CAPÍTULO XI

1144 Palabras
"Solo son... Pesadillas" Angy. Caigo al vacío mismo y de pronto me levanto mirando la oscuridad que me rodea. Respiro profundo y el olor a azufre inunda mis fosas nasales, me pongo en pie más rápido de lo normal, incluso es lo más inhumano posible y eso es algo confuso. Escucho el llanto de un bebe a lo lejos y voy en su búsqueda, no logro ver más allá de esta oscuridad que llena en el espacio en donde estoy, siento náuseas y un profundo dolor en mi cabeza. De tanto caminar llego a un lugar un tanto extraño para mí, y lo digo porque me encuentro con una chimenea a mitad de la nada, con el fuego encendido y plantas marchitas. Una niña, es lo que veo luego de parpadear dos veces y dar tres pasos atrás por el asombro. Ríe mientras juega con su muñeca y se ve tan tierna, tiene el cabello de color ceniza y su piel es pálida, su risa es tan angelical que me atrae poco a poco hasta ella. Lo raro de todo, es que mientras más camino en su encuentro, más se aleja. —No. Escucho una voz fuerte y varonil y me detengo de seguir caminando para acercarme a la pequeña, busco a los lados al dueño de la voz pero no doy con nadie. Frunzo el ceño algo confundida, pero continuo con la caminata. — ¡Te dije que No! Me detengo en seco, estoy petrificada en el lugar. La voz se volvió aterradora, como si algo del inframundo hubiera salido solo para gritarme, trago grueso y me giro a donde creo está lo que grito esas palabras. Mi boca está reseca y los latidos de mi corazón están tan acelerados que pienso que en cualquier momento me estallara, la risa de la pequeña se sigue escuchando pero se va agravando cada que giro en busca de alguien o algo. No encuentro nada. Y eso me asusta, así que me giro para correr a donde creo esta la chimenea, pero no la consigo, en cambio caigo a un vacío "dentro del vacío". Cierro mis ojos porque no sé qué pueda ocurrirme y entonces caigo en algo cómodo y reconfortante. —Estas a salvo aquí, Angy. Abro los ojos con lentitud acostumbrándome a la luz de las velas que me rodean, la habitación en la que estoy está tapizada de gamuza roja, casi de un color como el vino. Frente a mí y con un sonrisa llena de ternura se encuentra sentado en un sofá n***o, un chico de cabello blanco y ojos plateados, con la piel tan blanquecina que pareciera un c*****r. — ¿Por qué no dices nada?, por lo general tú hablas mucho. Su sonrisa se ensancha pero yo no dejo de detallar su imagen. Su ropa negra, una sudadera, zapatos bien lustrados y unos vaqueros ajustados que por alguna extraña razón hace que el bulto entre sus piernas se note y mucho. Carraspeo un poco y me renuevo incomoda, este chico es realmente guapo pero tiene algo que me asusta. —Por lo general no hablo con extraños. —Se ríe como sí hubiera escuchado el mejor chiste del universo. —Vamos, no seas una mentirosa. —Comenta enderezando por completo su columna vertebral y dando una sonrisa arrasadora. —Dylan y yo, éramos extraños cuando nos conociste. Así que no me salgas con eso ahora, me costó mucho entrar a tu mente a través de los espejos, tus lagunas mentales son muy fuertes para mí, estando lejos. Frota con su pulgar el labio inferior y me maldigo muy dentro de mí por desear saltar sobre él y besarlo, ¿Qué me está pasando? Yo no soy así, soy de Dylan y punto. —No sé quién seas y la verdad no me interesa saberlo, pero sí tienes alguna respuesta para mí de cómo salir de aquí, me sería de mucha ayuda. Ríe de lo que he comentado y me molesta, porque traté de lucir lo más valiente y amenazadora que pude, pero al parecer no logre nada en absoluto. —Sabes muy bien quién soy "preciosa". —De inmediato me quedo en un breve shock, estática y sin ningún argumento. Solo una persona me llamaba así y era Dylan, no. Mejor dicho, Marcus. —Marcus... —Murmuro por lo bajo y él parece escucharlo porque me da una amplia sonrisa que se termina volviendo aterradora, sus dientes se vuelven afilados y sus ojos dos pozos negros. La respiración me falla, siento un escalofrío recorrer mi columna vertebral por completo y con calma, como si algo estuviera paseando su mano por allí. —Qué forma más extraña tiene tu mente para recordarme. —Coloca una de sus manos sobre mi muslo y lo acaricia. —Deja ya esos espasmos de miedo, no te haré daño. Una risa que se escucha de la nada, logrando hacer que se levante del asiento y colocarse en posición de defensa. Busco con la mirada a la dueña de esa risa tan espeluznante y como un espectro que traspasa paredes, una chica de cabello blanquecino aparece a un lado de nosotros con un enorme vestido blanco y ojos derramando sangre. —No tienes permiso para entrar aquí, ¡Vete ya!— grita molesto mi acompañante y la chica solo ríe mientras yo trato de no sufrir de un ataque cardíaco en donde estoy sentada. Es horrible, todo en ella grita peligro y siento que en cualquier momento saltara sobre mí para matarme o llevarme al más allá. —Solo quiero jugar... —Comenta y siento que atormenta mis oídos, es como si su voz fuera tan aguda que se vuelve afilada. —No es una persona con la cual puedas o debas jugar. —Responde mordaz Marcus y su cara se torna roja, llena de ira. —Estoy tan aburrida hermano. —Hace un puchero y hasta eso me asusta, estoy empezando a creer que moriré en este preciso momento por el pánico. —No me importa, ¡Largo! Lo siguiente que escucho y veo hace que grite llena de terror puro. Se eleva en el sitio donde está y su voz cambia de aguda a grave en tres tonos, su cabeza gira sobre sus hombros y la lengua se estira tal cual como en las películas de horror y suspenso. Despierto. Estoy empapada de sudor y me doy cuenta que aprieto tan fuerte las sabanas que duele, con calma las voy soltando mientras me digo a mi misma que todo fue un sueño y nada es real. Me siento sobre la cama mientras frotó mis ojos tratando de recomponerme, alzo la vista y ahogo un grito... Está allí, en el espejo, observando atento mis movimientos con una sonrisa ladina. —Nos volveremos a ver, preciosa. —Murmura antes de evaporarse ante mis ojos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR