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1012 Palabras

No tenía palabras para mantenerme fuerte. Ni siquiera tenía la valentía de darme aliento. Mi oficina se volvió mi mayor refugio, Samantha era de gran ayuda y se volvía mi mayor refugio. Estuve días lleno de alcohol para ahogar mis penas. Samantha estuvo allí para recoger mi cuerpo y sacar todo de él, siempre tenía que regresar a casa, sin importar la hora que fuese ni lo tan mal que anduviera. Tenía dos hijos menores en casa que seguían esperando respuestas, pero aún no tenía el valor de hacerle frente a la realidad y decirles todo lo que sucedía. Seguramente Álvaro sacaba sus conclusiones, pero al igual que yo, tenía el valor de preguntar. Me aferraba más y más al pasado, a los recuerdos y a todo lo lindo que alguna vez había vivido con Aida. Recordaba ese sentimiento de ser pad

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