—¡Sonia… mi amor! ¡Maldito sea ese infeliz que se atrevió a hacerte esto! —gritaba desesperado y llorando amargamente con el cadáver en brazos— te juro que no voy a descansar hasta tenerlo en mis manos y hacerlo pedazos… ¡Hijo de su perra madre! ¿Por qué a ella? ¿Por qué? Samuel, lo iba a separar del cuerpo de la agente, sólo que, Héctor, lo detuvo por un brazo con firmeza para evitar que lo hiciera. —Era su novia… la amaba y era quién se encargaba de traerla todas las noches a su casa, sólo que, por el accidente de auto, hoy no pudo hacerlo. Samuel, entendió aquello y el verlo ahí, llorando por la mujer que amaba, le caló en lo más profundo de su ser, se volvió de espaldas para que sus hombres no lo vieran, en sus ojos dos lágrimas de coraje, vergüenza y dolor pugnaban por salir, mient

