CAPITULO 61

1310 Palabras

Tras la destrucción del depósito de municiones, Axel y Mikau se abrieron paso entre las ruinas, pero una inquietante sensación los asaltó: ya conocían esa presencia. La habían sentido antes, entre los pasillos retorcidos del almacén maldito. Una figura etérea y sin rostro, observándolos desde los fragmentos de un espejo roto. Era ella. Syrwen, la vidente ciega, guardiana de los espejos malditos. El aire se volvió irrespirable cuando entraron en un claro rodeado de bruma cortante. Fragmentos de cristal flotaban suspendidos, tintineando como campanas fúnebres. En el centro, con un manto blanco salpicado de rojo y los ojos vendados por una tela que parecía sangrar, estaba Syrwen. Los reconoció al instante. —Nos volvemos a ver, niños del fuego y del acero —dijo con una voz que resonó en los

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