El dinero no compra el amor, pero es una buena carnada

2179 Palabras
Ok, solo quiero decir que hoy es el día más extraño que he tenido en mucho, mucho tiempo. Los pongo en situación, solo imaginen por un segundo llegar a su colegió en una limosina blanca con vidrios polarizados mientras atraen las miradas de todos sus compañeros. Exacto es extraño y obviamente atraerán la atención de la gente, aunque no quieran, era por ese motivo que me negaba a abandonar aquella limosina. No quería salir y que mis amigos me vieran, para que después me hicieran todo tipo de preguntas extrañas. —“Mauricio…” Llamé al conductor de manera dubitativa. —“Dígame señorita.” —“¿Podrías dejarme un poco más adelante? No quiero que nadie me vea bajar de este auto…” —“Entiendo, supongo que eso puede causar algunos problemas.” Afortunadamente Mauricio es alguien comprensivo y accedió con facilidad a cumplir mi petición. Luego de encender el auto me llevó un poco más arriba del colegio y se detuvo en una esquina algo oculta. —“Aquí debería estar bien, afirmó.” —“Sí, muchas gracias.” Mientras suspiraba con un profundo alivio, me permití bajar de la limosina y en ese momento. —“¿Amelia?” No había forma, había olvidado que ese era el camino que usaba Mary para ir al colegio, por lo que me encontré con ella apenas puse un pie en la calle. —“Ehm…. ¡Nop! ¡Persona equivocada!” Me tire de vuelta al asiento de la limosina. Tristemente ya era demasiado tarde. —“¡Oh! ¿Desde cuando tienes un auto como este?” Dijo profundamente impresionada. —“No, Mary te equivocas, esta limosina es de un…” —“Señorita, olvidó su maleta.” Dijo el inoportuno Mauricio, quien ni siquiera ha notado la existencia de Mary. Esto se debe a que me habla por una pantalla led que hay en el asiento trasero de la limosina. “En un segundo saco su mochila del maletero y me gustaría decirle que no bebe avergonzarse de que su padre tenga mucho dinero. Quiero decir…” —“¡Cállate Mauricio!” Grité antes de que mi situación empeorara. —“Ya veo… así que tu padre es una persona muy acaudalada…” Mary midió sus palabras y las posibilidades, pero conocía a esa persona mejor que nadie y sabía que estaba maquinando un jugoso chisme que contar. —“No, Mary. No puedes decirle esto a nadie o tendré que cambiarme de colegio.” Desesperadamente la sujeté de los hombros. —“¿Acaso es tan malo que la gente sepa que tienes dinero?” Dijo Mery con una aparente confusión marcada en sus facciones. —“No es eso, lo que sucede es que…” No podía decirle que soy la hija de un narcotraficante y aunque no nunca he tenido contacto directo con ese mundo, eso no cambia la profesión de mi padre. —“Enseguida saco sus cosas del maletero.” Mauricio es ajeno a mi problema, por lo que sigue actuando como si nada sucediera. —“No, solo abre el maletero, yo misma sacaré mi maleta.” —“Está bien, señorita.” El maletero se abrió y suspiré con alivio. No podía permitir que Mary viera la intimidante apariencia de Mauricio, simplemente no podía. Cuando saqué mi maleta, le hice una señal a Mauricio y él sencillamente arrancó la limosina, luego sonó la bocina a modo de despedida y despareció en el horizonte. —“Eso fue muy extraño, ¿sabes? Creo que exageras un poco Amelia.” —“Pues me esforcé mucho para mantener esto en secreto y ahora alguien lo sabe…” —“Tranquila, si tanto quieres mantener esto en secreto, no le diré a nadie, pero debes invitarme a comer a algún lugar bonito.” —“¡Eres una glotona chantajista, Mary!” —“Jajaja, jamás perdería una oportunidad como está.” —“Bueno, lo que sea.” Simplemente tomé mi mochila y en ese momento me di cuenta que sentía el bolsillo de mi saco anormalmente pesado. Disimuladamente introduje