Era la primera vez que entraba a la casa de los Savelli. No sabía muy bien que conclusión sacar. Durante sus años de amistad, Hernán se negaba rotundamente a invitarlo a su casa, y casi tanto a hablar de su familia. Hablaba muy poco de su padre y casi nada de su madre, aunque le encantaba comentar las travesuras cometidas por una pequeña Javiera. En los pocos días en los que vio a los Savellí, ya sea en una reunión de padres y alumnos, la graduación o algún evento especial, siempre se presentaron como personas elegantes, educadas, refinadas y distantes. En especial distantes. Veían al resto en silencio y por encima del hombro, no diciendo más de un saludo ocasional cuando de verdad hacía falta y nunca aportando gran cosa en una conversación.
Intentó imaginarse como fue crecer en una casa como esa. Con una madre fría y pragmática que te desprecia, un padre callado y poco paternal, que ofrece tanto calor como una tormenta y una hija que desde su nacimiento se muestra como una gran promesa mientras tu eres el hijo mayor que no da la talla. Que decepciona a los que ama y no conoce el consuelo que es tan menester en una familia. La alegría de sentarse juntos a celebrar los logros, los consejos tan necesarios de escuchar en la voz de aquellos que te crían. Sabes que con el pasar de los años, crecerás siendo lo que ya eres y nunca escucharás a nadie decir que está orgulloso de ti. Nadie te abrazará ni te recibirá como un regalo por recompensarte por tu esfuerzo. No. Lo único que recibirás es un puñal por cada equivocación
No me sorprende que se suicidara. Le dijo una voz maquiavélica en su cabeza.
En ese momento el taxi se detenía
⸻¿Qué sucede?
Estaban a media vía.
Detrás de ellos un auto con luces rojas y azules se les acercaba mientras ambos coches reducían la velocidad. El policía se detuvo detrás de ellos, apagó las luces y se apeó. No se le distinguía la cara por la oscuridad y el contraste de las luces traseras del taxi.
⸻¿Problemas con la autoridad? ⸻le preguntó al taxista.
⸻No que yo sepa, ¿y usted?
No que yo sepa
⸻Buenas noches ⸻dijo el oficial con cortesía al ponerse a la altura del conductor⸻. Usted puede seguir si quiere, pero necesito que su pasajero se baje. Está siendo buscado por asesinato, violación y mutilación.
El taxista abrió los ojos espantado. Por el retrovisor vio a Ryan como si tuviera al diablo sentado en su asiento trasero, con un horror inmenso. Las manos le temblaron sobre el volante.
⸻Yo no sabía, le juro que yo no sabía.
Ryan estaba mudo del asombro. El oficial le golpeó con los dedos en la ventanilla y le hizo una señal de que se bajara. El taxista lo veía echado hacia adelante sobre volante, como queriendo apartase lo más posible de él. Ryan podía tener escondida un arma mortífera con la que asesinara a mil hombres antes, ¿no? Completamente lógico. El alivio infinito se le reflejó en la cara cuando vio al “asesino-violador-mutilador”, salir de su auto y no había terminado su pasajero de poner los dos pies sobre la tierra cuando ya el taxi había acelerado a toda velocidad, perdiéndose en la noche.
Ryan lo observó un momento atónito. No estaba preocupado, obviamente sería un error; pero un presentimiento le decía que sería un error caro.
Se fijó en el policía que estaba ante él observándolo con una sonrisa de oreja a oreja.
No eran muchas las luces que lo ayudaban, pero pudo ver a un hombre de baja estatura, unos cincos centímetros más bajo que él; fornido y con la manga de los brazos apretados. Un revoltoso cabello rubio le coronaba la cabeza sobre una cara bronceada de ojos verdes claros, mentón firme y boca igual.
⸻¡Maldito seas! ⸻Exclamó.
El oficial rompió a reír.
⸻Que te jodan, Samuel.
