Capitulo 15

1074 Palabras
La idea de Edixon viendo una comedia romántica solo sirvió para avivar su risa. —Espero que la mujer valiera la pena. —¿Qué mujer? —La que te arrastró al cine a ver Mujer Bonita. Edixon se rió y el sonido de su voz llenó la cabeza de Zara de imágenes de su hermoso rostro y de aquellos ojos grises que ya había empezado a echar de menos. —Fue mi hermana. —Eso lo explica todo. —Ganó una apuesta. Tenía que llevarla al cine o perder su respeto. — De pronto, la voz de Edixon parecía más relajada y la conversación siguió su curso. Siempre sucedía así tras unos minutos al teléfono con ella, hasta el punto de que Zara esperaba sus llamadas diarias con ilusión—. ¿Has dejado de correr? —preguntó Edixon. Zara observó la playa desierta y apoyó una mano en la cadera. —Sí —respondió entre jadeos. Edixon gruñó. —¿Qué pasa? —¿Quieres que sea sincero? —Siempre. —Se volvió cara al viento y concentró todos sus esfuerzos en respirar más despacio. —Entre la respiración acelerada y esa voz que tienes, me está costando lo mío estarme quieto. Zara se mordió el labio inferior, mientras el corazón le daba un vuelco dentro del pecho. —Bueno, pues entonces será mejor que no te explique qué llevo puesto o qué pintas tengo para no arruinarte la fantasía. Él soltó una carcajada. —Estoy seguro de que los paparazzi andan por ahí y que mañana por la mañana tendré una foto de ti sobre la mesa. Zara miró a su alrededor pero no vio a nadie con una cámara. —Quizá. —Antes de dejarte, otra cosa: he llamado a tu casa pero la línea estaba fuera de servicio. —Se oía un ruido de fondo. Hoy por la mañana vendrán unos técnicos a arreglarla. He contratado un servicio de reconocimiento de llamada paracontrolar cuándo se trata de prensa. —Zara dio media vuelta y retomó la carrera de regreso al coche. —Un plan muy sólido. Mañana te llamo. —Ah, y Edixon... —añadió ella, solo por diversión y con una sonrisa en los labios. —Dime. Bajó el tono de voz todavía más de lo normal y respiró con fuerza contra el auricular del manos libres. —Tengo mucho calor y estoy sudada. —Grrrr. —El gruñido de Edixon hizo vibrar el manos libres que llevaba en la oreja. Después de colgar, Zara se preguntó si hacía bien al tontear con su marido. La sonrisa que le iluminaba la cara amenazaba con dejarle unos hoyuelos grabados para siempre en las mejillas, así que decidió olvidarse de cualquier preocupación y disfrutar de que por fin un hombre se interesara por ella como mujer. A pesar de que ese hombre era su marido. La prensa se había rendido, pensó Zara mientras subía las escaleras que llevaban a su casa. No quedaba ni uno solo de los cuarentones que, cámara en mano, se escondían entre los arbustos o la enfocaban con el zoom desde alguna esquina. Entró en casa, tiró las llaves sobre la mesa de la entrada y se dirigió hacia las escaleras. Cuando sonó el timbre, se dio la vuelta y abrió la puerta por impulso. A medio movimiento, se dio cuenta de que seguramente estaba provocando una fotografía no deseada, una fotografía que haría que al día siguiente Edixon se tirara de los pelos. Pero la persona que esperaba tras la puerta no era un periodista ni un fotógrafo a la caza de dinero fácil. Peor que eso. Vanessa. La mujer que la miraba fijamente era todo lo que Samantha no era. Tenía el pelo rubio —tan puro que no podía ser artificial—, los pómulos muy marcados y los ojos de un azul brillante. Un par de piernas largas y delgadas asomaban bajo la falda, una pieza de seda hecha a medida que nunca había colgado de la percha de un centro comercial. Bueno, al menos Edixon tenía buen gusto con las mujeres, eso era innegable. —Ya sabes quién soy. Gloria Rayono parecía la típica amante despechada capaz de presentarse sin avisar, o al menos así lo había creído Zara. Desde la distancia quizá, pero para llamar a la puerta se necesitaban agallas. Ella habría apostado por Rebeca, que era una mujer mucho más escandalosa. Pero se equivocaba. —Y tú sabes quién soy yo. Gloria miró a Zara de arriba abajo y una sonrisa le rozó las comisuras de los labios. Gloria vestía de Prada mientras que ella lo hacía de Target. Una vez, cuando Zara era más joven, antes de la caída en desgracia de su padre, una amiga le había dado un consejo. Le dijo: «No te metas en batallas sin tener un arsenal completo». Por aquel entonces, Zara y una de sus enemigas del instituto estaban intentando captar la atención del mismo chico. Desde aquel día, nunca salía de su casa sin maquillar o sin una etiqueta de marca colgando de la espalda. Zara bajó la mirada, vio los pantalones cortos de algodón que llevaba y la camiseta con el lema «Los corredores mantenemos el ritmo» y no pudo reprimir una mueca. —¿Me vas a invitar a entrar? Ni en un millón de años. —No veo para qué. Gloria dio un paso al frente y entró de todos modos. Zara consideró la opción de detenerla, pero para ello habría tenido que retenerla físicamente. Una imagen así en la portada de las revistas no era precisamente lo que Edixon y ella necesitaban. Zara cerró la puerta y le bloqueó el paso para que no avanzara. —Hasta aquí es más que suficiente. —No tardaré mucho. —Gloria miró a su alrededor. A pesar de la situación, aquella mujer era capaz de mantener un control férreo sobre la ira que se desprendía de su voz—. ¿Qué puede haber visto Edixon en ti? Zara se cruzó de brazos. —¿Siempre llevas las garras puestas? ¿O te las quitas por la noche? —Muy lista. ¿Sabías que se acostó conmigo no hará ni dos semanas? A Zara se le ocurrieron un montón de respuestas, pero consiguió controlarse. —Edixon y yo nunca hemos querido hacerle daño a nadie. —Zara concentró todas sus fuerzas en evitar la imagen de Edixon y Gloria
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