Samuel no lo miraba. Había reanudado la acción con su cigarrillo y fumaba impasible mientras veía por la ventana con la mirada perdida. No movía una sola extremidad. Solo fumaba, calmo como una nube que flotase sin rumbo. Sus ojos, muy abiertos, brillaban con un resplandor desquiciante. Tomó la imagen de un muñeco de porcelana cuya única muestra de vida era el humo que desprendía por sus labios. Humo que se condensaba en el aire ante él antes de evaporarse en la nada. Sus labios entreabiertos eran pura cera grabada sobre su rostro. Como alma alelada, su mano libre se deslizó sobre su cinturón donde tenía el arma enganchada. La desvainó y la colocó en el centro entre ellos. Una bonita Glock 19. La apretaba con elegancia y firmeza, con sus dedos jugueteando en la culata con un ligero tamborileo. Posó su dedo índice en el gatillo, acariciándola con mansedumbre. Seguía fumando sin ver a nadie, sin ser nadie.
En la mente de Ryan una alarma se disparó. Sus músculos se pusieron en tensión. El compás de los relojes se detuvo y el humo del cigarrillo le olió a peligro. Intentó acercar su mano a la pistola, pero Mcfly la apretó con fuerza y siguió fumando. La puerta seguía cerrada y el olor le ahogaba. El corazón le golpeaba el pecho. Se irguió en su asiento intentando parecer relajado pero el sudor lo delataba. Samuel Mcfly dejó morir su cigarrillo en la mano, arrojó las cenizas al suelo y se giró hacia él.
⸻No me gustan las amenazas, Ryan Mayz.
⸻No era una amenaza, Samuel.
⸻A mí me sonó a eso.
⸻No.
Sus dedos seguían jugando con la Glock, golpeándola con las yemas. Toc, toc, toc.
⸻Mcfly, déjame salir.
⸻Hoy fue divertido, supuse que detendrías al chico. Me imaginé la escena en mi mente y me pareció graciosa.
⸻No lo fue.
⸻Para mí sí.
Sus dedos dejaron el baile. Su índice se abrazó al gatillo.
⸻Pero que hoy fuera un juego no quiere decir que lo será siempre, Ryan. No lo es. Esto no es un chiste
⸻Lo sé
⸻Tampoco me gusta que se metan en mis planes.
⸻¿Cuáles planes, Mcfly?
Si lo distraigo lo suficiente para acercarme a la pistola…
⸻Mis planes. No estoy jugando. Sé lo que hago.
⸻No estás haciendo nada.
⸻¿Eso crees? ⸻levantó la Glock de golpe y se la puso a Ryan entre los ojos⸻. Tú no sabes lo que haces.
Ryan tragó saliva y trató de ver otra cosa que no fuera el agujero oscuro que le presagiaba la muerte.
⸻Samuel, baja eso, somos amigos.
⸻Pero tú no te comportas como un amigo, ¿verdad? Me amenazaste si tan siquiera escuchar mis razones.
⸻Dime tus razones, Samuel.
⸻Aquí no, es peligroso si nos escuchan.
⸻Entonces dímelas en otro sitio, Mcfly, pero maldita sea, quítame esa pistola de la cara.
Samuel se la acercó más y se la pegó a la frente. Ahora su punto de visión daba directamente con el dedo en el gatillo.
⸻Te las diré mañana en la calle California, en el estacionamiento del centro comercial El Maletín. A las siete de la noche. Nos veremos ahí.
Ryan recordó algo sin saber por qué.
⸻Mañana iré a una obra de teatro.
⸻Vienes a una ciudad llena de putas y lo primero que haces es buscar una obra de teatro. Entonces que sea a las diez de la mañana
⸻Está bien.
⸻¿Lo prometes? Promételo, tú eres hombre de palabra.
⸻Lo prometo.
Obedeciendo a Samuel Mcfly, que humillante.
⸻Eso. Me gustan tus promesas. ‒⸻us ojos seguían teniendo ese brillo lunático. La cordura no se le veía en la mirada; esa vacía con ojos verdes y claros. Un bosque rancio con hojas condenadas a morir. La llanura de la esquizofrenia⸻ Yo sé lo que hago, Ryan, no me gustaría que te entrometieras, no me gustaría que fueras un obstáculo.
⸻Hablaremos de eso mañana.
⸻Sí, tienes la razón. Siempre fuiste alguien razonable, Ryan.
⸻Sí, siempre.
