Capítulo 25 Punto de vista de Gabriella Salí del edificio Lombardi a la medianoche con un temblor en las manos que nada tenía que ver con el frío. Llevaba mi cuaderno de notas abierto, con la firma de Adrián Lombardi, Director General, garabateada con un trazo agresivo bajo la autorización de los prototipos de "Savia Nueva". Había ganado. Había conseguido que el león no solo me dejara entrar en su territorio, sino que me diera la llave de la jaula de los proyectos. Pero la victoria se sentía... sucia. No había sido una negociación de negocios, sino una rendición forzada en la penumbra de su despacho. Y el momento en el que me había acorralado, en el que su mano apartó el cabello de mi rostro, no había sido una jugada de poder, sino una advertencia cargada de algo más peligroso que la

