capítulo 7

1529 Palabras
Al llegar, su mirada se centró en la puerta de madera desgastada, sabía que tras esa entrada se encontraba Tamara, y le urgía saber cómo estaba. Una fuerte lluvia empieza a caer, con el alma en un hilo, César llamó a la puerta con golpes firmes. Después de unos momentos que parecieron eternos, Margarita abrió, y lo que vio le heló la sangre: los ojos de ella eran dos rubíes brillantes, pero surcados por ríos de tristeza. — ¿Vienes a ver a Tamara?,--- preguntó con un hilo de voz que apenas podía ocultar su preocupación. — Sí, señora,--- respondió César, su tono firme pero cargado de ansiedad. No le gustaba cómo sonaba la voz de Margarita; había un temblor que hablaba de incertidumbres. Margarita se apartó un poco, dejando entrar a César, y su mirada le hizo sentir que algo andaba mal. — No me abre su puerta, no sé qué hacer,--- murmuró, mientras un suspiro profundo se escapaba. Esa frase resonó en César, quien sintió un nudo apretándose en su estómago. Sin perder más tiempo, César corrió hacia la habitación de Tamara, sintiendo como si cada paso pesara más que el anterior. Al llegar a la puerta cerrada, ya no pensó en las consecuencias de sus acciones. Con un pie enérgico, golpeó la puerta con fuerza, provocando un crujido que resonó en la casa silenciosa. — Tamara!,---, gritó, sintiendo la adrenalina surgiendo a borbotones. La puerta cedió ante su impulso y César entró en la habitación. La imagen que le recibió lo golpeó como una ola helada, Tamara yacía en la cama, su cuerpo flaco estaba atrapado entre las sábanas arrugadas, como si estuviera dejándose ir. Su piel, ahora lucía pálida. La desesperación se apoderó de César. Se acercó rápidamente, tirando de su lado un par de cosas que impedían su paso. La escena era desgarradora; ella parecía desconectada de todo, como si hubiera perdido la voluntad de luchar. Sin pensarlo, César la tomó en sus brazos y acarició su rostro. — Por favor, Tamara, eres fuerte,--- le susurró con una voz quebrada. Al instante, sus ojos se abrieron lentamente, revelando la confusión que dominaba su mente. — ¿Tú no me abandonarás?,--- preguntó Tamara con una voz débil, casi un susurro. Las palabras cayeron como gotas de lluvia en un día gris, llenas de una vulnerabilidad que hacía eco en el corazón de César. — No, nunca te abandonaré,--- prometió César, la voz firme aunque temblorosa. – Haré lo que sea necesario. Te sacaré de aquí.--- Su determinación se encendió al oír esos temores en la voz de su amiga. Tamara sonrió débilmente, un gesto que le costó esfuerzo, pero que le devolvió un destello de vida a su mirada. — A veces creo que la oscuridad me consume, César.--- — Eso no sucederá, no estarás sola en esto, — dijo César, sintiendo la necesidad de darle consuelo, de infundirle la fuerza que sabía que aún tenía. Comenzó a acariciar su cabello. —Te traigo sopa,--- dijo Margarita y fue a la cocina. Margarita apareció en la puerta, observando en silencio la escena, su corazón roto al ver a Tamara tan indefensa. En sus manos sosteniendo la bandeja con un plato de sopa. César, sin apartar la mirada de Tamara. — gracias Margarita, yo se la doy, — Margarita salió, dejando a César a solas con Tamara. Se inclinó más cerca de ella, sintiendo que su presencia era todo lo que necesitaba en ese instante. —Tú eres una luchadora, Tamara, te prometo que no te dejaré sola, — Pero Tamara se sumió de nuevo en sus pensamientos, sus ojos miraban al techo, buscando respuestas que no llegaban. — A veces siento que me ahogo. Hay días que es tan difícil levantarse, César. Me duele tanto.--- César sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sabía que el dolor de Tamara iba más allá de lo físico, era un duelo por sueños perdidos y promesas incumplidas. — Estoy aquí. No dejaré que te ahogues, respondió con firmeza.Vamos a encontrar la manera de salir de ese túnel. Y yo estaré contigo, paso a paso.--- El chico empezó a darle de comer a Tamara, mientras ella lo miraba. César es un joven de cabello castaño a los hombros, sus ojos negros y un rostro de niño bueno. Cuando termino de darle de comer, ---¿cómo te sientes?,--- preguntó César -- Me siento perdida,--- murmuró ella, después de hacer un esfuerzo por articular sus pensamientos. --- Es normal sentirse así cuando las cosas se tornan difíciles, lo importante es que tienes a personas a tu alrededor que se preocupan por ti y quieren ayudarte.