Capitulo 17

1129 Palabras
El último año de libertad de su padre había sido exactamente así. Zara descubrió a varios estudiantes nuevos en el campus a los que luego nunca veía en clase pero que se cruzaban con ella continuamente. Coches oscuros seguían a su descapotable y aparcaban al otro lado de la calle. Los teléfonos de casa emitían un sonido cada vez que levantaba el auricular, una especie de clic. Llegó al extremo de vestirse en el lavabo o en el enorme vestidor de su dormitorio como medida de privacidad. Edixon no le había dado los detalles de quién sería el encargado de vigilar su matrimonio durante el año siguiente, solo que alguien lo haría. El tiempo que pasaran juntos debería resultar convincente y el que estuvieran separados, difícil para ambos. Zara imaginaba que las llamadas diarias de Edixon eran una forma de medir su afecto hacia ella. Al menos en los registros telefónicos aparecería una llamada cada día. Zara convenció a su esposo de que la visita de Gloria no le había afectado. Aquella era seguramente la única verdad a medias que le había contado hasta la fecha. No tenía por qué saber hasta qué punto le había hecho ver las cosas desde otra perspectiva. Claro que la tarjeta de crédito hablaba por sí misma. Zara no tenía nada que envidiarle al personaje de Julia Roberts en Mujer Bonita. Trajes de firma, vestidos, zapatos y bolsos. Se había pasado medio día sentada en un salón de estética haciéndose la manicura, la pedicura, un tratamiento facial y cortándose el pelo. Un par de sombreros de ala ancha y unas gafas de sol oscuras la ayudarían a pasar inadvertida, aunque la sensación de saberse observada no la abandonaba en ningún momento. —Te estás volviendo una paranoica —se dijo Zara mientras corría las cortinas de casa a primera hora de la tarde del viernes. Miró el reloj y calculó qué hora sería en Europa. Siempre era Edixon quien llamaba, así que pensó que quedaría bien tomar la iniciativa si, como creía, alguien le había pinchado el teléfono. Levantó el auricular del fijo y cogió un papel del escritorio en el que había apuntado el número de su casa. Un tono, seguido de un clic, y un segundo tono. Samantha se quedó petrificada. Conocía aquel sonido, lo recordaba muy bien. Colgó el auricular y consideró sus opciones. Llamar a Edixon con el móvil era una, pero por lo que sabía había una cámara vigilándola y un micrófono escondido en algún punto de la casa. Menos mal que la mayoría de sus últimas conversaciones con Edixon habían tenido lugar en la calle y siempre por el móvil. Salir de casa para hacer la llamada era otra opción. Y luego estaba la número tres. Si la persona que le había pinchado el teléfono esperaba escuchar una discusión sobre un matrimonio falso, la decepción sería mayúscula. El Gobierno ya había invadido su privacidad en el pasado con resultados terribles para su familia. Esta vez Zara no se jugaba tanto, pero no tenía intención de permitir que nadie se quedara lo que por derecho era de Edixon. Le gustase o no, Edixon era su marido, y seguiría siéndolo las próximas cincuenta y tres semanas. Zara se quitó los zapatos y volvió a levantar el auricular inalámbrico del teléfono. Con el móvil en la otra mano, primero envió un mensaje. «¿Estás en casa?» El móvil vibró. «Por primera vez en toda la semana.» Empezó a marcar de nuevo el número. «Ten el móvil cerca y sígueme la corriente.» Edixob miró la pantalla del teléfono y sacudió la cabeza. —¿Que le siga la corriente? ¿Qué se supone que quiere decir eso? — Se disponía a escribir la pregunta cuando de pronto sonó el teléfono fijo. Lo cogió y oyó la voz grave de Zara prácticamente ronroneando al otro lado de la línea. —Hola, cariño. ¿Cariño? ¿A qué venía eso? Abrió la boca dispuesto a preguntar, pero Zara siguió hablando, cada sílaba más insinuante que la anterior. —¿Qué tal el día? —Ocupado. Tengo ganas de tomarme medio día libre mañana. —El móvil de Edixon vibró. «¿Has oído ese clic en la línea?» Leyó la pregunta de Zara y empezó a responder en voz alta. —Zara, ¿qué está...? —Dios, cómo te echo de menos. Ojalá me llegue pronto el pasaporte y podamos reunirnos. Edixon abrió los ojos como platos. No parecía que Zara hubiera estado bebiendo, aunque le gustaba la idea de que le hubiera echado de menos. Aun así, era capaz de reconocer una mentira cuando la oía. «Alguien me ha pinchado el teléfono. Sigue hablando.» —¿Qué? —¿Le habían pinchado el teléfono? —He dicho que te echo de menos —respondió la voz entrecortada de Zara. —Yo también te echo de menos —le susurró él mientras tecleaba «¿Qué coño está pasando?» Zara se rió. —¿Sabes en qué llevo pensando todo el día? Su voz de línea erótica se confundía con los mensajes de texto y Edixon empezaba a perder el norte. Si alguien le había pinchado el teléfono, eso significaba que habían estado en su casa. De pronto, empezó a dolerle la mandíbula de la tensión y sintió un calor muy intenso en su interior. Estaba demasiado lejos para llegar hasta ella. —No, ¿por qué no me lo cuentas? «Me vigilan. Creo que alguien nos escucha ahora mismo.» —Pues he estado pensando en esa sonrisa tan sexy que tienes. Edixon respiró profundamente antes de seguir con el mensaje que estaba escribiendo. —¿Crees que mi sonrisa es sexy? —Sabes que sí. Echo de menos ver la sonrisa en tus ojos cuando estamos juntos. Blake sabía que aquellas palabras eran para la persona que estaba escuchando la conversación, pero no por ello era menor el efecto que causaban. Zara no era actriz, pero lo estaba haciendo de fábula. «Tengo que sacarte de ahí.» —¿Sabes qué es lo que yo echo de menos de ti? —preguntó Edixon, siguiendo el hilo de la conversación. —Dime. «Estoy de acuerdo contigo», respondió ella. Edixon se sorprendió de que accediera sin oponer resistencia. —¿Qué? — Que me digas qué echas de menos de mí —le recordó Zara. Edixon dejó el móvil a un lado y se concentró en sus palabras. —Echo de menos tu pelo salvaje sobre mi almohada. —No era la primera vez que imaginaba aquella estampa, a pesar de que nunca la había presenciado... todavía—. La forma en que te humedeces los labios justo antes de besarme. —¿En serio? —La voz de Zara era aún más grave.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR