Capítulo XXVI: En carne propia

2079 Palabras

—Buena suerte mi amor, y que Dios te proteja —le dijo su esposa dándole un beso en la boca con todo su amor y ternura. Samuel, no se equivocó en sus conclusiones, cuando llegó a la jefatura, Galicia, ya lo esperaba y en la oficina de Ugalde, al verlo entrar comenzó a hablar a gritos: —¿Que voy hacer con usted, Samuel...? ¿Cree acaso que su placa le da impunidad para atacar a los ciudadanos... principalmente a un reportero que es el representante de la opinión pública y que tienen las armas en las manos para elevarnos o humillarnos? —No señor, en mi informe le narré a usted como sucedieron las cosas, no pude contener mí coraje ante las burlas ofensivas de ese cobarde que no respeta a nadie, ni al cadáver que una compañera que yacía frente a nosotros. —Pues utilice ese coraje para obtene

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