Memorias

3806 Palabras
            La noche puede ser día y viceversa; intercambiando papeles como dos niños que intercambian juguetes. El día puede ser frío imitando un glaciar; pero la noche puede arder quemándote la piel con su caricia, como si de un tatuaje creado por las estrellas se tratase. Un oxímoron retratable. La noche calurosa interrumpe el sueño y le deja la puerta abierta a los pensamientos; ellos entran, bienvenidos por cuenta propia, y se alojan donde les plazca. No se les puede huir, hacen acto de presencia como visitantes desafortunados y se quedan hasta que la fiesta se termine. Dado el caso, los pensares se convierten en imágenes trasnochadas, deformadas por el insomnio. Imágenes de un hombre gritando mientras su soledad lo aplasta al hacer su dedo un último movimiento. Imágenes de una mujer maltratadora de semblante oscurecido, con un mazo de juez en mano, dejándolo caer con fuerza sobre ti, que huyes despavorido sin tener a donde ir. O imágenes de flores que te abrazan con sus pétalos, te besan; mientras otra flor más vieja y marchita lanza espinas a diestra y siniestra. Todo desaparece y llega un ventarrón que te aleja de todo: de las flores bellas o espinosas, de la mujer con su mazo, del hombre gritando. No tienes la suficiente fuerza para resistirse así que solo te dejas llevar. Porque, a fin de cuentas, no puedes vencer al viento. De hecho, no puedes vencer nada.             Ryan abrió los ojos y todas las posibles imágenes desaparecieron como una vela al ser soplada.  El sol le llamaba desde la ventana mientras las sábanas suaves sobre su piel desnuda le invitaban a seguir acostado. El cielo azul no tenía muchas horas de haber aparecido. A las nueve de la mañana la ciudad está activa, pero no en su punto más alto. Se quedó viendo por segundos el techo tratando de darle sentido a sus sueños; pero por más que lo intentó solo vio formas borrosas sobrepuestas unas con otras. El viento, las flores, la mujer. De haberse tomado la molestia de pensarlo un poco más, Ryan pudo haber sabido fácilmente el significado de la mujer con su maza, de la flor que lo besaba y la otra que le escupía espinas por ello, pero recordó su compromiso de ese día y la perspectiva le parecía tan poco agradable que se sentía como un niño que despierta sabiendo de su visita al odontólogo.             Tardó unos minutos en despertarse por completo y muchos más en levantarse.             No tenía nada que hacer hasta las dos de esa tarde, pero se movía tan lento que los minutos avanzaron más rápido que él. Lo dejaron atrás. De algún modo se las arregló para perder toda la mañana cepillándose, arreglándose; un baño muy largo, un programa de televisión ocasional y un desayuno sencillo consistido por un par de sándwiches con un refresco de lata. Al medio día Ryan Mayz ya estaba listo y casi ⸻casi⸻ dispuesto a enfrentarse nuevamente con los Savelli. Con un poco de suerte ⸻que agradecería⸻ alejar a los Savelli de sus dominios los convertiría en seres más agradables; casi apreciables como si el sol les nutriera los ánimos y los sentidos de la sociabilidad. Nada perdía con fantasear un poco, ¿no?             Se dijo que estaba loco por haber aceptado después de la escena anterior. Una madre dura, un padre distante, un niño melancólico y una chica entristecida. Vaya pinta que tenía la familia y él estaba a punto de unirse al cuadro general; el casi desconocido extranjero que viene a unificarse con lo demencial. Su lugar no estaba con ellos. Era un intruso entrometiéndose en la pena. La empatía le decía que compartían el mismo dolor, pero lo dudaba cada vez que recordaba las palabras de Raquel Savelli, y saber que ni siquiera su señor esposo se dignó a contradecirla le hizo pensar que realmente no podía ser más diferente a ellos. Pero Javiera se lo había pedido. La única con la que más o menos podía intercambiar palabras.             