--- dijo César César se mantuvo a su lado, sintiendo el peso de la situación, pero también una chispa de esperanza. La tormenta afuera podía ser feroz, pero dentro de esa cabaña, había un espacio para la lucha, la amistad y la esperanza. ---Juntos saldremos de esto, Tamara, --- le prometió. César sabe que la batalla no había terminado, pero que al menos había empezado un camino hacia la sanación. El reloj seguía su curso, y con cada tic tac, la lluvia continuaba cayendo, pero en el corazón de César germinaba una semilla de optimismo, la certeza de que no estaban solos, que se enfrentarían a la tormenta juntos. --- la lluvia esta muy fuerte, puedes quedarte en el sillón de la sala, --- dice Margarita César se acerca a la ventana, --- si, le avisaré a mis padres, --- dice tomando su teléfono. El joven le avisa a sus padres que se quedará en casa de un amigo, estos le dan permiso, ya que la lluvia era muy fuerte. Mientras tanto en su cada... Javier se encontraba en su habitación, la luz del monitor proyectaba un brillo tenue en la oscuridad que lo rodeaba. A través de la pantalla, buscaba información sobre cómo ayudar a una persona en proceso de rehabilitación por consumo de drogas. Era un tema que le tocaba de cerca, ya que su prima Tamara había caído en ese oscuro abismo y Javier sentía que debía hacer algo para apoyarla, las palabras de César lo habían animado. La búsqueda comenzó con palabras clave sencillas: “cómo ayudar a un amigo en rehabilitación”, “apoyo emocional en la recuperación de adicciones” y “recursos para personas en rehabilitación”. Mientras iba leyendo, Javier se dio cuenta de lo complejo que era el proceso de rehabilitación. No se trataba solo de dejar la sustancia, sino de enfrentar demonios internos, recuerdos dolorosos y, muchas veces, una vida que ya no era la misma. Las páginas que visitaba abordaban desde terapias grupales hasta consejos sobre cómo brindar apoyo emocional. Todo le parecía relevante y valioso; tomó notas en un cuaderno que tenía a su lado, convencido de que necesitaría cada fragmento de información en su próxima conversación con Tamara. La idea era ofrecerle no solo compañía, sino también herramientas que pudiesen ayudarla a salir adelante. En uno de los artículos que leyó, un terapeuta subrayaba la importancia de la empatía y la paciencia. “La recuperación no es lineal”, decía el texto. Al leerlo, Javier sintió que el peso de la responsabilidad aumentaba. Sabía que había momentos en los que Tamara podría recaer y, como su primo, debía estar preparado para esos desafíos. Se prometió a sí mismo que no solo sería un espectador pasivo, sino un apoyo activo en este viaje tumultuoso. Mientras seguía leyendo, se encontró con historias de éxito. Personas que habían superado sus adicciones y revitalizado sus vidas. Eso le dio esperanza. ¿Podía Tamara ser uno de ellos? Se imaginó a su prima riendo, libre de las cadenas que la ataban a la droga. En su mente, proyectó una imagen de un futuro brillante, donde ambos pudieran salir a dar un paseo por el parque, como solían hacerlo antes de que todo se complicara. Esa imagen lo motivó aún más a comprometerse con el proceso de ayuda. Finalmente, llegó el momento de buscar recursos más específicos. Javier hizo una lista de centros de rehabilitación cercanos, grupos de apoyo y líneas de ayuda. Cualquier cosa que pudiera ofrecerle a Tamara. Sabía que ella había dado un paso importante en aceptar que necesitaba ayuda, y no quería que se sintiera juzgada en ningún momento. Al cerrar su ordenador, Javier sintió que había dado el primer paso hacia un nuevo camino. Comprendió que, aunque la lucha contra la adicción era ardua y profunda, no debía enfrentarse solo. A partir de ese día, se convertiría en un aliado incondicional de Tamara, dispuesto a acompañarla en cada paso, reforzando el mensaje de que siempre hay esperanza, y que nunca es tarde para cambiar. El amor podía ser el mejor tratamiento de todos, y estaba decidido a ser esa red de apoyo esencial que su prima tanto necesitaba. No estaba solo en ese proceso su amigo César, también los spoya, ahora solo tiene que pensar en como acercarse sin que su madre llame a los padres de Tamara en la ciudad. En su mente descarta el centro de rehabilitación, por miedo a que ese grupo mafioso, estén rastreando los pasos de Tamara.
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