Solo pensaba en su felicidad. Y sabía que de algún modo lo arreglaría, y era cierto todo lo que decía, ella no era Aída, y la historia no tenía porqué repetirse. El camino a casa fue silencioso. Quizás ella idealizaba un futuro perfecto, mientras me mente me llenaba de miedos. Ser padre no se tomaba a la ligera, y lo había entendido a la perfección luego de criar dos hijos prácticamente solo. Sabía que Samantha sería una gran madre, amando lo que hace, lo que es y amando a nuestro hijo cada día. Nuestro hijo.—Me repetí internamente muchas veces. Y aunque todo fuese difícil, tenía que buscar un poco de felicidad dentro de ese caos. Había logrado hacer de mis hijos, increíbles personas. Ahora aún más haría a un bebé fuerte y lleno de amor junto a Samantha. Éramos una familia algo

