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Unos ojos azules como el cielo me miran fijamente, siento miedo, quiero gritar, quiero correr pero no puedo moverme, ni hablar. ¿Qué es esto? —Leila, Leila, Leila escucho a lo lejos.
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Abro los ojos y lo que veo son los ojos verdes de mi amiga.—grito asustada —Leila soy yo Katherin, me sacude con fuerza —te escuché gritando y vine a ver qué te pasaba,
—Dios, Katherin que susto
—tranquila amiga solo fue una pesadilla
—si eso párese doy un soplido de alivio
—vamos cuéntame qué soñaste,
Recuerdo el día que la ví con esa mirada tan extraña -no, no puedo hablarle de eso creerá que estoy loca- muevo la cabeza desechando el pensamiento y le respondo
—no, no era nada creo que ya lo olvide, ella no está muy convencida pero no insiste,
—okey levántate vamos a desayunar para irnos al trabajo
—woow ¿Y qué hora es? Pregunto desorientada no recuerdo haber dormido mucho
—ya son la 7am —anda vamos
—bien déjame lavarme la cara y mis dientes y bajo
—te espero en la cocina.
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Al llegar a la oficina miro a todos lados —el sr. Duncan no ha llegado aún.
Me siento en mi escritorio y comienzo a trabajar, una hora después el elevador suena, se abre y enseguida sale de el un hombre alto como de 1,90, blanco, cabello castaño, como de 35 años aproximadamente y un cuerpo que se ve que lo entrena muy bien, con un traje gris, tiene en su dedo un anillo de oro algo grande, la oficina se llena de un exquisito aroma, está mirando su teléfono como respondiendo un mensaje, camina hasta mi escritorio y se para frente a mi,
—Buenos día Srta Smit
Yo me quedo mirando aquel hombre fijamente sin decir una palabra, él inmediatamente levanta la mirada hacia mi, creo que para ver porque no respondo y yo quedo aún más, muda y sorprendida al verle los ojos de aquel hombre.
-azules... Tiene los ojos azul cielo- Cómo esos ojos que me han estado atormentando desde que llegué a esta ciudad.
—Srta. Smit, ¿le pasa algo? Pregunta mi jefe al ver que no respondo ni reacciono —¿Srta. Smit? Toc toc; toca con el puño mi escritorio para hacerme reaccionar.
—¿Si? Si, sr. Duncan, —buenos días disculpe, me levanto y muevo la cabeza como despertando de un sueño.
— necesito que prepare los documentos que le mandé a ordenar ayer, y luego prepare la sala de juntas que vienen mis socios para la junta hoy. Creo que se lo deje anotado.
—si, si Sr. Acá está la nota yo la ví, y ya todo está organizando solo falta que lleguen los caballeros —Sr. Duncan, perdone pero no específico cuántos son para poder ordenar el desayuno me imagino que por la hora van a desayunar en la sala de juntas.
—no, no, Srta. Smit. Vamos a comer fuera una vez terminada la reunión no se preocupe por eso
—Bien entonces ya todo está listo señor. Él me sonríe y se marcha a su oficina pero antes de cerrar la puerta me dice, —Avíseme por favor cuando estén aquí.
Yo afirmó con la cabeza y me vuelvo a sentar a seguir trabajando pero con una inquietud de ver qué los ojos de mi jefe son como los de mi sueño.