—Tengan cuidado, son muy poderosos —gritó Kalen mientras se posicionaba—. Yo me encargaré de Lucas. ¡Ustedes enfrenten a los otros tres! Recuerden, ellos usan magia negra. Sean cuidadosos. Maki y Mikau intercambiaron una mirada. Los gemelos se posicionaron uno al lado del otro, sincronizados por años de combate juntos. Maki desenfundó su arma: una naginata de hoja ondulada forjada con acero lunar, perfectamente equilibrada. Mikau, por su parte, empuñaba un par de chakrams con filos encantados que giraban a su alrededor con precisión letal. El General de la Lanza, un gigante cubierto en una armadura de pinchos negros, rugió al verlos. Su lanza era enorme, con una hoja que parecía forjada en el mismo abismo, envuelta en fuego púrpura. Maki giró la naginata con una destreza brutal y lanzó