⸻Sal del auto ⸻ordenó tras dejar de apuntarle y guardarse el arma. Ryan obedeció, entre aliviado e impotente. Apenas puso los dos pies afuera, Samuel Mcfly soltó una carcajada y se partió de la risa, sujetándose el estómago con ambos brazos.
Ryan lo miró atónito.
⸻Dios, ¡Tenías que haber visto tu cara! “Baja el arma, Samuel, baja el arma”. Por un momento creí que me mojarías el asiento. Dios, dios, fue tan, tan… ⸻Siguió riéndose enloquecido por un rato mientras Ryan lo miraba con ojos como platos, ruborizado y con ganas de sentarse a su lado y esta vez apuntarle él⸻. Me ofende como no tienes idea que de verdad me creyeras capaz de dispararte. ¡Somos amigos! Pero esas clases de actuación sí que valieron la pena, ¿no crees? Ese imbécil de Esteban debió estar aquí para grabarlo. No puedo respirar.
Y siguió riéndose con Ryan de pie sintiéndose un idiota. De seguro Samuel le contaría la historia a media ciudad antes de que terminara la tarde. Gracias a Dios que vivía en el extranjero.
⸻Lo importante, Ryan, es que diste tu palabra de vernos mañana para hablar. Eso era lo que quería. Pero si te lo pedía cuando tenías esa facha de seudo-protector valeroso de los Savelli no me escucharías. Tuve que ensuciarte un poquito los pantalones. Lo siento, amigo. Ojalá Hernán haya visto esto.
⸻Eres un niño, Samuel.
⸻Un niño que engañó al gran arquitecto Ryan Mayz.
La idea lo mató de la risa y Samuel siguió riendo aun cuando Ryan cerró la puerta de un portazo y se alejó a grandes zancadas. Cuando se iba, escuchó a sus espaldas el rugir de un motor. Samuel encendió el auto e intentaba retroceder sin lograrlo. Las llantas traseras estaban sin aire.
⸻¿Qué demonios?
Ryan sonrió.
⸻⸻⸻
El cielo se teñía con su rojizo habitual a la par de unas farolas que se encendían para darle la bienvenida a la oscuridad, esperando rechazarlas con su resplandor.
⸻¿Dejará de molestar?
⸻Sí
Javiera estaba ya calmada, aunque debajo de su sonrisa ululaban los nervios alterados. Al reunirse con Ryan de nuevo tras la conversación con Samuel en el estacionamiento, Javiera lo abrazó cuando sus padres no veían y le habló de lo asustada que estaba, de cómo tuvo que reaccionar, y de cómo convenció a Rick para que no les dijera nada a sus padres. No quería preocuparlos.
⸻¿Por qué nos seguía?
⸻Quería encontrar chismes para venderlos a la prensa.
Como no sabía las verdaderas intenciones de Mcfly, tal vez esto no fuera tan absolutamente falso, pero prefirió mentirle para su tranquilidad que dejar angustiada a una chica de diecinueve años con las locuras de un oficial trastornado.
⸻Es un cerdo.
⸻Sí, lo es.
Caminaba la familia con Ryan por el parque en dirección al estacionamiento para despedirse de nuevo. No había rastros de Samuel. Rick se veía más pálido que de costumbre y los padres Savelli tan indiferentes como siempre.
⸻Gracias por ayudarnos con él.
⸻No tienes que agradecerlo.
Me apuntó con un arma el muy hijo de puta. Y después se rio como si nada.
⸻Mi familia tiene contactos con la policía. Podría hacer que pierda su placa.
⸻No lo hagas, Javiera, por favor. Sé que Samuel es un completo imbécil, pero en el fondo es inofensivo.
¿Eso era verdad o mentira?
⸻Eso espero ⸻respondió ella.
⸻Mañana iré a una obra de teatro, tal vez te gustaría venir.
⸻Me gustaría, pero saldremos de la ciudad a visitar a unos familiares lejanos. Tal vez eso nos haga bien; sobre todo con Mcfly acechando.
No se había hecho muchas ilusiones de que aceptara, pero de todas formas la perspectiva de ver la obra ‒de la que apenas se acordaba⸻ solo, le resultó deprimente.
Llegaron al auto. Los hijos Savelli estaban cansados tanto en lo físico como lo emocional. La despedida fue corta y los vio marchar preguntándose qué sería de él al día siguiente cuando se viera con Mcfly.
Se preguntó, en caso de vida o muerte, a quién decidiría salvar: ¿Samuel Mcfly o Raquel Savelli?
No encontró respuesta.