MORATA:
-¿Me estás diciendo que la chica que se subió a tu auto…? - hace una pausa. - La misma chica que sabe cerrar la puerta, ¿es una monja?
-Sí, estaba con las monjas de la catedral San Cristóbal. Le pregunté y me dijo que era monja.
- ¿Cómo es ella?—me mira con los ojos abiertos.
- Te lo dije, es una monja.
-No me refiero a eso, quiero saber cómo es físicamente.
-Bueno… cabello castaño, 1,60 de estatura aproximadamente, delgada.
-¿Tiene algo característico, algo que no sea común?
- Déjame pensarlo... Tiene los ojos de diferente color - Marco me mira con los ojos abiertos - Labios carnosos, mandíbula perfilada. Es la niña más femenina que he visto... ¡Ah! También me dijo que está próxima a cumplir los veintiún años.
-¿Cuáles son los colores de sus ojos? - Marco me toma de la camisa un poco alterado.
— No lo sé, Marco, suéltame. No me tomes de esa manera.
- ¡Dime!... Uno es de color verde y el otro es amarillo, solo dímelo.
- Creo que sí, Marco, estaba oscuro, no lo sé. Cálmate que estás demasiado alterado. ¿La conoces? — Lo veo sentarse en las escaleras tomando su cabeza — ¿qué sucede?
-¡Es ella!
-¿Quién Marcos? A qué te refieres.
-La chica que estoy buscando... - me mira - es ella.
-¿Cómo sabes eso? - Estoy confundido.
-Es una sensación extraña, algo me dice que es ella, pero necesito confirmarlo - Marco mira a la nada, como recordando algo - pero, si ella está aquí... en una iglesia... - Se levanta.
-¿Tienes acceso a ella, un número de teléfono, algo? - Niego con la cabeza.
- Estaba con Ana Clara, podemos hacer que ella nos ayude.
- Es muy astuta, ella se dará cuenta de que la estamos investigando - limpia su cabello hacia atrás con su mano izquierda, parece desesperado - no puedes preguntarle a Ana Clara. ¡Ella se dará cuenta!
-¿De qué hablas, Marco? ¡No estoy entendiendo!
-¿Puedes hacer una fiesta? - Marco se levanta y saca su teléfono - ¡asegúrate de que ella venga! No importa lo que tengas que hacer, ¡asegúrate de que ella, esté aquí!
ROMINA
Ana clara me invita a tomar una cerveza y la acepto, recuerdo la primera vez que me embriague, estaba con Marco y Luca nos vio, ese día los tres terminamos en una celda de castigo vomitándonos unos sobre otros, fue asqueroso. Hago una mueca recordando.
Ana Clara habla con un chico sobre quedar en algún lado, por lo poco que entendí es que van a acostarse, estoy concentrada en las carreras, hay autos excelentes, unos tienen motores reforzados y otros son autos diseñados para correr.
Llaman a la chica del carro dieciocho y Ana Clara se levanta para montarse al carro, me levanto para verla correr, y la escucho gritar, no entiendo por qué se sube si le tiene miedo, el auto dieciocho gana la carrera y escucho la sirena de la policía, mierda, busco donde puedo esconderme y no hay lugar, empiezo a correr para subirme a la bodega, con estos zapatos se me dificulta la escalada, y escucho que alguien me llama.
No presto atención, continuo con mi trabajo, y vuelve a hablar sobre que me llevara en su auto, tengo que bajar porque si no lo hago pueden descubrirnos.
Me toma del brazo y me abre la puerta del auto donde estuve en la carrera, no había notado que era la misma persona, algo extraño pasa por mi cabeza, tengo que estar más atenta.
Arranca el auto y empieza a hacer preguntas, insiste con saber mi nombre, pero la policía está detrás del auto, se percata de ello y arranca, perdiéndolos en el camino.
Me sorprende que conozca a Ana Clara, respondo a todas las preguntas que hace y mi teléfono suena, es Mía, le envió mi ubicación para que me recoja, necesitamos llegar a la media noche a la catedral.
Morata es extraño, su aura me atrapa y envuelve mi carácter como ninguna otra persona.
Me toma de la mano y me pega a su pecho, siento mi pulso acelerarse y de alguna manera me pongo en alerta. Pero es diferente esta vez, es como si me gustara la forma en que me agarra, lo hace fuerte, pero sin intención de lastimarme y el olor de su perfume amanerado hace que se activen mis hormonas.
Me pregunta quién soy, en realidad nunca me he dado cuenta de eso, aunque sé que soy monja, nunca lo he sido en realidad, no como las monjas que viven una vida devota, entonces le respondo lo más fácil y me subo al auto.
Su mirada es de desconcierto, y me hace sonreír.
Me subo al auto y las chicas empiezan a vitorear al mafioso. Me detengo a pensar un momento, ¿fue por él que el sacerdote me trajo?, ¿Necesita que lo investigue? Tengo que hablar con el sacerdote mañana en la mañana y salir de mis dudas.
Continuamos por una hora dentro del carro y nos deja en la entrada de la catedral, las chicas se quitan los tacones y una de ellas está ebria, ¡definitivamente no están en la iglesia porque quieren!
Apenas estamos en la entrada encienden las luces, mierda, no había escuchado pasos.
- ¿Dónde estaban y porque llegan con esa ropa? - dice la madre superiora y no puedo evitar reírme, estas chicas creían tener todo bajo control, pero no les salió muy bien esta vez.
- Discúlpenos Madre, no vuelve a pasar - dice Mía mientras se arrodilla.
Que le pasa a esta chica, porque se arrodilla frente a otra monja.
- Todas quedan castigadas, y usted también, señorita Noa, no me importa que esté protegida por el sacerdote, rompió las reglas y tiene que cumplir con su castigo - me dice con una sonrisa en el rostro. Si cree que voy a arrodillarme, está muy equivocada.
—¡Está bien! - levanté mis hombros y le sonrió, ella parece asustarse.
—¡Todas a sus habitaciones, ahora mismo! — Todas nos dispersamos y nos vamos a dormir.