Preparando una cita

1736 Palabras
Técnicamente tenía todo planeado en mi cabeza, o eso era lo que pensaba ¿Qué tan difícil era pedirle una cita a un chico? Sí, era algo extremadamente normal y bastante sencillo. Entonces ¿Por qué estaba revolcándome de un lado a otro en mi cama? Mi padre me dijo que quería conocer al chico que quería ayudar, pero la pregunta del millón era ¿Por qué quería conocerlo? No es como que fuese algo raro que yo mostrara interés en una persona que no pertenezca a mi familia. Entra más pensaba en ello, las ideas en mi cabeza se complicaban más y más, me sentía extrañamente ansiosa y a la vez emocionada, de alguna manera no importaba que fuera algo extremadamente vergonzoso de hacer y mientras estaba sumergida en mis profundas reflexiones, la mañana siguiente llegó sin que me diera cuenta. El sol salía y yo seguía despierta, no logré dormir nada mientras pensaba en la forma de decirle a Julio que quería ir al centro comercial con él. La peor parte es que mi imagen no es buena, me veo ojerosa y sin ilusiones. —“¡Dios mío!” Dije frente al espejo. “Parezco una bruja.” Estaba despeinada, tenía unas pequeñas bolsitas bajo mis ojos debido a la falta de sueño y no me gustaba lo que veía. Apresuradamente busque en mi armario el maquillaje que nunca uso y realmente me esparce en esconder el horrible rostro que veo frente al espejo y mientras me ponía artística para convertir una bruja en una princesa me hacia una pregunta crucial ¿Tendré que hacer esto todos los días cuando sea vieja? Tras cuarenta minutos todo estaba listo, había hecho mi mejor esfuerzo y había llegado la hora de ir al colegió y gracias a la cantidad de tiempo que me tomó prepararme, ya iba un poco tarde por lo que literalmente salí corriendo de mi habitación. Apresuradamente bajé las gradas y recorrí la casa como una autentica velocista hasta que mi padre me detuvo. —“Veo que tienes prisa hija.” —“Hola papá, buenos días.” —“Estaré esperando el conocer a tu amigo el día de hoy.” Su mirada es profunda e inquisitiva cuando habla, casi no parece ser el padre que conozco. —“¿P-por qué tienes esa expresión en tu rostro papá?” —“¿Expresión?” Dijo mientras toca su rostro con desconcierto. “No lo sé, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que dormí acompañado y tu madre se mueve mucho, ¿quizá sea por eso?” —“Jajaja, tienes razón, mi madre tiende a abrazar a la gente cuando duerme.” —“Sí, pero deberías apresurarte o llegaras tarde.” Mi padre hiso un gesto similar a quien espanta un perro callejero. “Espera, antes de que te vayas.” No sé de dónde lo saco, pero mi padre me entregó un sánduche de jamón. “No es bueno que te vayas sin desayunar.” —“Gracias papá.” Salí de la casa con el sánduche en la mano y de vez en cuando le daba una mordida mientras caminaba a paso veloz. Llegué al colegio sin inconvenientes y como de costumbre el inspector ya había cerrado las puertas del colegio, por lo que no tenía más opción que tocar las puertas del colegio con descaro. En respuesta el inspector abrió la puerta con molestia y un rostro como si hubiese estado esperándome. —“¿Otra vez tarde señorita Cruz?” Dijo mientras golpea el suelo con su pie en repetidas ocasiones. —“Jejeje, hola profe.” —“Nada de hola profe, ¿no cree que ya va siendo hora de que empiece a llegar a tiempo?” —“Pues… sucede que es complicado llegar desde mi casa…” —“¡Vive a dos cuadras del colegio!” Dijo mientras su rostro se ruboriza por la ira. “Quiero que le de tres vueltas a la cancha de futbol como castigo y luego podrá subir a sus clases.” Debo decir que gracias a este tipo de castigos gozaba de una salud y físico envidiables, había llegado la hora de mi ronda de ejercicios diarios y lo cierto es que, el inspector siempre me obligaba a hacer ejercicios diferentes como castigo, así que realmente tenía una figura esbelta gracias a eso. Empecé a correr para terminar mi castigo con rapidez, después de todo eran solo tres vueltas o eso pensé hasta que el inspector pareció algo molesto por algún motivo y dijo: —“Pensándolo mejor…” Dijo cuándo me vio tras acabar las tres vueltas. “Quiero que corra otras treinta vueltas alrededor de la cancha.” —“¿Eh? D-dijo… ¿Treinta vueltas?” Repetí con incredulidad. —“Si escuchó bien, ahora empiece a correr.” El inspector golpeo un palo que siempre lleva con él para intimidarme y obligar a correr. —“¡Sí!” Respondí y empecé esa