—Luís… —sus ojos estaban entrecerrados, fijos en mí, estaba en medio de una lucha interna, igual que yo— no… creo que no estoy lista… aun no. —Raquel… —dije apenas, me costaba hablar, definitivamente no estaba en forma. Tampoco es que fuera algo fácil de procesar, digo, estaba ya encaminado y que te corten el rollo nunca es agradable. —Quiero hacerlo… de veras que sí —Parecía que estaba al borde del llanto—. E-es que me da miedo. De nuevo, algo raro me sucedió. La calentura me habría hecho ordenarle que me dejara continuar, a fin de cuentas, la hipnosis había estado funcionando hasta entonces. Pero sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y una mano se asió a mí con fuerza. —P-por favor… Perdón. Sus piernas seguían pegadas a mí, estaban temblando y ahora era por una razón distinta.

