Desesperado y con el corazón roto por la angustia que sentía, llegó hasta la azotea, como última esperanza decidió buscar en ese lugar, aunque de antemano sabía que el criminal no se iba a arriesgar a que lo vieran torturando a una mujer en una azotea. Comenzó a caminar entre tendederos y tinacos, vio que había algunos cuartos de servicio y pensó que tal vez en alguno de ellos podría estar el amor de su vida, vio el reloj con nerviosismo, ya habían pasado cuarenta y cinco minutos, el tiempo se acababa y él se sentía más derrotado que nunca. De pronto, vio que uno de los cuartos de servicio tenía la puerta entreabierta, su corazón palpitó más de prisa y sin titubear se dirigió ahí, sacó su pistola y sin precipitarse, empujó un poco la puerta y esta se abrió por completo. En el cuarto, só

