Creí que Pascual ya había entrado y por eso la morena había comenzado a cabalgarme, hasta que pude sentir sus adentros siendo reacomodados por algo más. Era palpable, todo su cuerpo se estremecía conforme esa cosa iba adentrándose, ella comenzó a apretar más y más, sus jugos realmente brotaban y resbalaban hasta empaparme. Por lo que entendí, el anal no era algo que ellos dos hicieran con regularidad, él gruñía cada que retrocedía para volver a avanzar y yo podía sentirlo atravesarla. Dejé de prestarle atención a los roces involuntarios que había entre el cuerpo de él y el mío y decidí centrarme en Tere. Estaba gozándolo de verdad. Sus gruñidos ásperos, sus uñas clavándose en mis brazos y hombros, no había dudas. Más pronto que tarde, tuvimos que cambiar de posición. Ella quedó boca arrib

