Capítulo 7

3281 Palabras

C apítulo 7 Caracteres incomprensibles se incendiaban al sonido de la cantinela Estaban casi llegando a la casa de Felicia, y Elio comenzó a agitarse. Apretaba con fuerza el cuello de la botella de leche fresca que le había dado Ida. Libero se dio cuenta de su estado de ánimo y trató de animarlo. —No te preocupes, vas a ver que te gustará. —Espero… —susurró Elio poco convencido y mirando fijo el punto de la empalizada donde había tenido su primer encuentro con la vieja. Libero, no obstante el aire de condenado del primo, decidió no estirar esa agonía, estiró la mano hacia la otra parte del cerco, sacó la traba y se dirigió hacia el camino. Elio lo siguió con pasos inciertos, advertía un dolor de cabeza cada vez más fuerte a medida que se acercaban al destino. Como en una película de

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