiosidad por entrar a un lugar como ese. —“No, creo que será mejor que simplemente paseemos por el centro comercial.” —“¿Por qué?” repliqué inmediatamente. —“Pasa que lo dije sin pensar y había olvidado que no tengo dinero en este momento.” Parecía algo avergonzado y dubitativo. Era evidente que le costaba mucho admitir que no tenía dinero para ir a esa atracción. —“No importa, yo puedo pagar por ambos.” Dije sin dudarlo. —“Me encantaría, pero no puedo aceptar. Sin embargo, en un futuro no tengo problemas en…” —“No seas orgulloso.” Dije sin tomar sus sentimientos en cuenta. “Nunca se sabe y quizá no tengamos otra oportunidad.” Empecé a jalarlo por el brazo. —“Espera.” Intentó negarse, pero no lo permitiría, yo realmente quería ir a ese lugar. —“No quiero” Después de mi respuesta seca y mandona, pareció rendirse y simplemente se limitó a seguirme. Cuando llegamos al lugar, encontramos a una mujer, quien era la encargada de vender las entradas al lugar y de proporcionar los equipos necesarios para entrar. —“Bienvenidos.” La mujer nos saludó con una sonrisa. —“Buenas tardes.” Saludé. “¿Cuánto cuesta la entrada?” —“Normalmente la entrada cuesta diez dólares por persona, pero resulta que hoy hay un descuento para parejas y pueden entrar los dos por el precio de uno.” No me incomodo que nos llamara pareja y al escuchar tan buena noticia observé a Julio de manera presumida. —“Lo ves, fue buena idea venir.” —“Pero no somos…” Sabía cómo iba a terminar esa frase así que lo silencie con un codazo en el costado. “Uhg…” —“Entonces… ¿entraran?” —“Si por favor.” Respondí mientras saco mi bolsita de monedas. “Aquí tiene.” Dije mientras entregaba el dinero. —“Muy bien. Síganme por aquí por favor.” La chica amablemente nos guio hasta una sala donde había unas extrañas armas láser hechas de plástico y unas pecheras del mismo material. La chica amablemente nos explicó el concepto del juego. Básicamente esas pistolas activan un sensor en la pechera que hace que esta se pinte de otro color cuando recibe el láser, también produce un sonido. Esa era la forma de saber que le has dado a tu opone. Yo estaba muy emocionada, nunca había hecho nada como eso y no podía evitar estar más alegre de lo habitual. Cuando entramos al lugar era una sala oscura, iluminada por unas pocas luces led a los costados del camino y se nos pidió entrar por puertas diferentes. Aparentemente en el interior del lugar había otras personas que debíamos “matar” y entre más gente matáramos, más puntos acumularíamos. Así me adentré a aquella sala y me llevé un susto de muerto al doblar en una esquina y encontrarme con una chica. —“¡Ahhhhhhh!” —“¡Kyaaaaa!” En lugar de dispararnos, simplemente gritamos a todo pulmón y atrajimos a mucha gente al lugar en el que estábamos. Repentinamente un chico apareció y me disparó, pintando parte de mi chaleco de otro color y restándome un punto. Olvidé decir esto antes, pero cuando te quedas sin puntos se acaba el juego y cada jugador tiene un total de diez puntos y ya había perdido uno nada más empezar. Una vez que le disparas a alguien aparece un contador en tu arma y no se dispara hasta luego de un tiempo, por lo que el chico que me disparó inmediatamente se perdió en la habitación. Luego de ver al chico desaparecer, cruzamos miradas con la chica que me había sorprendido y ambas empezamos a reír por lo que había sucedido y unos pocos minutos después, llegó el novio de la chica, seguido de Julio, quienes fueron atraídos por el grito. —“¡Están bien!” Preguntó Julio. —“Sí solo nos asustamos.” Respondió la chica. Por alguna razón el otro chico se ve algo intimidado por Julio e inmediatamente se pegó a su novia agarrándola por el brazo. —“Yo también estoy bien.” Respondí. —“Bueno, creo que lo mejor sería ir juntos a partir de ahora.” —“Sí.” Respondí. —“Por cierto, mi nombre es Julio.” Él saludó a la otra pareja de forma cordial. —“Mi nombre es Lili.” Luego observó al chico. “Yo soy David.” —“Oh, encantado de conocerlos y lamento tener que hacer esto, pero…” Julio le guiñó el ojo a la chica, levanto su arma y le disparó a la chica a quemarropa.  Fue el acto más malvado, bajo y despreciable que haya visto nunca. Primero fingió ser amistoso y cuando bajó la guardia le disparó. —“¿Eh?” Por supuesto que la chica exclamó sorprendida. —“¡Corre Amelia!” Julio me jaló del brazo y nos perdimos en el laberinto. Debo decir que la ambientación del lugar no era muy favorable, debido a que los parlantes producían el sonido de truenos cada cierto tiempo y uno de esos truenos me tomo desprevenida en una ocasión. Cuando fui asustada por un sonido repentino, inconscientemente me tomé del brazo de Julio y este último se puso tan nervioso buscando una manera de tranquilizarme que, me pareció mucho más entretenido verlo en ese estado cada vez que frigia miedo al escuchar un rayo, que el juego de disparos laser. Como sea, cuando nos dimos cuenta ya había oscurecido y finalmente mi celular vibró con la alarma de un mensaje de texto. Finalmente, mi padre había llegado al centro comercial y decía que nos esperaría en la entrada, por lo que le dije a Julio que debíamos ir a la entrada. Aunque ahora que lo pienso, nunca le mencioné a Julio que sería mi padre quien conocería ese día, pero tampoco me imagine que mi padre llegaría de esa manera. —“Me divertí mucho.” Dijo mientras las puertas de cristal del centro comercial se abrían ante nosotros. Luego de salir del centro comercial nos dirigimos tranquilamente a la parada del bus, quizá por mera costumbre. —“Sí yo también.” —“Al final no llegó la persona que dijiste.” Dijo en tono tranquilo. —“Con respecto a eso…” Estaba por empezar a explicar todo, cuando dos camionetas F-150 de color n***o y una furgoneta blanca se detuvieron frente a nosotros. Yo reconocí a uno de los conductores de esos autos, pero me mantuve en silencio. Julio por su lado se quedó completamente petrificado, mientras disimuladamente me colocaba detrás de él. Y así, la puerta de la furgoneta blanca empezó a abrirse lentamente y quien salió de ella fue mi padre y dos de sus guardaespaldas.              
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