El sol se alzaba sobre los campos altos de Loren, proyectando una luz dorada sobre los templos reconstruidos y las torres en restauración. El aire aún olía a ceniza, pero también a flores nuevas. A tierra fértil. A futuro. Lucas se encontraba en el balcón del antiguo palacio de los guardianes, con la mirada perdida en el horizonte. Ya no vestía armadura, sino una túnica sencilla de lino blanco con detalles de plata. La corona aún no tocaba su cabeza. Ania se acercó en silencio, el viento acariciando su cabello blanco como la luna. —¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó con suavidad. Lucas asintió, sin necesidad de palabras. —Loren respira otra vez. —dijo ella, apoyándose a su lado en la baranda—. La oscuridad ha comenzado a retroceder. El pueblo te sigue. No por miedo… sino por

