Raquel Savelli hacía gala de su belleza con un vestido purpura rebosante de elegancia y su cabello rubio recogido en un moño.
⸻Mamá, no digas…
⸻La verdad debe decirse tal cual es. Eso era tu hermano y por eso hizo lo que hizo ⸻se giró hacia su invitado y le dio un beso en cada mejilla⸻. Qué bueno verte de vuelta, Ryan Mayz. He escuchado que eres un afamado arquitecto. Te sorprenderá saber que esta casa la construyó el mismísimo Charles Barry.
⸻¿Ah sí? ⸻respondió Ryan sin tener idea de quien era Charles Barry.
⸻Así es, y esos ineptos querían derrumbarla. Esta casa es una obra de arte.
⸻Sí, eso sin duda.
⸻Qué bueno que lo reconozcas. Ya la cena está servida, pasen adelante.
Sin esperar respuesta, Raquel Savelli se dio la vuelta y se fue a su lugar en el comedor, parándose a un lado de la silla en espera de que su marido se la acomodara; este despertó de su trance con un sobresalto y fue para acomodarle el puesto y sentarse en el suyo. Rick los siguió indiferente. Javiera vio a Ryan, puso los ojos en blanco e hizo lo propio.
Ryan fue el último en sentarse.
El comedor estaba rodeado de lo que fácilmente podría interpretarse como un altar a los Savelli. De las paredes colgaban, formando un círculo, fotos familiares que ocupaban todo el espacio. Las fotos del centro pertenecían a Gabriel, obviamente en una señal de jerarquía absoluta; en casi todas aparecía con un semblante serio y apático carente de humor. En el siguiente nivel estaban las de Raquel, la segunda al mando; no sonreía igual que su esposo, pero la imagen era completamente diferente; en su temple gobernaba la autoridad, el orgullo y la dignidad que el fotógrafo supo capturar muy bien. Les seguía Hernán. Ryan se detuvo un momento a contemplarlo. Su amigo parecía fuera de lugar en todas las fotos; tenía el cabello largo y castaño hasta los hombros, unos ojos pequeños para una boca muy grande y una piel tan pálida como la de su hermanito; su gesto siempre fue indeciso como si no supiera que cara poner mientras le tomaban la foto y terminaran agarrándolo desprevenido. En las únicas imágenes donde una sonrisa se asomaba con disimulo, eran esas donde abrazaba a su hermana. Ryan movió la cabeza, saludándolo. He venido a visitarte, amigo. Después estaba Javiera, resplandeciente en cada foto, siempre sonriendo, siempre alegre, con esos ojos coquetos pero inocentes de un azul infinito. Finalmente, el pequeño Rick tan parecido a Hernán y mostrando su sonrisa infantil.
Había muchísimas fotos de todos, pero muy pocas de Hernán. En verdad muy pocas.
En el centro de la mesa se sentó el señor Gabriel Savelli, como cabeza de la familia. A su derecha se sentó el pequeño Rick. Ahora que no está Hernán, Rick debe ser algo así como la mano derecha de su padre. El heredero. Frente al niño estaba Raquel y a un lado de ésta, su hija. Ryan se sentó al lado del menor de los Savelli y con la mirada saboreó la comida.
Salmón con crema de maíz y eneldo acompañado del mejor vino que hubiese probado en su vida.
Todos dieron las gracias y comieron en silencio. Gabriel Savelli le lanzaba vistazos a su hija con disimulo, pero ella le evitaba la mirada y veía hacia cualquier otro lado que no estuviera él; actitud que le pareció muy extraña a Ryan. Raquel era lo contrario, miraba a su esposo casi sin pestañear, más en su semblante no había amor ni ternura, sino una frialdad impasible e imperturbable como si estuviera leyendo un libro aburrido. Gabriel evitaba mirar a su mujer. Rick por su parte no dejaba de ver el plato, aunque comía con mucha lentitud. Muchas veces tomada los cubiertos, lo soltaba suspirando y se quedaba observando su comida como si esperara que esta le hablase. Nadie decía nada ni daban muestras de querer compartirse algunas palabras. Ryan se preguntó si antes de la muerte de Hernán eran así. Gárgolas apostadas sobre sillas evitando mirarse unos a otros, y en las contadas ocasiones que se veían, el desprecio de sus ojos cortaba más que mil cuchillas.
Son una familia que ha perdido un hijo.
⸻¿Cómo se conocieron Hernán y tú? ⸻dijo Javiera de repente mirándolo con atención.
Todos los Savelli se giraron a verlo.
⸻Creí que ya conocías esa historia.
⸻Yo era muy pequeña en ese entonces. Me gustaría saberlo.
