No era el único, Raquel guardó silencio también. No era del todo falso, Julia era ahora más parecida a nuestra madre, porque habíamos dejado de verla entre semana por varios meses. Trabajar en los medios de comunicación siempre había requerido de ella su total disponibilidad y jornadas de trabajo impredecibles. Ahora que estaba con la producción en televisión, era como si viviera en los foros y sólo llegara a casa a descansar. Las tareas del hogar habían pasado a ser responsabilidad de Raquel y yo, así que ya ni siquiera la veíamos salir mucho de su cuarto los fines de semana. La puerta se abrió y mi madre llegó para dar fin a ese silencio incómodo. Pero esas palabras abrieron una ligera zanja entre mi hermana mayor y nosotros. —Es raro —dijo Raquel, mientras yo le hacía piojito en el so

