La atmósfera en las catacumbas se volvió opresiva, como si las paredes mismas respiraran un aliento frío y muerto. Lucas avanzó lentamente, su espada envainada pero lista, cada paso resonando entre las ruinas como un tambor de guerra. Al fondo, entre estatuas de dioses caídos y raíces muertas, Marina aguardaba. El cristal de obsidiana en su frente brillaba con un fulgor antinatural, como si algo antiguo y hambriento palpitara en su interior. Su cabello n***o se alzaba con la energía oscura que manaba de su cuerpo, y sus ojos... sus ojos ya no eran del todo humanos. —Así que has decidido luchar —dijo Marina con voz serena, pero cargada de tensión. La piedra en su frente emitió un zumbido grave, como un corazón latiendo bajo tierra. Lucas no respondió de inmediato. Solo la miró, el rostro

