“—¿Siquiera estás escuchándome, Jeremy? ¿Quién está ahí contigo? ¿Qué estás haciendo? ¡¿Estoy en altavoz?! —Tranquila. Es Josh, acabamos de salir del entrenamiento, vamos en el auto. Y sí, estás en altavoz. —Hola Josh. —Hola princesa. —No le digas princesa. —Ella te está escuchando. —Ella sabe que es una guerrera. —Es una princesa guerrera…” Mi mente sigue viajando en el tiempo a esa llamada, a la última vez que escuché la voz de mi mejor amigo, del que siempre he considerado mi primer amor, y mi alma quiere romperse, de nuevo, en pequeños pedazos. No lo soporto, este sentimiento es aterrador. Odio el amor, así decirlo suene raro. Odio cómo te destruye por dentro, como acaba contigo sin que puedas hacer algo para detenerlo. Amar no es entregarte a otra persona, no es ver la

