Había llegado el fin de las clases y Mary estuvo molestándome todo el día con lo referente a mi padre, al punto que por primera vez en todo el tiempo que la conozco, pienso que es un poco molesto estar con ella. Supongo que solo era debido a que tenía varias cosas en la cabeza y no tenía ganas de hablar de mi padre, principalmente porque estoy segura de que hubiese acabado mintiendo si lo hubiese hecho.
En ese momento tenía dos problemas muy concretos en la cabeza ¿Qué hacer con el dinero en mi bolsillo? Y ¿Cómo cumplir la promesa que le hice a Julio sin pensar? Me preocupaba que Julio se molestara conmigo si no cumplía esa promesa y que terminara pensando que soy una persona poco confiable.
Así que ese día, volví a mi casa tan rápido como pude para hablar con mi padre. Ya solo podía rogar porque mi padre me ayudará a solucionar ese problema. Sin embargo, me preocupaba una cosa.
¿Qué haría si mi padre le ofrece trabajo a Julio en su cártel? Siendo honesta, no quiero eso. Aunque es probable que Julio gane mucho dinero en poco tiempo, no quiero pensar que la persona que me gusta se convertirá en un criminal en el futuro.
Mi padre es un asunto diferente, porque uno no elige a sus padres y sinceramente, es difícil percibir a mi padre como un criminal. Quiero decir, simplemente su apariencia y actitud no corresponden al líder de una mafia.
De alguna manera solo esperaba que mis buenas intenciones no terminaran explotando en mi cara y mientras caminaba a casa, mi cerebro funcionaba a una capacidad que ni siquiera sabía que tenía. Así, finalmente llegué a la puerta de mi casa.
Por primera vez en mi vida sentía tanto nerviosismo y expectación al entrar a mi propia casa, por lo que empecé a caminar de lado a lado en la entrada de mi casa mientras pensaba qué decirle a mi padre. Ese fue el caso hasta que finalmente, alguien me sorprendió.
—“¿Qué haces Amelia?”
—“¡Ahhhhh!” Grité por la sorpresa.
—“Vamos, no estoy tan feo.” Dijo mi hermano.
—“Me asustaste Leo… ¿Cuánto tiempo llevas ahí?”
—“Pues… Desde que empezaste a dar vueltas sin razón y susurrabas cosas sin sentido, más o menos.” Sentía mucha vergüenza, el idiota de mi hermano me había estado espiando sin decir nada y ahora me sentía profundamente avergonzada al verlo.
—“¡¿Por qué no dijiste nada?!”
—“¿Qué podría haber dicho?”
—“Pudiste saludar o algo, ¿no?”
—“Ahora que lo dices, puede que tengas razón.” Mi hermano se acercó a la puerta de casa y la abrió. “Si me disculpas, realmente me muero de hambre.” Dijo mientras lanzaba su maleta en uno de los muebles de la casa. “¿Tu entraras o te quedaras delirando un poco más en la puerta?”
—“¡Cállate Leo!” En ocasiones los hermanos pueden llegar a ser muy molestos.
Mi hermanó ignoró magníficamente mi comentario y entró a casa sin ningún tipo de preocupación, mientras que al sentirme algo incomoda por lo sucedido simplemente lo seguí. Era la hora de almuerzo y mis padres ya nos estaban esperando con la mesa puesta.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que habíamos comido en familia y a la vez que incomoda y nerviosa, estaba muy emocionada por la ocasión. Pensar que una simple cena en familia podría llegar a ser tan emocionante, hace que mi corazón palpite incluso ahora.
—“Hola mamá, ¿qué hay para comer?” Mi hermano no perdió un solo segundo en preguntar sobre comida, como siempre, su estómago era más importante que cualquier otra cosa.
—“Hicimos camarones apanados, patacones, ensalada y algo de arroz.”
—“Oh, eso suena delicioso.”
—“¿Me ignoras a propósito Leo?” Pregunto mi padre con algo de molestia en su tono.
—“Ehm… No.” Mi hermano realmente pensó en ello y aun así su respuesta fue algo torpe.
—“Hola papá, hola mamá.” Saludé al entrar en la cocina.
—“¡Hija mía! ¡¿Cómo estuvo tu día?!” Como de costumbre, mi padre perdió los estribos cuando me vio y corrió a abrazarme, luego me levantó y me dio un par de vueltas en el aire.
—“Ehm… ¿Bien?” Dije de manera supremamente incomoda. Quiero decir, ya era grande y mi padre seguía tratándome como si fuera al jardín de niños.
—“¡Me alegro! ¡¿Te sirvió el dinero que te di?!” Cuando escuché eso y recordé todo el calvario y preocupación que pasé ese día por culpa del dinero, hicieron que explotara repentinamente y abofeteara a mi padre por reflejo.