⸻Yo tampoco me la sé ‒agregó Rick.
⸻Fue durante algunas vacaciones, ¿no? ‒preguntó la señora Savelli con un mínimo interés.
⸻No, fue en el colegio.
⸻Hernán no hablaba con nadie en su escuela.
⸻Conmigo sí.
⸻¿Cómo sucedió? ⸻Javiera lo miraba emocionada. Incluso Gabriel Savelli prestaba atención.
⸻Bueno…⸻Ryan soltó los cubiertos y se echó atrás en su silla⸻ Fue en el colegio. Lo recuerdo muy bien. ⸻Sí, había sucedido hace tanto… Pero hay recuerdos que, aunque pequeños en su momento, jamás se olvidan⸻. Estábamos en clases de química. Yo había faltado a las clases anteriores debido a una gripe que me dio y apenas me estaba poniendo al día. Cuando llegué, la profesora nos pidió una lista de grupos para un trabajo del que yo ni siquiera estaba consciente. Ya todos los grupos estaban hechos y ninguno me incluía. Unos cuantos amigos intentaron meterme en el suyo, pero ya eran cuatro y éste era el máximo. Nos encontrábamos discutiendo con la profesora tratando de persuadirla cuando Hernán se acercó y me dijo que, si quería, podía hacerlo con él, ya que después de todo, también estaba solo.
Por mucho tiempo creyó Ryan que Hernán se le había acercado en busca de un compañero. La verdad era otra. Hernán era un chico tan callado como su padre y su pequeño hermano. Melancólico y alejado del mundo. Estaba acostumbrado a su soledad y de cierta forma le tenía cariño. Nunca dio muestras de quejas cuando pasaba las tardes solo caminando por los pasillos del colegio, o sentado en el patio sin ninguna compañía. Incluso al salir de clases no se despedía; salía como una flecha por la entrada principal y no se volvía a saber de él hasta el día siguiente, aunque poco importaba si se enfermaba y no asistía a clases más nunca. No destacaba en ninguna materia. Los profesores le tenían aprecio por su tranquilidad, pero criticaban su falta de emoción, llamándolo inadaptado cuando creían que nadie los escuchaba. Esta era su vida y estaba bastante acostumbrado a ella. Resignado. Pero al ver a otro chico en un apuro similar al suyo, ⸻aunque él no viera su situación como un problema⸻ no pudo evitar ofrecerse a ayudarlo. Eso es lo que quería: ayudar a Ryan para que no estuviera solo y tuviera que gozar de la soledad tal como lo hacia él.
No fue sino hasta conocerlo mejor que Ryan se dio cuenta de esto.
Al enterarse de quien sería su compañero, no reclamó tanto como lo hubiesen hecho otros alumnos. Sabía tan poco de Hernán como éste de él; incluso hubiera jurado que era nuevo en el colegio, ignorando que habían estudiado dos años anteriores juntos. Pero Hernán resultó ser un buen compañero, siempre dispuesto a seguir consejos, responsable y ordenado con la tarea que se le encomendara. Esto fue lo primero que le gustó de Hernán; pues para alguien como él, que disfrutaba teniendo todo bajo control, un amigo como ese era un regalo del cielo. Al conocerlo más pudo notar otros detalles. Hernán nunca hacía nada por sí mismo. Él solía bromear diciendo que, si en algún momento llegaba a empujarlo y tirarlo al piso en pleno recreo, Hernán no haría nada; simplemente se quedaría ahí, echado como un saco, viendo el techo hasta que llegara la hora de salida, momento en el que se levantaría, iría a su casa y volvería al siguiente día como si nada. Porque eso hacía por él mismo: nada. Si tenía hambre, comía, desde luego, pero si se le antojaba algún capricho como un simple dulce, se abstenía de comprarlo. Nunca se defendió de la burla de otros. No hacía en sus trabajos más de lo necesario para impresionar a su profesor, solo se limitaba a hacer lo suficiente para pasar con una nota decente. No intervenía, no buscaba puntos. No pedía que le pasaran el balón y mucho menos que lo escogieran en un equipo. No daba su opinión. Hernán se limitaba a existir.
Pero todo esto cambiaba si el amenazado era Ryan.
Incluso en los primeros días de su amistad, el chico siempre estuvo a sus órdenes, preguntándole que le parecía mejor entre aquello y lo otro, o cual sitio le convenía más para reunirse. Al terminar el trabajo, Ryan se vio acosado por un grupo de alumnos mayores buscando a quien molestar. Hernán no intercedió directamente. Al darse cuenta de lo que sucedía, alertó a una coordinadora a tiempo para que evitara que a su nuevo amigo le cambiaran los dientes para siempre. Ryan fue acusado de cobarde después de esto, pero poco le importó, se sintió agradecido, sumamente agradecido y decidió prestarle más atención a ese chico callado de la clase.
