Capítulo 8, Desconectar del mundo

1573 Palabras
— Buen día mi patrón bello, ya le sirvo su desayuno. Lo decía bajando con un poco de dificultad las escaleras. —¡Nana usa el ascensor, eres terca o te gusta que te cargue! ¿verdad? Daniel había subido muy rápido las escaleras para cargar a la nana y bajar con ella en brazos y Adela solo reía a carcajadas. — ¡Bájame! Muchacho loco, ja, ja, ja ¡bájame!  De la risa que tenía no podía hablar bien, llegaron abajo y Daniel la colocó suavemente en el piso. — Debes hacer dieta, estás gordita y pasadita nana ja,ja,ja. ¿Cómo pasó la noche Lía? —¡Ay muchacho!, creo que no pasó muy bien la noche, se despertó gritando porque tuvo una pesadilla horrible, en estos momentos está despierta, pero no quiere comer, solo tomó agua para tomarse una pastilla para el dolor de cabeza—dijo con preocupación la nana. — Entiendo, pero nana insiste para que coma, porque si sigue así se va a enfermar, ahora sí tráeme mi desayuno. — Enseguida hijo mío. Adela fue muy rápido a la cocina y le sirvió desayuno a Daniel ella se sentó junto a él para hacerle compañía y seguir hablando de Lía , ella podía ver cierto interés en Daniel por su ahora esposa y a ella le agrada mucho eso. —¿Cuánto tiempo crees que estará así?—preguntó Daniel con cierta preocupación — No lo sé, pero lo que sí sé es que debemos buscarle un psicólogo, anoche se despertó pegando gritos horribles estaba sudando frío, y hablaba incoherencias. — Es raro, pero debe ser por tanto estrés y dolor a la vez. ¿Crees que sea conveniente que suba y hable con ella? —Preguntó Daniel, para conocer la respuesta de la nana. — ¡No es conveniente hijo!, ella está muy afectada, se quiere desconectar del mundo, apagó su teléfono, le informó a su asistente para que no la molestaran y Mandó a suspender todas las reuniones agendadas, no quiere trabajar, no quiere ni siquiera salir de la cama. —Bueno nana yo la ayudaré lo más que pueda con la empresa, pero no es nada fácil, le daré unos días para que se recupere. —Sí hijo, es bueno que la ayudes, yo también haré todo para que esté cómoda — Gracias, nana, todo estuvo sabroso, estaré en el estudio. Aunque Daniel no demostraba que le preocupaba la situación con Lía era algo que en realidad lo intrigaba demasiado quería ayudarla, así que buscó al mejor psicólogo. En esa semana tuvieron la visita del psicólogo; sin embargo, Lía no permitió la entrada a la habitación, ella no quería tener contacto con nadie del exterior por lo poco que le explicaron él dijo que se trataba de un caso de depresión y refirió su caso al mejor psiquiatra de la ciudad. El psiquiatra hizo la visita, pero al igual que los demás no le permitió la entrada a la habitación, Lía estaba totalmente cerrada y lo poco que sabían de ella, era porque lo comunicaba la nana quien era la intermediaria y la única interesada a entrar a la habitación. Yuli iba todos los días para saber de su jefa que también era su mejor amiga, siempre recibía la misma respuesta, no quiere comer, no quiere hablar, ha tenido muchas pesadillas, ella se acercaba a la habitación, pero no le daba el acceso. Los días y semanas fueron pasando hubo días donde a Lía le tuvieron que colocar hidratación endovenosa debido a que se desmayaba por la deshidratación y descompensación, algunas veces solo recibía una sola comida al día, el psiquiatra había indicado algunos antidepresivos, la toma de estos medicamentos y sin ingerir suficientes alimentos, aunado a su estado depresivo, provocan dolores estomacales y dolores de cabeza ella estaba totalmente descompuesta, pero así quería estar y vivir su día a día.  Todas las noches Daniel entraba a la habitación de Lía solamente para ver su delgada Silueta recostada en la cama, otras veces se quedaba de pie frente a la puerta tratando de buscar una solución pero no la conseguía . Un mes completo había transcurrido y en el cual Lía nunca había salido de la habitación esa noche Daniel se había quedado hasta tarde en su estudio terminando de firmar unos documentos cuando se pone de pie frente al ventanal que daba vista al jardín trasero pudo ver a lo lejos a Lía de pie justo en el lugar donde había fallecido su hermana, Daniel creyó que ya ella había superado su dolor y que ya podía salir de la habitación. Él se quedó observándola por largo rato hasta que ella nuevamente regresó a su