—“¡¿Cómo se te ocurre darme más de mil dólares para el almuerzo papá?!”
—“¿Eh? Pensé que quizá… tu sabes, querrías contratar un esclavo para que te llevara el almuerzo hasta tu asiento.”
—“¡¿Quién hace eso?! Además, ¿qué quieres decir con esclavo?”
—“Jajaja, es una broma.” Mi padre puso un tono de voz más serio. “Solo quería ver que harías si te daba mucho dinero, eso es todo. Lo que me recuerda, ¿qué hiciste con el dinero?” Cuando hizo esa pregunta me bajo tranquilamente y me observo.
—“Pues nada, simplemente era demasiado dinero. Ten te lo devuelvo.”
—“Uhm… eso es curioso. Está bien, en ese caso quédate ese dinero y úsalo cuando lo necesites.”
—“¿Quieres decir que simplemente me regalas mil dólares?”
—“Para ser exactos hay diez mil dólares en ese fajo de billetes y sí, te los estoy regalando.” Dijo con una sonrisa. “Cundo hice esto con tu hermano, se gastó más de la mitad del dinero en estupideces, ¿sabes?” Lo cierto es que no me sorprendía para nada, pero si me molestaba haber sido puesta a prueba de esa manera.
—“No me sorprende.” Observé a mi hermano con reproche y él rápidamente apartó la mirada.
—“Bueno, siéntate a comer hija.”
Cuando empezamos a comer hablamos de temas muy variados, pero principalmente de cómo había ido nuestro día en el colegio, nuestras calificaciones y algunas historias sobre nuestros amigos. Cosas así.
Ese tipo de charla casual duró un buen rato, hasta que finalmente me armé de valor y le pregunté a mi madre algo que quería preguntar desde que entré a casa.
—“Mamá puedo hacerte una pregunta.”
—“Claro, mi vida.” Dijo mi madre mientras diligentemente lava los platos que hemos utilizado. “¿Qué puede ser?”
—“¿Pondrás un restaurante como el que teníamos antes?”
—“Uhm…” Mi madre pareció pensar mientras observaba el techo de la casa, como si buscara una respuesta en el cielo. “No lo creo.” Respondía. “Llevar un restaurante conlleva mucho trabajo y lo cierto es que no tenemos necesidad de hacerlo.” Obviamente su respuesta me destrozó, pensé que si mi madre planeaba reabrir su restaurante, podría ayudarle con el dinero que me dio mi padre y a cambio, pedirle que contratara a Julio como parte del personal.
—“¿Por qué lo preguntas hija?” Esta vez fue mi padre quien interino en la conversa.
—“Pues, tengo un amigo que está buscando trabajo y pensé que si mamá tenía planes de abrir su restaurante, podríamos contratar a mi amigo como parte del personal.”
—“Conque un amigo, eh.” Mi padre pareció pensativo. “¿Te importaría presentarme a ese amigo?” Preguntó.
—“¿Eh? ¿Para qué?” Estaba algo desconcertada por el repentino interés que mostró mi padre.
—“Pues… Digamos que tengo interés en conocer a este “Amigo” tuyo.”
—“Eso es…”
—“Muy bien, espero que lo invites a comer mañana y en ese momento hablaremos del trabajo que quieres ofrecerle.”
—“!Espera papá! No creo que él…”
—“No te preocupes, tengo muchos amigos que pueden ayudar a tu amigo con un trabajo, pero de momento solo quiero conocer a ese muchacho.”
—“¿No podría ser en otra ocasión? Digo, esto es algo incómodo…”
—“Ya veo, es incómodo traer a ese chico a casa.” Alegó.
—“Pues, invítalo a comer o algo, yo me pasaré por ese sitio, ¿Qué opinas?”
—“No creo que eso solucione el problema principal, ¿sabes?”
—“Bueno, si quieres que ayude a tu amigo, mi condición es que me dejes conocerlo.” La condición de mi padre era muy difícil de cumplir. Para empezar, no soy tan cercana con Julio y para empeorarlo, básicamente tenía que decirle algo como:
—“Julio, te conseguí un trabajo, pero a cambio debes salir conmigo a comer.” Claro que no, era una idea terrible y no tenía el valor de decir algo así. Sin embargo, también era cierto que quería ayudarlo y esa era la condición que puso mi padre.
—“¿Estaría bien si lo invito a un centro comercial y nos encontramos ahí papá?”
—“Está bien.”
Suspiré un poco más tranquila, ya que, a diferencia de invitarlo a comer, sencillamente invitarlo a pasear por un centro comercial no sería extraño y tenía una buena excusa para hacerlo. Lo que nunca esperé, es que ese momento fuera el detonante de una cadena de eventos extremadamente extraños.