Alondra
Me sentía una completa idiota. Mirella tenía toda la razón, el idiota de su amigo tenía razón, absolutamente todos los que me dijeron que no me meta con Nicolás Parker tenían razón. Que ilusa fui. No dije nada. Cerré la puerta nuevamente y fui en busca de mi amiga.
—Alon, ya falta poco para la media noche. Están preguntando si ya hablaste con la chica que traerá el pastel.
—Mire, me siento mal, ya vámonos —quería llorar, llorar y llorar, pero no lo haría aquí enfrente de todos. Mirella de inmediato notó que algo andaba mal, tomó nuestros bolsos y salimos de esa casa de inmediato.
Caminamos en silencio hasta llegar a la camioneta de la mamá de Mire, nos la presto con la condición de que recojamos a Mati de la escuela toda la siguiente semana, pues ella tenía que hacer un viaje de negocios.
A penas nos introdujimos en el vehículo, un fuerte olor a alcohol inundó el lugar. Miré a mi amiga, ella me miraba fijamente en busca de una respuesta, se le veía muy preocupada.
—¿Todo bien Alon? —dijo recostando su cabeza en el respaldar, estaba picada y era evidente.