Capítulo 24 Punto de vista de Adrián La puerta se cerró. Me quedé inmóvil, todavía sintiendo el hormigueo donde mi dedo había rozado su mejilla. El sándalo. La ambición. Y el olor a mi propia estupidez. Me eché hacia atrás, golpeando la pared con la nuca. ¿Qué demonios estaba haciendo? Había pasado de ser el CEO frío e intocable, a un adolescente acorralándola contra la pared de mi propio despacho. «Si me traicionas... te arrepentirás». Mi amenaza sonó vacía. La única persona que se iba a arrepentir era yo, y sería por dejar que esta mujer me distrajera de mi objetivo: mantener mi empresa bajo control. Me levanté y caminé hacia mi ventanal, observando la ciudad. El sol de la tarde se reflejaba en los cristales, y la presión de la junta directiva, de Harris, de los inversionistas, s