Poco a poco fue naciendo la amistad, del mismo modo en que nace cualquier otra. Pequeños puntos en común encontrados tras largas conversaciones y chistes cada vez más atrevidos y más personales a medida que pasa el tiempo. Un lazo que se va forjando con una confianza que aumenta y las anécdotas de dos seres separados se convierten en uno solo. Dos vidas comunicadas y entrelazadas por el acuerdo mutuo de la convivencia. Ese momento en que un desconocido sube de rango, ganándose su título, y poco a poco, paso a paso, se va convirtiendo en un ser especial y relevante en tu vida, sin que puedas saber exactamente cuando ocurrió el cambio. Cuando pasó de ser un cualquiera, a uno más, y luego alguien único. Uno de esos amigos a los que te acostumbras a contarle tus momentos de tristezas, sabiendo que te ofrecerá el bálsamo que necesitas. Una amistad bendita fortalecida entre risas y llantos. El socorro para aquellos náufragos desamparados ajenos a la existencia, enviando cartas en botellas por el mar en espera de alguna respuesta. Ambos chicos, hermanos de vientres diferentes, sin ninguna obligación que los una, pero que aun así deciden ser parte de la vida del otro con la esperanza de que esta promesa no cambie.
Cuando ganas un amigo así, todo es diferente.
Pero también cuando lo pierdes.
Ryan les contó la historia con éxtasis. Sentía un rubor extraño y una emoción subiéndole desde el estómago al recordar los primeros días de haber conocido a ese que ahora no volvería a ver. A ese que ahora yacía bajo tierra con un agujero de bala en la cabeza.
Usó la servilleta para limpiarse y disimular las lágrimas que amenazaban con salir. Javiera lo miraba desde el otro lado de la mesa, sonriendo, pero en sus ojos se asomaba la amenaza de llanto; brillosa bajo la luz de un candelabro. Su padre miraba a la mesa y una lágrima resbalaba por su mejilla, sin preocuparse en ocultarlo.
Raquel Savelli lo veía con asco.
⸻No es raro de Hernán que se buscara a alguien que le dijera que hacer.
⸻No me buscó por eso.
⸻Claro que sí. Él no tenía personalidad, ideas ni liderazgo. El hecho de tener a alguien que le indicase todo debió de encantarle.
⸻¡Mamá!
⸻Hernán quería ayudarme ⸻dijo Ryan entre sorprendido y molesto.
⸻Sí, sí, todos hablan del buen Hernán que ayudaba a sus amigos.
⸻Es verdad, siempre se podía contar con él.
⸻No es como que pudiera hacer gran cosa.
⸻Lo intentaba.
⸻Pero no por su familia. Hasta se suicidó egoístamente sin importarle lo que eso le pudiese causar a su hermanito.
⸻¡Mamá!
Javiera estaba roja de ira. Gabriel Savelli miraba por la ventana, ausente y ajeno a lo que ocurría en su mesa. Rick había acelerado el paso en que comía; picaba tan rápido como se lo permitían sus pequeñas manos y se tragaba la comida sin apenas masticar.
Raquel Savelli comía con tranquilidad, masticando con aburrimiento.
⸻Hernán se preocupaba mucho por ustedes.
⸻¿Por eso se suicidó?
⸻Se suicidó por qué… ⸻Ryan no sabía que responder.
⸻Por qué era débil, siempre fue así. Llorón, triste, llevando consigo más penas que glorias.
⸻No puedo creer que estés diciendo eso. Hernán sufría de depresión. ⸻dijo Javiera con lágrimas en los ojos.
⸻Y yo no puedo creer que lo estés negando. Eso se cura yendo al psicológico.
⸻Señora Savelli ‒comenzó a decir. Estaba aireado, con ganas de insultar a esa mujer. Lo dijo todo con lentitud, midiendo bien sus palabras⸻, no creo que sea correcto insultar de ese modo la memoria de su hijo, sobre todo teniendo a su hijo menor presente.
⸻Ahora no es mi hijo menor, es mi único hijo varón y es mejor que escuche. Tal vez así aprenda algo y no sea una plaga como su hermano.
Al oír esto, Rick dejó caer su tenedor al suelo y se agachó a recogerlo, quedándose bajo la mesa mucho más tiempo del necesario.
Javiera se levantó de golpe, fulminó a su madre con la mirada y se fue a la cocina. Su padre se levantó y fue tras ella. Raquel los siguió a ambos con una mirada penetrante y helada, para luego seguir comiendo con tranquilidad.
A Ryan le palpitaban los oídos. Nunca había escuchado a una madre hablando así de su hijo. Y seguramente no era la primera vez. Hernán tuvo que haberse aguantado muchos insultos de aquella mujer, muchas humillaciones; muchas formas de ser degradado por la persona que te trajo a este mundo solo para después tratarte como a un basurero. Un pollo mal cocinado al que se le mira con asco. Estaba indignado, estaba enojado. Insultar la memoria de su amigo de esa forma, y en su cara, con la misma frialdad con la que juzgaría una película mediocre…
Cuando iba a decir algo, ella le interrumpió.
⸻Ni se te ocurra contradecirme. Esta es mi casa. Además, independientemente de lo que diga Javiera, yo conocía bien a mi hijo.
Ryan se quedó sentado apretando los nudillos con fuerza. Ni siquiera se dio cuenta de que había terminado hasta que Rick se le adelantó.
⸻Mamá, ya terminé de comer, ¿puedo retirarme?
⸻Claro, mi amor.
El niño saltó de su silla y corrió al salón.
Ryan no supo si tenía que pedir permiso o no, pero tomó su plato, el de Rick y se dirigió a la cocina.
Nada más entrar, padre e hija dieron un salto y se separaron de golpe. Estaban muy juntos en la cocina, en un aparente abrazo, bajo la luz tenue de una farola al otro lado de la calle. Gabriel Savelli vio hacia otro lado, pero Javiera se le acercó esforzándose por sonreír.
⸻Dame los platos, ni que tú los fueras a lavar. ⸻le temblaban un poco las manos, así como la comisura de sus labios. La nariz ya empezaba a enrojecer.
⸻Quería agradecerles por la comida.
⸻No tienes que hacerlo, pero espéranos en la sala mientras yo los lavo, ¿sí?
Cogió ambos platos y se fue al fregadero. Su padre seguía ahí sin ver a ningún lado. Ryan salió, casi tropieza con la señora de la casa que estaba al otro lado de la puerta, ¿espiando? Por un segundo, la dureza de sus ojos desapareció, dándole paso una pena insufrible como si hubiese presenciado algo doloroso. Pero no le dijo nada, lo ignoró y subió por las escaleras sin mirar atrás. Ryan juraría haber escuchado un sollozo, pero le siguió el ejemplo y se fue a la sala donde encontró a Rick sentado. Intentó hablarle, pero apenas lo había saludado cuando el niño salió corriendo por las escaleras detrás de su madre.
No deben de recibir muchas visitas.
Se quedó sentado esperando a Javiera.
Por las ventanas se filtraba la oscuridad de la noche opacando las pobres luces de la calle. Los sonidos de grillos y demás habitantes en la tierra no se hicieron esperar. Las estrellas coronaban el cielo y la temperatura disminuyó lo suficiente para hacerle ver la fogata con anhelo.
Javiera y Gabriel Savelli aparecieron por el comedor.
⸻Creo que ya es hora de irme⸻ anunció Ryan poniéndose de pie.
Ninguno de los dos lo contradijo.
La cabeza de los Savelli le estrechó la mano sin mediar palabra y subió por las escaleras como el resto de su familia.
Javiera lo tomó por el brazo y lo llevó por el pasillo hacia la salida.
⸻Perdón por hacerte venir solo para que vieras eso.
⸻No fue tu culpa.
⸻Sí, lo sé ⸻respondió ella son sequedad.
⸻La he pasado bien.
⸻Sí, claro.
⸻La comida estaba deliciosa.
Habían llegado al portal y Javiera lo veía con una sonrisa. En otras circunstancias, esa sonrisa tendría un aparecían picara, pero en esas no estaba tan seguro
Ryan dio un paso atrás.
⸻Me hubiera gustado que mi familia te tratara mejor.
⸻No estuvieron tan mal.
⸻¿Estarías dispuesto a lidiar con ellos otra vez?
⸻Pues…
⸻Quiero tratar de mantenerlos fuera de la casa. Aquí hay demasiados recuerdos. Pensaba convencerlos de ir mañana al parque. Me gustaría que fueras.
⸻No sé si a ellos les gustará la idea.
⸻No dirán nada, por favor.
Ella le tomo las manos y le miró suplicante. Ryan no se pudo negar y la vio sonreír radiante.
⸻Mañana entonces, a las dos ⸻dijo para terminar y lo abrazó para después plantarle un beso en la mejilla y entrar a su casa.
Ryan bajó los escalones con un nudo en la cabeza y un extraño presentimiento. Esperó un taxi durante veinte minutos hasta que por fin se presentó uno, se subió y puso rumbo al hotel.