Después de concluir las pruebas, la puerta de piedra se abrió con un gemido profundo, como si la Torre del Cuervo lamentara dejarles pasar. Un resplandor pálido se coló entre las rendijas, y el umbral reveló ante Ania y Kalen el último tramo que conducía a la cámara principal. El corredor que se abría ante ellos era imponente y silencioso. Se extendía como una garganta colosal tallada en roca negra viva, adornada con pilares gigantescos cubiertos de runas rotas que parpadeaban en luz púrpura. Las paredes respiraban… literalmente. Como si estuvieran hechas de una carne pétrea que latía muy levemente, alimentada por una magia oscura y ancestral. El suelo estaba cubierto por una neblina blanca y baja, que se movía perezosa entre fragmentos de armas oxidadas y esqueletos fosilizados de guerr

