Capítulo 23 Punto de vista de Adrián Observé la puerta cerrarse con un suave clic tras la silueta del traje gris de Gabriella. La imagen de su espalda, ahora cubierta, era tan intimidante como la desnuda de la noche anterior. —Un cuarenta por ciento menos… —murmuró Mateo, mi abogado, rompiendo el silencio—. Lombardi, creo que esa chica no estaba faroleando. Sus proyecciones, aunque garabateadas, tienen sentido. —Lo sé —dije, sintiéndome irritado por el asentimiento de mi abogado—. Es frustrante. —¿Frustrante que sea brillante o frustrante que sea ella? Lo fulminé con la mirada. Mateo era mi mejor amigo desde la universidad, y se permitía el lujo de la honestidad brutal. —Ambas. Si alguien va a reinventar Lombardi Enterprises, debería ser yo, no una becaria que está aquí por venganza

