Al llegar allí busqué con desespero su habitación. Fuera encontré a Álvaro junto al suelo. Sus manos sobre su cabeza con frustración. Esperé lo peor. Corri hacia él y lo vi con lágrimas.—¿Y tú hermana? ¿Y tú mamá? ¿Qué pasó?—Pregunté con desespero. Él solo levantó su mirada y señaló la habitación.—Ya está estable, está viva. Por poco.—Susurró. Sabía lo mal que lo estaba pasando.—Él casi la mata, papá.—Susurró en un hilo de voz. Sus manos temblaban.—No sabes la impotencia que tengo, quiero ir y acabar con él.—Confesó. Entendiendo lo afectado que estaba, no tuve más remedio que sentarme junto a él. Tomé sus manos y las relajó.—Sé lo que sientes, hijo. Pero no es tu guerra, ni tú responsabilidad. Acabaré con él tanto que no habrá donde pueda esconderse. La ley se hará cargo de él, sabe

