Capítulo 16: Hacía en fondo

632 Palabras
Lucas salió del colegio sin despedirse de nadie. Ni una señal, ni una mirada. Solo agarró su mochila, bajó las escaleras y salió directo, como si supiera exactamente hacia dónde iba. Porque lo sabía. El camino hasta el acantilado ya no le parecía tan largo. Las ramas secas que crujían bajo sus pies, los mismos pájaros que cantaban desde las alturas, todo se sentía conocido. Pero hoy, el corazón le latía distinto. Había algo de expectativa, algo que le revoloteaba el estómago como si tuviera mariposas pero también un poco de miedo. Cuando llegó a la roca grande, la misma desde donde se podía ver todo el lago, se sentó con cuidado. Sacó su cuaderno, su lápiz y comenzó a dibujar. No sabía qué iba a salir de ahí, pero sus dedos se movían solos, como si su alma necesitara hablar en papel. Estaba tan concentrado que no escuchó los pasos hasta que fue demasiado tarde. —¡BUUUU!— Lucas dio un salto y, por instinto, le pegó con el cuaderno a la figura que tenía detrás. El grito se convirtió en risa. —¡Eres un idiota!— gritó Lucas, medio riéndose mientras veía a Max doblado de la risa. —Perdón, perdón, no pude evitarlo —dijo Max entre carcajadas, cubriéndose la cabeza. Lucas se cruzó de brazos, tratando de no sonreír, pero fracasó. —Me debes una. Y una grande. —La pago ahora mismo si quieres. Pero perdóname, fue muy tentador. —No te preocupes...—dijo Lucas, suspirando mientras se acomodaba otra vez sobre la roca. Max se sentó a su lado, más cerca de lo que Lucas habría esperado, pero no dijo nada. Por un rato solo se quedaron ahí, en silencio, mirando al lago. Ni el viento se atrevía a interrumpir. Y ese silencio... hablaba. Como si dijera todo lo que no se animaban a decir con palabras. Lucas respiraba acompasado. El mundo había dejado de correr. Nada importaba. Solo ellos, el agua y el cielo. Y en el fondo de ese momento, casi como un eco suave, comenzó a sonar en su mente una canción... "Jealousy, jealousy... jealousy... x pacify her... she's getting on my nerves..." Lucas bajó la mirada. No sabía por qué esa canción, pero parecía encajar perfectamente con la sensación de estar tan cerca de alguien, sin saber si es bueno o peligroso. —¿Quieres hacer algo?— preguntó Max de repente, rompiendo el silencio con voz suave. Lucas lo miró. —¿Como qué? En lugar de responder, Max le quitó el cuaderno con suavidad, lo cerró y lo colocó sobre la mochila, lejos del borde. Luego, sin decir una sola palabra, se acercó más, lo rodeó con los brazos y, de un salto, se lanzaron abrazados por el acantilado. ¡PLAF! El agua los recibió como si ya los estuviera esperando. Caían girando, en cámara lenta, mientras la canción seguía resonando en sus cabezas. Y cuando salieron a la superficie, ambos estallaron en risa. —¡Estás loco!— gritó Lucas, empapado. —Te dije que pagaría la deuda… ¡con estilo!— respondió Max, flotando junto a él. Lucas se pasó las manos por la cara. El agua estaba fría, pero no tanto como habría esperado. El corazón le latía rápido, pero de una forma distinta. Como si todo el miedo se hubiera lavado de golpe. —Esto fue una locura. —Y lo sabes. Lucas lo miró. Max estaba sonriendo, tranquilo, seguro. Era el tipo de persona que podía saltar al vacío y salir riendo. Y por alguna razón, eso lo atraía. Siguieron nadando por unos minutos, hasta que Max se acercó por detrás, despacio, y lo rodeó con los brazos, sujetándolo por la cintura. Lucas se quedó quieto. No dijo nada. No hizo falta.
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