la mano en mi saco y ahí estaba, el fajo de billetes que planeaba dejar en el auto. Estaba tan nerviosa que olvidé hacerlo y la peor parte es que en ese fajo de billetes, fácilmente había unos mil dólares. Obviamente palidecí cuando me di cuenta que tenía mil dólares o más en el bolsillo ¿´Qué pasaba si en un descuido perdía ese dinero? O, peor ¿Qué pasaba si alguien me lo robaba? —“¿Pasa algo malo Amelia?” —“N-nooooo…” Respondí se una manera extraña sin darme cuenta, alargando esa “o” casi como si quisiera cantar. —“Bueno, olvidemos esto.” Como siempre Mary es una persona muy agradable. “Más importante, ¿Hiciste la tarea de matemáticas?” —“Sí, mi hermano me explicó las formulas.” —“Ya veo, realmente te envidio por tener un hermano.” Dijo ligeramente decaída. “Préstame tus apuntes.” —“Con la condición de que mantengas lo que pasó hoy en secreto.” —“Está bien.” Luego simplemente bajamos al colegio conversando de cosas bastante sencillas; cosas como el clima o los helados de la tienda de la esquina, cosas por el estilo. Y así, la rutina diaria volvió a su rumbo normal, el inspector nos regañó por llegar tarde, luego subimos a nuestra aula y nos disculpamos con el profesor, fuimos castigadas; ya saben, lo de siempre. No parecía un día particularmente distinto y salvo por el hecho de que tengo mil dólares o más en mi bolsillo, todo sucede de forma tranquila o ese fue el caso hasta que llegó el receso. Se había vuelto una costumbre para mi ver a Julio practicar algún deporte con sus amigos durante el receso. No porque me gustara. Sí, eso no tenía nada que ver, la razón era que todos ellos eran realmente buenos en los deportes y la forma en la que otros cursos luchaban por quitarles esa la corona y bajarlos de su pedestal, era un drama muy entretenido de ver. Al inicio el ambiente es tan tensó que uno pensaría que ambos equipos se odian, pero cuando suena la campana que marca el final del receso, todo vuelve a la normalidad y parece que esa rivalidad nunca hubiese existido. Personalmente ese factor, me parece muy agradable de ver. Sin embargo, ese día, Julio no estaba jugando y no pude encontrarlo. Fui a la cancha de voleibol y de futbol y no estaba ahí, tampoco en la cancha de básquet o el bar ¿Había faltado a clases? Fue lo que me pregunté. Hasta que en una pequeña zona verde recubierta de pasto encontré a Julio acostado viendo el cielo, esa era la primera vez que lo veía estando solo, por lo que ese pequeño factor llamó mi atención. Cuando me di cuenta ya me había acercado a él y me quedé observándolo con extrañes. —“¿Necesitas algo?” Dijo sin mirarme. —“P-pues yo…” No sabía que decir, todo fue tan repentino que me quedé sin palabras. “Yo solo me preguntaba el motivo por el que hoy estas solo. Cuando hice ese cuestionamiento él se incorporó y me observó. —“Tu eres la chica que siempre observa los partidos, ¿no?” —“¿Eh?” Exclame con sorpresa e indignación ¿Cómo puede ser que me recuerde por eso? Eso quiere decir que ni siquiera recuerda que su amigo es mi hermano y tampoco lo que pasó en la fiesta. “S-si.” Respondí torpemente. —“Espera… ¿Tú no eres la hermana de Leo?” —“Sí, lo soy.” —“Ya veo. Entonces… ¿Qué te trae por aquí? ¿Buscas a Leo?” —“¡No!” Grité con aun más indignación. —“¿Entonces?” —“Solo me llamó la atención que estuvieras solo, eso es todo.” —“Pues, es porque tengo un problema que no sé si pueda solucionar de forma inmediata y estaba pensado sobre ello.” —“¿Problema? Sí deseas puedo escucharlo y si puedo te ayudaré.” —“Jajaja ¿Por qué ayudarías a un tipo que no conoces de nada? Eres un poco extraña, ¿sabes?” —“Metete en tus asuntos.” —“¡Jajaja! Está bien, te lo puedo contar, solo porque eres