Después de lo de ayer, tampoco estará muy animada.             Pero bueno, un compromiso es un compromiso.             A la una y treinta de la tarde Ryan estaba saliendo del hotel, y a las dos ya esperaba puntualmente en la entrada del parque.             Los autos pasaron sin gobierno por delante de la carretera. De un lado a otro se movían familias, parejas, y demás visitantes, entrando y saliendo, apresurados o lentos. Metáforas de una sociedad y su variedad. Un cielo sin nubes cubría el lugar, con un viento caliente pero existente que de vez en cuando le daba un beso. Vendedores ambulantes pusieron a la venta sus aguas, bebidas y hasta helados para aquellos afectados por el calor. Gracias a ellos a la acera le llegó el olor de perros calientes, de hamburguesas, de carnes cocinadas al aire libre; un olor apetecible como un manjar mundano, haciendo agua la boca de los transeúntes. Entre la multitud aparecieron los Savelli. Con sus ropas casuales incluso parecían personas normales. La cabeza de la familia y su esposa iban por delante, con paso decidido y sin mirar a los lados. Detrás de ellos estaban los hijos, Javiera y Rick, sujetados por las manos. Javiera, al verlo, se apresuró hacía él arrastrando a su hermanito, quien se dejó llevar sin que le importara mucho.             ⸻Me preguntaba si vendrías.             ⸻Mi palabra se cumple.             Raquel y Gabriel Savelli apenas le dirigieron un saludo no tan amistoso como educado. Rick intentó hacer lo mismo pero las palabras se le ahogaron antes de salir y bajó la cabeza con pena.             ⸻Buenas tardes ⸻dijo la mujer con su aire insolente⸻. Parece ser que piensas ocupar el lugar de Hernán, Ryan, ¿También compartirás su final?             ⸻Esperemos que no.             ⸻¿No tienes familia a la cual visitar?             ⸻Toda mi familia se fue de la ciudad junto conmigo, señora. Mis padres se encuentran en España, donde son muy felices, por cierto.             ⸻Allá deberías estar. No aquí.             Probablemente tenga razón.             Si Raquel fuera su madre, no la visitaría ni, aunque esta le ofreciera beber la fuente de la juventud.             ⸻Déjalo en paz, cielo.             La mujer se volteó a verlo. Su marido miró en otra dirección como si de ese modo pudiera ocultar lo que dijo.             ⸻Tenía tiempo sin venir ⸻admitió la señora Savelli ignorando a su esposo.             ⸻Yo también ⸻le respondió el niño.             ⸻Tengamos cuidado de no perdernos ⸻dijo Gabriel.             Sin muchas presentaciones, la familia entró al parque con su invitado. Ryan no pudo evitar sentirse como un eslabón sobrante. Supuso que lo mismo debía de sentir el hilo de una camisa vieja que sobresale amenazando con descocerla. A su lado caminaba Javiera y por delante los otros tres miembros. Todos estaban callados y parecían más una marcha militar que otra cosa. Solo faltaba Raquel gritando: Derecha. Izquierda. Derecha. Izquierda. ¡Y giren! ¡Atención!             Alelado, Ryan se refugió en sus recuerdos. El parque, como muchas otras cosas de la ciudad, no había cambiado mucho. Una enorme extensión de césped con árboles colocados de cualquier modo por Dios y que le daban un aire puro de paz; sombras placenteras en las cuales acostarse con ojos cerrados a disfrutar de la tarde. Una respiración de la naturaleza entre tanto cemento. Las personas eran casi de la misma e***a que en el pasado: grupos de jóvenes reunidos en un círculo sentados a la sombra de algún árbol, con un bolso donde seguramente ⸻y Ryan pondría la mano en el fuego por eso⸻ escondían alguna droga etílica. No se pueden olvidar los atléticos, esos reunidos en las canchas jugando un partido del