Dejé de escuchar, recuerdo mi carrera en cámara lenta, subía de a dos escalones por paso. La toalla apenas estaba arremolinada en el suelo, la agarré rápidamente y la rodeé para intentar cubrirla. Torpemente, cubrí sus pechos, sin preocuparme que mamá podía ver su pubis desde la planta baja. No sabía qué hacer. ¿Qué estaba pasando? —No seas exagerada, Raqui. Luís está viendo. Sonaba completamente normal, no estaba gritándonos ni se oía enojada. Volteé a verla y vi que su cara estaba hecha un tomate, su mano ocultaba su boca pero su risa se escuchó fuerte y claro. —¡Mira nada más la cara que tiene! ¡Pobrecito! ¡Ándale, mejor ve y báñate, que buena falta te hace! Obedecí como si fuera un robot. Mi corazón se había detenido otras veces antes, pero ahora, mientras caminaba como autómata pa