alguien interesante.” No me gustó la forma en la que me dijo eso, pero de todas formas me senté cerca de él para escuchar lo que tenía que decir. —“No seas presumido y habla.” —“…” Ante mi comentario, Julio simplemente me observó extrañado. Luego se encogió de hombros y empezó. “Bueno, lamento decir esto, pero soy una persona bastante pobre y recientemente me quedé sin trabajo.” Dijo mientras se recostaba nuevamente. “La mecánica en la que trabajaba cerró el mes pasado y tendré problemas para pagar el colegio el mes que viene si no consigo nada.” —“Si tienes tantos problemas económicos, ¿por qué asistes a un colegio pagado? Según recuerdo, siempre estás en el cuadro de honor, ¿no? Podrías aplicar a cualquier colegio fiscal si quisieras.” —“No todos los colegios aceptarían a una persona con mis antecedentes, ¿sabes? Además, me gusta este colegio.” —“¿Y si te presto el dinero?” En ese momento dije eso último sin pensar. —“¡¿Qué?!” Por supuesto Julio se levantó de golpe, increíblemente sorprendido. “Eres cruel para ser tan enana, ¿sabes?” —“Eso es grosero. Además, ¿por qué lo dices?” —“Lo digo, porque esa no es una broma de muy buen gusto, la verdad.” —“Lo digo en serio.” Julio se quedó en completo silencio por un largo periodo de tiempo y posteriormente se rascó la cabeza. —“Agradezco tu generosidad, pero prefiero ganarme ese dinero por mi cuenta.” —“¡¿Por qué?!” Realmente me sorprendió su respuesta. “Tienes un problema, alguien te ofrece ayuda y lo primero que haces es rechazar esa ayuda ¿Cómo alguien puede ser tan idiota?” —“Dicho así, eso duele, ¿sabes?” Él repentinamente se acercó a mí. “¿Y se puede saber qué quieres a cambio de ese favor?” Julio estaba muy cerca, demasiado diría yo. Estaba a una distancia en la que no sería extraño que mis labios tocaran su piel si me moviera solo un poco. —“Estará bien mientras me devuelvas el dinero, ¿o prefieres que te ayude a conseguir trabajo?” —“¿Puedes hacer eso?” —“Sí, mi familia tiene un restaurante en…” Empecé a responder sin darme cuenta por lo nerviosa que estaba, pero había olvidado completamente que mi madre cerró el restaurante cuando nos cambiamos de casa y actualmente solo arrienda ese local. —“¿En dónde? Realmente necesito el trabajo.” Julio parecía muy ansioso por el tema, por lo que no tuve más opción que continuar. —“Espera, creo que sería prudente preguntarles a mis padres antes.” Dije. —“Bueno, eso tiene sentido ¿Me darías tu número de contacto por favor?” —“¿Para qué?” —“Pues… para preguntarte del trabajo y hablar contigo.” Eso era muy repentino, ni siquiera me sabia mi número telefónico y era vergonzoso decirle que no recordaba mi número de teléfono. —“Te lo diré mañana, ¿vale?” —“Está bien.” —“Ahora que lo pienso, ¿por qué tendrías que trabajar a tu edad? Acaso tus padres...” —“Vivo únicamente con mi abuela y ella no tiene la capacidad de pagar el colegio. Estoy agradecido del hecho de que me alimente y me dé un lugar donde vivir, con eso me conformo.” —“Y-ya veo… Lamento haber preguntado.” —“No te preocupes.” Dijo mientras coloca su mano en mi hombro y solo apenas en ese momento noté lo grande y áspera que es la mano de Julio. “Te estoy muy agradecido por ayudarme.” Dijo mientras se retiraba, debido a que la alarma que marca el fin del receso ya había sonado. “No veremos aquí mañana.” Fue lo último que me dijo. Ahora tenía un terrible problema, le ofrecí una ayuda que no tengo la capacidad de ofrecer y para colmo ni siquiera sabía qué hacer. Luego recordé que mi padre estaba en casa y con eso en mente me preparé psicológicamente para hablar con mi padre después de la escuela.      
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