Nos dieron lugar en el área vip, Mirella tenía los ojos más brillosos que nunca. Realmente este era uno de sus más grandes sueños haciéndose realidad. La apachurre entre mis brazos, amaba ver a mi amiga así de feliz.
—Debo confesar que estaba por darme por vencida hasta que te vi llorar. Ahí dije no, no, no. Hoy entramos porque entramos.
—Ay Alon estoy temblando, siento que cuando los vea me orinaré de los nervios —reí —lo digo en serio eh. No puedo creer que Noah me haya visto llorar, o sea no bastaba con que tú amigo ese de la gasolinera me vea toda borracha y me cargue hasta mi cuarto, hoy también tenía que hacer el ridículo. Y lo peor es ese documental, Alon ¿sabes cuánta gente verá mi cara llorando?
—No sé qué decirte amiga, a mí me da hasta vergüenza ajena.
—¡Tonta! No ayudas —rio —Me llega, todo pasa por algo. Y si medio país tiene que verme llorar por lograr estas entradas, adelante, ¿Dónde firmo?
—Eres un caso, ¿lo sabes? —le dije volviendo a abrazarla. Estaba loca, pero era mi loca favorita.