Nos abrazamos sin miramientos, besándonos ardientemente, lamiendo sus orejas, su cuello, para luego, con suma temeridad, retirarle la camiseta que llevaba puesta, dejando toda su parte superior al desnudo. Vanesa era una joven divina. Aquel cuerpito tan seductor, con aquellos pechitos tan pequeños, en forma de pera, con sus pezones que emergían como dos pequeños pitones, me enloquecieron. -Oh Vanesa. ¡Que preciosa eres!. – le comenté mientras comenzaba a devorar sus senos, lamiendo, succionando los mismos, ante los gemidos de la joven. -Oh suegro. o si cómaselos …. Estaba tan lanzado, que no me contuve y le retiré completamente el pantalón malla, y las braguitas, dejando a la mujer de mi hijo, completamente desnuda en el cuarto de lavar de la azotea. Oh suegro… está loco… exclamó al com

