El fin de semana lo pasé en medio de un auténtico calvario, no sabía qué hacer con la repentina confesión de Demian y lo que es peor, no había respondido con claridad que no quería tener nada con él.
En otras palabras, ese chico se hizo a la idea de que había aceptado tener una relación con él y lo peor es que hizo todo eso por su cuenta, presuponiendo cosas sin preguntar por mi opinión. Llegados a ese punto solo podía preguntarme ¿Qué debería hacer?
Podía simplemente decirle que no tenía ningún interés en él, pero no quería lastimar sus sentimientos. Además, era la primera vez que alguien se me declaraba y sin importar que estaba extremadamente molesta por el hecho de que me robo un beso sin mi consentimiento, aún no quería lastimar sus sentimientos.
Por ese motivo rodaba de un lado a otros de mi cama, rodaba cual foca mal herida. Y así, el fin de semana pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando llegó el día lunes, Demian llegó a primera hora de la mañana, tal y como había prometido. En aquel momento estaba profundamente incomoda mientras espiaba por mi ventana, mi hermano ya se había ido y no tenía ningún escudo contra ese atrevido chico.
Por dónde se viera era malo y no podía reunir el valor para ir a la puerta a recibir a esa persona. Después de diez mortificantes minutos, finalmente me armé de valor y bajé a la puerta de entrada.
—“Hola Demian.” Lo salude tratando de ocultar mi incomodidad tanto como me fue posible.
—“Tal como prometí, he venido a recogerte.”
—“Veo que eres un hombre de palabra, pero ¿Te importaría adelantarte?”
—“¿Y eso?”
—“Aun tengo cosas que hacer.” No tuve más opción que recurrir a una mentira descarada.
—“No importa, puedo esperarte.”
—“¡No!” Grité sin darme cuenta. Luego de ser consciente de lo que hice me permití calmarme un poco. “Quiero decir, llegaras tarde si me esperas.”
—“Es así…”
—“Realmente lo siento.” Dije para disimular.
—“Entiendo, en ese caso te veré en el colegio.” Respondió tranquilamente y se estiró para darme un beso.
—“Lo siento, tengo algo de prisa.” Dije entrando a mi casa lo más rápido que pude.
Una vez cerré la puerta de mi casa, me deslicé por la puerta hasta quedarme sentada en el suelo e intenté relajarme, no me sentía nada bien y todo esto estaba pasando porque no pude ser clara, por no tener el valor y decir que no a tiempo.
Luego de quedarme en esa posición por un rato, finalmente me permití gritar con fuerza, estaba frustrada y enojada, la peor parte es que no sabía el motivo. Es un chico lindo, es amable y no le veo ningún defecto visible a simple vista, el problema es que simplemente no me atrae y el que sea tan directo no me gusta, incluso me atrevería a decir que más que encantador, es aterrador.
Como sea en algún momento tenía que recuperarme, pero en lugar de armarme de valor e ir al colegio, subí al segundo piso y le supliqué a mi madre que me dejara faltar ese día a la escuela.
Por supuesto ella rechazó mi petición de manera inmediata, pero cuando vio que empecé a llorar me abrazó y me permitió faltar ese día.
Ese día me quedé en casa, no tenía ganas de hacer nada y solo observaba el techo repitiendo en mi cabeza una y otra vez el momento en que mi primer beso fue robado de una manera repentina. Estaba tan furiosa conmigo misma, solo era un simple beso y aun así, me hacía muy infeliz lo que sucedió.
Las lágrimas empezaron a caer inexplicablemente de mis ojos nuevamente y finalmente me quede dormida.
Así paso el peor lunes que haya tenido nunca, ni siquiera fui capaz de disfrutar un día libre debido a mis caóticos pensamientos.
A la mañana siguiente, desperté con mis ojos rojizos y un poco hinchados, cuando me vi en el espejo parecía una autentica bruja. Ese día tampoco quería ir a la escuela, pero esa opción ya no estaba disponible.
No sé porque lo primero que hice fue mirar a fuera para ver si Demian estaba ahí o no. No obstante, cuando confirmé que la entrada de mi casa estaba vacía, suspiré con un indescriptible alivio y aprovechando que me había despertado temprano, me aseguré de ir al colegio acompañada de mi hermano.