deporte que les provocase; o agrupados en las barras haciendo sus ejercicios bajo los atentos ojos de las chicas que pasaban. Estaban también las familias, pequeñas o grandes; con uno, dos, tres hijos o más; padres jugando con sus pequeños o madres consintiendo a sus niños. Rick los miraba con curiosidad. Varios hombres vestidos de negros, con chaquetas de cuero, labios pintados de morado, sombra en los ojos y cabello largo, pasaron por su lado; algunos miraron a Javiera deseosos de probarla. No se les podía culpar. Quien antes fuese una niña y ahora ya una señorita, digna heredera Savelli, vestía con un short corto, una franela azul clara y el cabello rubio recogido en una cola que le llegaba a la parte baja de la espalda. Atraía miradas ahí donde estuviera.             Pasearon entre árboles, arbustos, juegos para niños y demás sin detenerse en ningún lugar en específico.             A pesar de callar, la mente de Ryan trabajaba a todo dar.             Allá, entre palmeras que rodeaban un conjunto de rocas del tamaño de un camión, había dado su primer beso hace ya muchos años a una muchachita cuyo nombre no recordaba; aunque sí a sus labios carnosos de besos húmedos. A su izquierda pasaron por los juegos donde solía divertirse cuando era un niño de la edad de Rick. Vieron también las barras donde, impulsado por las hormonas, intentó hacer ejercicios en su adolescencia. Una vez quiso invitar a Hernán a ejercitarse con él, pero fue un completo fracaso. Su amigo no tenía la voluntad, las ganas, ni mucho menos la destreza para, siquiera, realizar un ejercicio bien. En una de las barras, mientras se sostenía, había caído abruptamente, pero no como un ser humano normal sobre sus pies; Hernán se las arregló para caer de espalda sobre los pulmones y perder todo el aire que contenían; estuvo pataleando con brazos y piernas como una tortuga boca arriba hasta que Ryan lo ayudó. Más nunca quiso volver. Podían trotar un poco, pero se cansaba muy rápido. Ryan consiguió otros con los cuales hacerse compañía, pero lamentaba mucho la ausencia de su amigo.             En cierta ocasión planeó una cita doble en el parque con Hernán, su chica de ese momento y una amiga de ella. Fue la primera vez que se enojó con él. Por más que suplicó, por más que le rogó, la timidez de Hernán superó todas las barreras posibles. No hubo modo, simplemente no lo hubo. El chico no hablaba, no añadía nada a la conversación; no reía de los chistes que hacían los demás ni se fijaba en ningún detalle importante. La chica intentó verlo a los ojos y Hernán casi muere del susto. Respondía a las preguntas con monosílabas y siempre con la mirada distante. En un par de ocasiones dijo que iba al baño; duraba siglos desaparecido y luego lo descubrían en algún otro sitio caminando solo viendo a la nada. La novia de Ryan le comentó lo raro que era su amigo y él no pudo negarlo. Ella tenía toda la base y el fundamento necesario para decirlo. Sobra decir que los cuatros jamás volvieron a salir juntos. Enojado, Ryan le reclamó. “¡No puedes simplemente alejarte, Hernán! Dios, solo tenías que estar ahí y participar. Actuar normal. ¿Era demasiado pedir?” Él le respondió que lo lamentaba y juraba haberlo intentado. Ryan no le creyó. Ahora al recordarlo una piedra se le aparecía en el estómago. No debí gritarle, no debí decirle nada. Pero eran jóvenes con las hormonas en pleno nacimiento. De haber sabido lo que sucedería después…             ⸻Ryan… ⸻Javiera le hablaba. De nuevo se mostraba tímida y le miraba a los pies. Se habían alejado un poco del resto, que caminaban sin tener cara de estar disfrutándolo⸻ ¿Estás bien? Pareces distraído.             ⸻Solo recordaba un par de cosas. Estuve muchas veces por aquí.             ⸻Con Hernán, supongo.             ⸻Sí             Hernán disfrutaba de admirar el paisaje. Los árboles, las palmeras, los animales. Las risueñas ardillas que se escondían entre arbustos o el césped iluminando por unos rayos del sol filtrado entre hojas. Eso era lo que más le gustaba. Ryan, en cambio, se fijaba más en las mujeres. Pero todo lo contrario eran los Savelli encerrados dentro de su burbuja hermética. La pareja de casados no se tomaba de la mano y veían en direcciones opuestas, pero a ningún sitio en especial sin detenerse a observar nada que no fuera la pétrea mirada perdida de sus propios ojos. El paisaje no les llamaba, los otros habitantes del parque no les interesaban. Sólo Rick mostró interés cuando vio a una pequeña de su edad jugando con un conejo entre unos arbustos. Le jaló la camisa a su padre para mostrárselo, pero él no se dignó a prestarle atención y siguió caminando. ⸻Oye… quiero disculparme contigo. Te invité a mi casa y luego aquí sin decirte el por qué. Debes estar pensando lo peor de mí. ⸻Javiera le miraba con bochorno. Sus ojos azules resplandecían con el sol.             ⸻No, Javiera, para nada⸻. ¿Qué pensaba de ella? Recordó lo que le había dicho Samuel Mcfly: “Es un demonio con falda y nalgas divinas”.             ⸻Es que yo…             Habían llegado hasta el lago del parque. Un poco distanciados de los demás. Rick veía al lago y lo mismo hacia Javiera. Hace muchos años había patos, tortugas y otros animales viviendo en el interior; ahora sólo se veían tortugas pequeñas sin ganas de nadar. Sin embargo, seguía siendo precioso ver como el sol se reflejaba entre sus aguas calmas con varios toneles; invitando a que nadaras entre ellos y te deslizaras con brazadas de orilla a orilla. Javiera le habló mientras observaba a una tortuga moviéndose con lentitud.             ⸻Las cosas están peor de lo que quisiera decir.             ⸻¿A qué te refieres?             Hizo un silencio antes de continuar.             ⸻A nada grave, en realidad. Pero creo que mi familia se caerá en pedazos dentro de poco y bajo su propio peso.             ⸻Ustedes…             ⸻Económicamente estamos bien, claro. Por ahí no hay problema. Pero no tienes idea del silencio que se hace en casa todos los días.             ⸻Considerando lo de Hernán…             ⸻Pero viene incluso antes de eso. Ahora solo está peor, pero no es nuevo.             Ryan se fijó en Rick, tan callado, tan solo, ¿qué pensamientos tendría ese niño? ¿También sentiría que su familia se caía? ¿Se lo respondería si le preguntaba?             ⸻Hernán quería enviarlo a un internado en Canadá ⸻Javiera miraba a su hermano con ojos brillosos⸻. A papá le gustó la idea, pero mamá se negó rotundamente.             ⸻Me sorprende que se negara. Creí que preferiría tener lejos a sus hijos ⸻se detuvo un segundo, contrito, pensando en lo que acababa de decir⸻ Lo siento, no debí decir eso.             ⸻Tranquilo. Ella piensa que los Savelli deben ser criados por otro Savelli. Pero lo que me duele es la razón por la que Hernán quería enviarlo.             ⸻¿Cuál era?             ⸻Alejarlo de nosotros.             No le sorprendió. Con un solo día le bastó para toda una vida del aire rancio que desprendía aquella casa. Tal vez Hernán quería librar a su hermanito de eso.             ⸻¿De verdad somos tan malos? ⸻lo dijo en voz baja, pronunciando con cuidado, como si le dolieran las palabras. No apartaba su mirada del lago y los ojos, entrecerrados, estaban inmersos en la lejanía⸻ ¿Somos tan malos como para que mi propio hermano nos desprecie y el otro tenga que irse lejos?             Ryan no respondió.             ⸻Yo entiendo que tenemos problemas, muchos problemas. Mis padres son difíciles pero… ¿De verdad Hernán nos odiaba tanto? Si es por eso que se… Bah, no quiero ni decirlo. Pero sí, tal vez lo hizo para huir de nosotros, para alejarse. Rick es muy parecido a él. Apenas es un niño, pero sé que se siente solo y que llora por las noches. No puedo creer que nosotros causemos eso.             ⸻No es culpa de ustedes.             ⸻Pero eso parece. Mira a las familias que hemos visto hoy. Se abrazan, se quieren, ríen entre ellos, comparten anécdotas. Pensé que si veníamos podíamos ser iguales, ser como los demás. Pero mi familia está muerta. Rota por dentro, lo sé. Y Hernán también lo sabía. Somos una bomba de tiempo esperando explotar. Una especie de mar salado en el que nadie quiere nadar. Solo nosotros mientras nos ahogamos en sus profundidades.             ⸻Todas las familias tienen problemas.             ⸻Lo sé. Hay padres violentos, madres que son malos ejemplos, hijos rebeldes. Todas las familias poseen secretos que ocultan a los ojos ajenos. En sus casas puede estar cayéndose el castillo, pero cuando salen se muestran como si fuesen de la realeza. No existe el grupo perfecto. No es que se odien, pero la convivencia es difícil, vivir bajo un mismo techo no les hace ser iguales y pueden chocar unos contra otros con horribles colisiones. Pero a pesar de esto, en días específicos, pueden unirse. Pueden quererse y demostrarse afecto. Cumpleaños, navidades. Es como si todo lo malo se tomase un día de descanso para darle paso a la alegría; eso es porque en el fondo se aman. Siempre se amarán. Pero eso no sucede en mi casa. Ningún día del año, ningún mes en especial, ni siquiera una salida como esta puede ocultar el desprecio. Mi papá debería estar jugando con Rick, mi mamá charlando conmigo. Y yo aquí, como una egoísta, hablando de mí cuando acabo de perder a mi hermano.             ⸻A Hernán le gustaría… ⸻¿Qué? ¿Qué le gustaría?             ⸻¿Sabes por qué te invité? Mis padres nos prohíben a mis hermanos y a mí tomar carreras universitarias. Hernán se supone que debía administrar los negocios de mi padre y que él le enseñaría a hacerlo. Mi madre dice que una mujer Savelli no trabaja, sino que se encarga de su casa. Pero yo no tengo casa, solo la suya. Hernán odiaba el trabajo que mi papá le encomendó y a mí no me sucede algo diferente. Vi a todas mis amigas avanzar en busca de sus sueños; trabajar, esforzarse y conseguir metas. En sus ojos brillaban la luminiscencia del orgullo; ese que solo se puede obtener cuando consigues algo por ti mismo. Intenté estar cerca de ellas, pero escucharlas hablar del futuro que se construían me dolía; yo seguía encadenada a los Savelli. No tuve el valor para rebelarme. Así que terminé alejándome de mis amistades para protegerme, como si eso fuera a cambiar algo.             ⸻Hernán estaba igual…             ⸻Sí. Por eso cuando te vi en el funeral, recordé todo lo que mi hermano me decía de ti, entonces pensé: “Él podría ser un amigo” porque eras el único presente que soportaba las ganas de llorar tanto como yo. Que se veía tan solo como yo. Pero lo he pensado y creo que incluso ahí fui un digno m*****o de mi familia. Una interesada que piensa en sí misma. Básicamente pensé en usarte para mi consuelo ⸻su voz se hizo de piedra y agregó⸻. Hernán tenía razón, estamos podridos.             A esas alturas de la conversación, Javiera hablaba tan bajo que Ryan tuvo que inclinarse para escucharla. No lloraba. Pero estaba tan fría como su madre y distante como su padre. Miraba al vacío, al infinito, quizás deseando ahogarse, quizás sintiéndose mejor por haberse confesado, o quizás deseando no haber dicho nada. Ryan no lo sabía. La ternura de su rostro se convirtió en una máscara alada. Un muro impenetrable donde los sentimientos yacían enterrados bajo las mismas rocas. El muro de Berlín de las emociones; separándola en dos seres diferentes que luchan continuamente. Javiera nunca se le había parecido tanto a Hernán como en ese momento.             