Samuel Mcfly, nada más y nada menos. ¿Quién sería lo suficientemente idiota para presentarse de esa forma en plena noche? El oficial que vio discutiendo en el entierro y su antiguo amigo. Bueno, en honor a la verdad, no eran tan unidos que digamos; pero Samuel era un buen compañero cuando se le necesitaba y un ser indispensable en las fiestas.
A pesar del enojo, se dieron un abrazo fraternal.
Samuel no dejaba de reírse.
⸻¿No viste la cara de ese taxista? Creí que te golpearía con un crucifijo o algo así.
⸻¿No podías llamar a mi hotel como una persona normal? Tenías que aparecerte así y hacerle cagar en sus pantalones.
⸻ A la vida le hace falta algo de diversión, Ryan.
“De verdad que no ha cambiado”
⸻¿Qué haces aquí de todas formas? ⸻Le preguntó Samuel.
Dudó, no sabía por qué, pero dudó. El modo en que Samuel había mirado a Javiera durante el entierro… Una pequeña alarma silenciosa se encendió en su cerebro, aunque él no pudiera si quiera dilucidar el por qué.
Samuel lo miró con severidad durante dos segundos y luego volvió a reír.
⸻Siempre has sido una mierda mintiendo. Te quedas mirando fijamente mientras se ve en tus ojos como tu cabeza está trabajando la mentira.
⸻No te he mentido.
⸻Pero estabas a punto de hacerlo. No me ibas a decir que andabas donde los Savelli.
Ryan se sorprendió.
⸻¿Cómo sabes eso?
⸻Un buen policía tiene que estar siempre informado ⸻se colocó los pulgares en los bolsillos con orgullo.
⸻A la mierda con eso, ¿Javiera te lo dijo?
⸻Esa chica no me hablaría ni aunque le pidiera testificar contra un crimen.
⸻¿Entonces cómo…?
⸻Eso no importa.
Sí importaba.
⸻Te vi en el funeral ⸻Samuel cambió de tema⸻, no creí que te vería. Pensé que estabas a miles de kilómetros de aquí metiéndote más y más dinero en el trasero.
⸻Sí, y saqué el dinero de mi ano para venir. No podía faltar. Tú sabes, era Hernán…
⸻Sí, hombre, lo sé ⸻dijo Samuel taciturno y bajó la mirada. Volvió a subir la cara sonriendo como un niño y agregó⸻. Y ahora te follas a la hermana.
Ryan lo empujó, haciéndole retroceder menos de lo que le gustaría. Samuel Mcfly, pese a la estatura, poseía fuerza.
⸻¡No tiene nada de malo! Yo también lo haría, ¿le viste las piernas durante el entierro? Dios hizo esas piernas para que fueran abiertas.
⸻Tu amigo acaba de morir ⸻se le ensombreció el semblante al hablar⸻, ¿y hablas de cómo te gustaría tirarte a su hermana?
Casi había olvidado ese otro aspecto de Samuel Mcfly; ser patán, grosero y bastante fuera de lugar.
⸻Yo hablo de eso, pero eres tú quien lo está haciendo ‒se defendió risueño.
⸻Nada más me invitó a cenar.
⸻Y los vi muy junticos ayer.
⸻Y ahí estábamos hablando. Las mujeres no solo sirven para llevarlas a la cama, Mcfly. Ella está muy afectada por lo de su hermano. Creo que solo busca a alguien con quien hablar de eso, con quien compartirlo. Como si se sintiera sola
⸻Tan afectada y tan sola que planeó una cena para un hombre con dinero recién llegado y lo invitó a dar unas vuelticas por el parque con su familia.
En ese momento Mcfly cerró la boca de golpe. La había cagado.
⸻¿Cómo sabes lo del parque? ‒ Preguntó Ryan receloso.
⸻Adiviné.
Ryan dio un paso adelante, Samuel dio un paso atrás.
⸻¿Nos estabas espiando?
⸻Se le llama investigación policíaca.
Tuvo que aguantar las ganas de darle un puñetazo.
