El día llegó. Todos habíamos preparado las maletas con anticipación y llegamos temprano al hotel, tuvimos que esperar en el lobby porque aún no entregaban nuestras habitaciones. Mamá y yo estábamos revisando la tienda de souvenirs en caso de que se nos hubiera olvidado traer algo como protector solar o algo así, entonces vimos que Raquel y Julia venían discutiendo con un par de llaves. —No me voy a disculpar. Lo hice por ustedes, para que alcanzara para su segundo día de spa, hermanita. —Mejor no me hables, que no estoy de humor ahora. —¿Qué pasó? —dijo mamá, que estaba probándose un sombrero de playa blanco y unos lentes oscuros. —Nada, nada —se apresuró a contestar Raquel—. Nuestras habitaciones van a ser dobles, no le dije a Julia que no vamos a quedarnos en una suite. —¡Oh, bueno!