Eso lo asustó.             ⸻Si no abandoné a tu hermano, ¿por qué crees que te abandonaría a ti?             No encontró nada más por decir. Las palabras le huían en estampida.             Una voz que ya se le hacía conocida le decía: Sí lo abandonaste.             Javiera abrió la boca, quizá para decirle lo que temía escuchar.             Su hermanito la interrumpió.             ⸻Mamá, ¿puedo entrar ahí?             Ryan y Javiera miraban al niño. La madre bufó, pero accedió.             El niño señalaba al Terrario. Una zona cerrada del parque con aspecto de un pequeño poliedro, de techo blanco y plantas exóticas a su alrededor. En el interior yacían las culebras que el parque exponía. Se dirigieron ahí. Antes de hacerlo por su cuenta, la cabeza de los Savelli pagó la entrada de todos y entraron en silencio.             En el centro del edificio había un lago casi diminuto donde una muchedumbre de tortugas nadaba con parsimonia. Les entregaron una bolsa donde supuestamente tenían comida que podían lanzarles a las criaturitas.             ⸻ ¿Esto no es comida para perros? ⸻le preguntó Rick a su mamá examinando los trozos de comida.             Ella se encogió de hombros.             La estancia rodeaba con un círculo el estanque y en las paredes estaban las vitrinas con las serpientes detrás. La mayoría de ellas no se movían; otras se deslizaban con un suave zigzag, pero sin dar más muestras de vida. Simplemente estaban ahí, existiendo. Ocupando un lugar en el mundo. La familia caminaba despacio leyendo la descripción de cada espécimen, su nombre y su origen. Cerca de una de las más grandes, Javiera le dio un empujón a su hermano, pero sin soltarle los hombros; el pequeño casi muere del susto y se abrazó a su hermana con los brazos temblando. Entre risas, Javiera se disculpaba mientras su madre la veía con reproche.             Ryan la observaba y se preguntaba si esa risa sería sincera. Allá fuera, junto al lago, mostraba su melancolía pura durante segundos, pero ahora volvía a ser la chica risueña de las fotos. La careta estaba puesta. Entendió que, en el fondo, todos los presentes llevaban máscaras que no dejaban traslucir la verdad. Pequeñas sombras sobre sus caras intentando ocultar quien sabe qué y quien sabe por qué.  Una pantomima superficial. Un padre silencioso, una madre dura, un niño callado y una chica que intenta, por todos los medios posibles, mantener un mínimo de ánimos. Una muerte de un ser querido en el que las lágrimas fueron artificiales. Hernán debió de observarlos muchas veces del mismo modo preguntándose qué pensaban, qué sentían, sabiendo que no obtendría respuestas; pues cuando hiciera la pregunta se daría de frente con una puerta cerrada y con cerrojo.             Ni siquiera la temperatura baja del Terrario podía igualar el ambiente que la familia llevaba como peso. Una nube gris que les seguía. Un tempano por el cual se deslizaban. Y mientras el niño llora abrazado a su hermana mayor, probablemente recordaría ese momento como el más feliz del día, al ser el único segundo donde, por un momento, tan solo por un momento, pudo sentir algo y alejarse de la indiferencia.             El paseo fue rápido. Arrojaron la comida a las tortugas viendo como estas luchaban por obtenerlas. Era gracioso verlas nadando una sobre otras y abriendo sus pequeñas bocas dejando entrar el trocito.             Rick estuvo feliz. Al salir parecía incluso animado y lo suficientemente valiente para decirle a su madre que tenía hambre.             Javiera, en cambio…             Antes de salir, cuando ya estaban por darle la vuelta al Terrario, le habló a Ryan con seriedad.             ⸻Alguien nos sigue ⸻dijo con gravedad
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