Primera puerta: El Valor Ania cruzó el umbral de la puerta marcada con el símbolo de la llama. El aire cambió de inmediato: se volvió denso, cálido, casi asfixiante. Una niebla rojiza cubría el entorno como si el mundo estuviera ardiendo desde dentro. De pronto, una punzada en su pecho la hizo caer de rodillas. Un destello brotó de su corazón y flotó delante de ella: era una piedra translúcida, palpitante, como si aún llevara su pulso. —Esa es tu piedra del valor —dijo una voz etérea, ni masculina ni femenina, solo... antigua—. Para recuperarla debes enfrentar aquello que siempre has temido. Lo que tu alma nunca se ha atrevido a mirar de frente. La piedra desapareció entre la niebla y el suelo tembló bajo sus pies. La niebla se disolvió... y Ania se encontró en un paisaje árido y gris,