carrera mortal. Por supuesto, diez vueltas después, estaba a punto de escupir un pulmón ¿Cómo es que los chicos hacen esto voluntariamente en el receso? Hasta ese momento nunca me plantee lo extenuante que es correr alrededor de una cancha y los chicos corren de lado a lado de la cancha por aproximadamente cuarenta minutos cuando juegan futbol. —“¡Dios mío!” Supliqué a los cielos por misericordia. “Aiuda.” Y después de completar las treinta vueltas, caí rendida, estaba completamente exhausta. —“Espero que eso le enseñe a llegar a tiempo y no usar maquillaje para venir al colegio.” Cuando escuché eso me di cuenta que hoy había usado una gran cantidad de maquillaje para ocultar mis ojeras y el sudor de mi frente al correr había provocado que ese maquillaje se corriera. Por ese motivo cuando fui liberada de mi calvario, corrí a los baños del colegio tan rápido como puede y cuando llegué frente a uno de los muchos espejos que había en el baño lo vi. —“¡Ahhhh!” Grite con sorpresa. “… parezco un arlequín mal pintado…” Todo el maquillaje y la sobra de ojos se había corrido y debía solucionar eso, por lo que rápidamente abrí la llave de agua y empecé a lavarme la cara. Cuando terminé de lavarme, ciertamente mi imagen no era la mejor, pero no tuve más opción que aceptar ese hecho con resignación y dirigirme a mi aula de clase. Así transcurrió la mañana y el receso finalmente llego, el momento de reunirme con Julio finalmente había llegado. Nerviosamente recorría los pasillos del colegio extremadamente nerviosa mientras me dirigía a la pequeña área verde donde Julio había dicho que me esperaría y por supuesto, él estaba en el lugar que habíamos pactado con antelación, parecía estar tranquilo mientras observaba el danzar de las hojas de uno de los árboles del lugar. —“Hola.” Salude con naturalidad. —“¡¿Estuviste en una pelea o algo?!” Fue lo primero que dijo al verme. —“¡Cállate Julio!” Ese ciertamente fue un comentario completamente innecesario y no pude evitar reaccionar con molestia. “Tengo mis propios problemas, ¿sabes?” —“Jajaja, Ok, ok, lo entiendo, ¿vale?” Julio parecía bastante feliz al verme. Quiero decir, me veo terrible y a él no parece molestarle eso en absoluto. “¿Cómo estuvo tu día?” —“Pues no muy bien, fui castigada por el inspector cuando llegué…” —“Esos castigos son muy incomodos, sobre todo si eres chico…” Dijo algo incomodos. —“¿Por qué lo dices?” —“¿Acaso no sabías que el inspector es Gay?” Por supuesto me sorprendió esa afirmación, ya que realmente no lo sabía, tampoco le había prestado importancia. “Siempre que nos obliga a entrenar encuentra alguna excusa para manosearnos.” —“¿Y nadie se ha quejado?” —“Creo que realmente no importa mientras no sea nada muy… tu sabes… Aquello.” —“Uhm…” Pensé en lo que dijo, pero no pude darle sentido. “No sé qué es “Aquello” pero supongo que, si no les molesta, debe ser algo no tan incómodo.” —“Sí, digamos que es algo como eso.” Luego de decir eso, me preguntó con algo de incomodidad. “Este… perdón que te lo pregunte de esta forma, pero ¿Hablaste con tus padres?” —“Sobre eso…” Hice una larga pausa porque no sabía cómo decirle que mi padre quería conocerlo. —“Ya veo…” Dijo. “Supongo que la vida no es tan simple.” —“¡¿Qué?!” Me exalté. “No, esto es un mal entendido, mis padres dijeron que podrían ayudarte, pero…” —“¿Pero?” —“B-bueno, hay algo que me gustaría preguntarte.” —“¿Qué es?” —“¿Puedes acompañarme al centro comercial del centro hoy en la tarde?” —“Hablas del Caracol, ¿no?” —“Sí.” —“No veo problemas con eso.” —“¡¿De verdad?!” Dije sin ocultar mi emoción. “En ese caso, nos veremos a la hora de salida e iremos juntos.” —“¡¿Hoy?!” —“Pues sí… A menos que tengas algún compromiso.” —“No es eso, solo me sorprendió que fuera tan repentino.” —“¿Entonces no tienes ningún problema?” —“Tranquila, te veré en la puerta del colegio a la salida y luego iremos a donde quiera.” —“¡Julio!” Alguien gritó a la distancia. ¡Ven a jugar, nos falta un jugador! —“¡Voy!” Respondió. “Lo siento, me llaman.” Puso sus manos como si fuese a ofrecer una plegaria en señal de disculpa. “Nos veremos a la salida.” Dijo antes de desaparecer de mi vista. Si soy sincera, aquello fue mucho más sencillo de lo que me había imaginado, pero ese día apenas empezaba y las cosas empezarían a complicarse cuando llegáramos a ese centro comercial.
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