⸻¿Por qué demonios nos estabas espiando?
⸻¿Algún problema con eso? ¿Te dijo algo? ¿Viste algo?
La indiferencia de la madre, la mudez del padre, la inanición emocional del niño, las lágrimas de Javiera, el rostro sin felicidad de Hernán viéndole desde le pared. Sí, había visto muchas cosas, pero nada que a Mcfly le interesara.
⸻¿Algo cómo qué?
⸻No sé, Ryan. Dios. Algo interesante
⸻¿Cómo las bragas de la Señora Raquel? Esa es tu definición de interesante.
⸻Preferiría ver las de su hija. ¡Lo que daría por quitárselas yo mismo!
Ryan le dio la espalda con la intención de irse. Samuel lo detuvo con una mano en su hombro.
⸻No lo tomes a mal.
⸻Lo que haría Hernán si te escuchara.
⸻No haría nada, y lo sabes. Nunca hacía nada. Bien podías despotricar contra toda su familia sin que él se inmutara. De hecho, creo que hasta te daría la razón.
⸻¿Por qué dices eso?
⸻Para nadie es un secreto que Hernán fue el desprendido de su familia
Era verdad. El modo en que su madre habló de él…
⸻Además, ⸻continuó, esa familia tiene más trapos sucios que una lavandería. Ese padre callado, esa mujer estricta, y su hija; su hija es la peor. Esa chica es una ninfómana manipuladora, Ryan. Es un demonio con falda y nalgas divinas.
Esta vez no pudo evitarlo y le lanzó un puñetazo que Samuel esquivó con facilidad echándose a un lado.
⸻Podría llevarte preso por atacar a un oficial.
No respondió, la rabia le hacía torbellinos por el pecho y se le escapaba con jadeos.
⸻Cállate, Mcfly. Será mejor que te calles. No me importa que lleves uniforme, sigues siendo el chico molesto que siempre habla sin pensar.
⸻Que me digas eso me duele, Ryan ⸻respondió montándose un exagerado melodrama y suspiró⸻. Entiendo que no has estado por aquí, pero esperaba más de ti, hombre. Si es cierto que nunca fuiste muy inteligente.
⸻¿Qué demonios era lo que esperabas?
Samuel lo observó un momento, dubitativo. Samuel Mcfly reflexionando, eso sí era toda una novedad. Pero el esfuerzo mental era demasiado grande y Mcfly apartó los pensamientos con un manotazo.
⸻Nada nada
⸻¿Qué te pasa, Samuel? Hernán acaba de morir y tú aquí, haciendo chistes sobre su hermana, hablando mal de su familia.
Samuel bajó la mirada y por primera vez en la noche parecía arrepentido.
⸻Lo sé, pero, vamos, no es gran cosa, solo un par de chistes. Yo también lo extraño, hermano. No esperaba que Hernán hiciera eso. Tenía sus problemas, claro, y nunca fue muy festivo que digamos. Para llevarlo alguna fiesta tenías que recurrir a alguna droga, pero de ahí a suicidarse…
Ryan lo entendía. Lo entendía muy bien.
⸻¿Por qué nos espiabas?
Como respuesta recibió una sonrisa sarcástica; la careta defensiva clásica de Samuel.
⸻Eso no importa, sigue en lo tuyo. Ve a un par de fiestas, consigue unas putas, construye un edificio por aquí o yo que sé. Lo que sea. Pero aléjate de los Savelli.
Tras decir esto se encaminó hacia al carro.
⸻¿¡No me vas a llevar!?
⸻No puedo llevar civiles ⸻dijo con una mueca de burla⸻. Y si quieres un consejo, consigue un auto. Cada taxista de esta ciudad debe saber ya que eres un asesino y un violador que mutila a sus víctimas
Encendió la patrulla y se marchó. Ryan lo vio alejarse. Tenía unas cuantas dudas en la cabeza. Entre ellas, cómo llegaría a su hotel.
Maldito seas, Samuel Mcfly