CAPITULO 58

1547 Palabras

Lucas caminaba solo, apartado de sus compañeros, cruzando un desfiladero olvidado que descendía en espiral hacia las profundidades del mundo. El aire era más denso a cada paso, cargado de una esencia rancia, vieja, como si el tiempo mismo se hubiera detenido allí abajo. El sendero lo guiaba hacia las catacumbas, lugar prohibido incluso para los hechiceros. La única luz provenía de cristales rojos incrustados en las paredes de roca negra. Cada uno pulsaba con un ritmo propio, como corazones latentes atrapados en piedra. Las sombras parecían vivas, se estiraban, se contraían, como si lo observaran, como si recordaran su sangre. En su corazón, Lucas sentía la Murasama, sellada por su padre, vibrar con ansias. El arma oscura respondía a la oscuridad del lugar. “Aquí es donde nació el poder q

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