habitación él se fue a dormir con la esperanza de que Lía ya saliera de su depresión. Por la mañana el se levanta entusiasmado cuando llega al comedor se encuentra con la misma escena de todos los días, desayunar solo o con la compañía de nana, se hacía tarde así que prefirió no desayunar en casa y se dirigió a la empresa . Así pasaron varias noches donde él la veía acostada en su cama, observando su silueta delgada, pero eso le bastaba. Desde la habitación de Lía había un lindo balcón con salida al hermoso jardín trasero todas las noches después de las pesadillas ella bajaba hasta el jardín, para tratar de calmar su cuerpo de la agitación y malestar que le quedaba después de una horrenda pesadilla. Tres Meses habían pasado desde que Lía ingresó a esa habitación ,el psiquiatra le le comentó a Daniel. —Ella estaba sumergida en una especie de burbuja de protección, donde se sentía segura de que nadie del exterior le hiciera daño, esto es una especie de retroceso emocional, conductual psicosocial, mayormente está unido o es consecuencia de hechos pasados, hechos traumáticos pasados— comentó el Psiquiatra. También les dijo que ella misma se había metido ahí y ella misma era quien debía salir, solo debían ser constantes no dejarla sola por más que ella lo pidiera y hablarle mucho que la querían, que sintiera su apoyo. Daniel no dijo nada y solo asintió con su cabeza todo lo recomendado por el psiquiatra. Mientras tanto ella permanece en la habitación. Ella está consciente de todo, sabe que han pasado tres meses, desde que llegó a la casa, pero no le interesa cambiar nada, que se caiga el mundo si quiere, pero no va a salir de donde está, su cuerpo le duele, tiene constantes dolores de cabeza y estómago, está agotada y cansada. Adela es una buena nana ella es quién la saca de la cama para que se bañe, aunque algunas veces no lo hace, pero las pesadillas las siente muy reales, siente que está viviendo nuevamente lo que pasó en su niñez. Lía se encuentra acostada está entre despierta y dormida escucha que están tocando la puerta, piensa que es la nana —¡Adelante nana!. Está tan débil que no puede gritar, se levanta de la cama, sus piernas le duelen, siente que en sus tobillos están clavados tachuela, pero aún así intenta seguir caminando hasta la puerta para abrirla. Cuando llegó a la puerta giró la manilla, se encuentra con que está cerrada con llave, y escucha voces del otro lado. —¡Abran la puerta! ¿Por qué me encerraron? — decía Lía intentando gritar para ser escuchada. Ella queda de pie frente a la puerta y luego siente como comienzan a golpear la puerta de manera brusca asustada, comienza a retroceder hasta que la puerta se abre y ve la figura de un hombre al que no distingue su rostro, pero este comienza a reír a carcajadas y en seguida se abalanza sobre ella y la golpea tan fuerte que la lanza al piso inconsciente, cuando reacciona este hombre está encima de ella, gritaba y levantaba las manos para defenderse, pero lo que inyectó ya estaba, deslizándose por mis venas, ardía y dolía y comenzó a sentir su cuerpo relajado. —Bien esperemos que con esto sea suficiente— Dijo el galeno un poco cansado. — ¿Qué pasó? ¿Por qué me colocan eso?—preguntó Lía al escuchar una voz de hombre en su habitación. —Te volviste a desmayar Lía , esto es una hidratación y un calmante, pero ya debes parar esto por favor—el doctor estaba muy serio y se podía notar lo molesto que estaba. Lía se limpió el rostro con sus manos y escuchó el sermón del médico, ella sabía que debía comer. — Está bien comeré, lo prometo— refunfuñó sin ánimos. — Muy bien lo harás en este instante y delante de mí, por que si no llamaré a la ambulancia y te sacaré de aquí y te llevaré al hospital—dijo el médico con autoridad y ordenó a Adela que trajera algo de comida ligera. Adela llegó con una deliciosa sopa y frutas picadas. — Muy bien a comer—dijo el doctor mirándola muy serio. Ella comió todo y se sintió extremadamente llena, pero se sentía bien, al cabo de unas horas ya tenía mejor semblante y el doctor pudo examinar como debía le indicó que debía comer, le recetó algunas vitaminas, y protector gástrico. Adela veía que ella había conversado más ese día que otros y quiso salir al balcón, todo parecía que ya estaba aceptando y asimilando mejor la cosas.
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